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Cálculos de las vías urinarias

Un Desafío Terapéutico en Homeopatía
  
  

En
rasgos generales, tres tipos de litiasis pueden ser observadas:

1)
Litiasis Úricas: originadas en una abundante producción de ácido úrico
en el organismo, las padecen por lo general personas de hábitos alimenticios
desordenados y excesivos, a los que se medica con éxito con Sulfur, Nux Vómica,
Berberis y Solidago, o bien, personas
que padecen de diabetes y obesidad, que tienen una combustión orgánica
incompleta, que necesitan ser medicadas con Calcárea C., Lycopodium, y Coccus
Cactis.

2)
Litiasis Oxálicas: personas con antecedentes de enfermedades artríticas,
artrósicas y circulatorias, que se tratan con éxito a través del uso de Oxalic acidum, Natrum Phosphorico, Nitris acid, y Terebentina.

3)
Litiasis Alcalinas:
cálculos constituidos predominantemente por Fosfatos
Amorfos y sales de Calcio sobreagregadas, casi siempre en conexión a una o más
infecciones urinarias preexistentes.
Se encaminan fácilmente a su disolución , empleando al principio del
tratamiento Tuberculinas Diluídas, y la Hydrángea arborescens, planta ésta última
de comprobada actividad disolutiva.

Un
gran porcentaje de los cálculos de las vías urinarias, presenta en su
superficie un aspecto rugoso, irregular, y muchas veces múltiples espinas o púas
constituidas por las mismas sales cristalizadas, las que introduciéndose en el
espesor de la pared de los conductos urinarios, dificultan la movilización del
cálculo y provocan hemorragias y severísimos cólicos.

Medicamentos tales como Arenaria Rubra, Uva Ursi, Thlaspi,y Pareira Brava, en la
dinamización adecuada, mitigan el cólico y disuelven rápidamente las capas
exteriores de las litiasis, facilitando su movilización y su pronta expulsión,
prácticamente sin grandes sufrimientos.

En
aquellos pacientes que han padecido de numerosos episodios de cólicos renales y
ureterales, con reiterados ciclos de eliminación y nueva producción calculosa,
y que parecen condenados a padecerlos toda la vida, he logrado evitar la
reaparición de los padecimientos haciendo preparar una especie de Autovacuna,
elaborada a partir de sus propios cálculos expulsados con anterioridad,
diluidos según el procedimiento homeopático (isoterapia), administrándoles
una dosis de esa preparación cada 30 días por un plazo no menor de un año y
medio; sólo un pequeño porcentaje de los pacientes así tratados han
manifestado durante ese período alguna que otra crisis menor, asociadas con la
expulsión espontánea de arenillas o diminutos cálculos, sin el agregado de
padecimientos intensos.

En
los casos que presentaron molestias un poco más marcadas, dentro de este último
grupo de pacientes, una medicación antiespasmódica inyectable, favoreció sin
excepción la inmediata eliminación del material calculoso residual.

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