Al despedirme caminaba sobre nubes….. ¿o volaba? Les dije: ¡Muchas gracias! ¡Feliz año!
–Feliz año señorita, que Dios la bendiga.
Qué hermoso. Pasé sin inmutarme por entre un corrillo de hombres que comían tacos de cabeza en el puesto de la esquina; siempre un grupo de hombres impone un poco, aunque….. ya tuve mucho de eso en la adolescencia. Ahora es diferente….. guardaban silencio sin moverse al ver que avanzaba hacia ellos. ¿Me permiten? –pregunté, deteniéndome un poco, sin ver a nadie en especial–. Venía envuelta en la magia del instante con los músicos ancianos y reflexionaba si una canción y lo que me hizo sentir tenían tan bajo precio. Creí pertinente regresar para pagar el resto; pero no, no iba a frustrar aquel regalo mutuo que de buen grado se dio espontáneamente. ¡Dios!, si no volaba, flotaba sobre las flores de jacaranda esparcidas por el suelo. Cuánta dignidad y sabiduría en los ancianos, qué ternura, y cuánto anacronismo de la jacaranda que sin ser primavera tiene flores. La verja de una casa humilde destacaba entre dos construcciones modernas, las paredes exteriores tapizadas de latas como macetas, exhibían el verdor de una diversidad de plantas suculentas; colgantes unas, las otras enhiestas; flores y enredaderas refrescaban el aire y daban la impresión de una gloria constante, alimentada cada día por el cariño y los cuidados de un ser especial. Una señora salió a preguntarme si algo se me ofrecía.
–No, nada, estoy admirando la belleza de su jardín. ¿Cuál es el secreto para mantener esta hermosura?
–Verá, yo me la paso sola y no tengo con quién hablar, y dicen que las matitas le contestan a una con flores cuando se platica con ellas como si fueran gente. Algunas no dan flores, sólo hojitas, pero les salen más bonitas y les duran más tiempo. ¿Le gusta alguna plantita?
–Me gustan todas, se ven hermosas así tan bien cuidadas…..
–¡Uy seño, si viera…..! sólo agüita les pongo, eso sí, todos los días, menos cuando llueve; el agua del cielo es más buena para ellas, ¡nomás viera qué bonitas se ponen…..!, ¡esto no es nada!, ¡nomás viera…..!
– Pues la felicito, es un placer pasar por aquí, siempre que lo hago me detengo a ver sus plantas.
–Sí, ya la había visto varias veces y tenía la esperanza de que alguna vez tocara el timbre para invitarla a tomar un cafecito. Sé donde trabaja porque un día me asomé ya cuando se había ido. La iba a alcanzar, pero me dio pena, ¿qué iba a pensar usted? Mire, para que vea, hasta le tengo una plantita, no es de botecito, esta sí tiene maceta, porque dije yo ¡ay!, ¿cómo le voy a regalar una matita en bote?, ¡no!, un regalo es un regalo. Aquí la tiene.
Sahara.
|