La felicidad de este día me costó muy barata. Tan sencillo, como ir por la calle después de dejar el auto en el lavado y llevar una sonrisa en el corazón sintiendo el calor de las10:00 A. M. bajo el sol. Dos ancianos tocaban, uno el violín, otro la guitarra. Al pasar les dejé cinco pesos que ellos agradecieron asombrados y me fui pensando en esa actitud. Y, ¡oh!, regresé para que no se ofendieran a pedirles que tocaran “La Flor de la Canela”. Sí hombre, si estaban en la calle, o estarían afinando sus instrumentos, o tocaban para que la gente les recompensara. Me dijeron que se habían extrañado de que les diera dinero sin pedir alguna melodía y que se sentían mejor trabajando, que recibiendo un regalo a cambio de nada.
–Ah, pues no se me ocurrió, pero sí, a esta hora de la mañana me gustaría escuchar “La Flor de la Canela”, ¿se la saben?
– Señorita, ¡qué linda es usted!, –exclamó el más chaparrito quitándose el sombrero e inclinando la cabeza.
–Ay, ¡gracias!
– Con esto nos “persinamos” compadre, y empezamos bien el día, –dijo el más alto, persignándose con la moneda.
Y me quedé escuchando la canción como quien recibe alguna gracia inesperada del cielo. Ellos sonreían….. tal vez era divertido u extraño que una mujer joven se detuviera a media calle a escuchar a dos ancianos.
¡Es tan simple…..!
Sahara.
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