Adolescencia y violencia

Algunas pautas para empezar a cambiar las cosas desde nuestro hogar

Pareciera que la fuerza del ímpetu adolescente cursa por dos caminos diferentes para los varones y para las mujeres.

En las mujeres vemos un descontento con el tema del cuerpo que puede culminar, desgraciadamente, en un trastorno alimentario.

En los varones vemos violencia.

Es importante entender que la violencia de los varones de hoy en día no se debe a las hormonas, ni al famoso y resignado “Y…son varones” sino que se debe, al igual que los trastornos alimentarios en mujeres, a una situación creada socialmente :

A nuestros varones les decimos de muchas maneras, aunque no con palabras, que:

1) No deben llorar (vemos como padres avergüenzan a sus pequeños diciéndoles que son ‘mariquitas’ si lloran)

2) Deben poder desprenderse de su madres antes (y mas fácilmente) que las niñas. Estudios demuestran que a las niñas se les tolera mas ‘el ser pegotes’ de sus mamas.

3) Los varones deben ser fuertes (las mujeres son el sexo débil)

3) No deben mostrar sus sentimientos (no es de hombres)

4) No deben hablar demasiado (no es de hombres)

Nuestros varones no tienen permiso para sentir, para interactuar desde un lugar de calidez y empatía. Además tienen que responder , cada vez más, a nuevas demandas estéticas que no pueden eludir.

Todo lo anterior es un cóctel perfecto para la violencia.

Cuando esta vedada la posibilidad de expresarse o de decir lo que se siente (cuando ya ni siquiera se sabe) la violencia pasa a ser la forma de expresarse. Con ella los varones hablan de su tristeza, soledad, amargura, aislamiento, dependencia, miedo a crecer, inseguridad, anhelos.

Es hora de que nuestros hijos adolescentes tengan permiso para sentir lo mismo que sentimos las mujeres. Todos somos humanos. Dejemos de criticar a la juventud. Empecemos a ayudarlos.

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