Sexualidad tántrica, un atajo hacia la espiritualidad

La sexualidad como camino de evolución: de lo instintivo a lo trascendente

La propuesta de la sexualidad  tántrica es aprender a utilizar la poderosa energía Kundaliní (la libido o aquello que Reich denominó energía orgónica), usualmente “muerta” o “mal canalizada”, conduciéndola conscientemente  para producir una verdadera transformación  de un ser humano. Mediante la unión sexual, accedemos a la experiencia de unidad con el cosmos, Al sentirnos uno con un otro, conocemos la unidad del todo

Este instinto natural en todo ser humano, el deseo sexual, llamado Ittcha, en sánscrito, es la voluntad de atracción  hacia otro ser humano y nace, se manifiesta como deseo genital primero. 

El auténtico Yoga. es el “soporte técnico” de una forma de ser, vivir y sentir, llamada Tantra. Mediante sus técnicas, cada centro energético es activado generando canales etéricos que permiten la distribución  de esta energía  por todos los planos de nuestro ser.

El sentimiento que se experimenta, primero en uno mismo, es amor fundamental. No es un amor que dependa de la estructura egoica de quien se ama, otorga otro estado de conciencia, nos hace salir de la conciencia egoica.

Más allá de permitirnos conocer y disponer de todo nuestro potencial sexual, administra la energía nacida como deseo sexual para ser utilizada en la mejoría de la calidad de nuestras vidas, transformando emociones, pensamientos, sentimientos. produciendo una verdadera transmutación alquímica en el ser humano que la experimente.

La humanidad vive hoy una sexualidad pobre e instintiva.  La sexualidad existe más allá de los fines del placer y la reproducción, a los fines de que el ser humano tenga la posibilidad de conocer, las leyes que mantienen vivo al  universo.

Maithuna es la única posibilidad que dos seres humanos poseen para sentirse unidos, es un “atajo” para sentir la unión con la energía cósmica. Más allá de contratos o palabras estamos siempre separados.  Es injusto que la humanidad se muera sin haberlo vivido. El  Tantra se sirve de la sexualidad  o del instinto sexual para trascenderlo.

Es la llave que abre una puerta que, una vez abierta, para quien se ha asomado, hay dos posibilidades, entrar o renunciar a ser feliz. Ya no hay retorno. Cuando se ha sentido la mínima noción de que otro estado, existe, se haga lo que se haga en la vida, siempre se retornará a ello. Más allá de “ese deseo impulsivo, genital, vivido como un acto sin conciencia” hay algo:, un maravilloso universo, un camino a transitar, una vida nueva, plena, de comprensión y paz.

Podría hablarse de un sentimiento religioso para con la sexualidad, si las religiones no estuviesen hoy  también,  desvirtuadas. Hablemos pues, de una actitud devocional, una comunión de almas, en la sexualidad.  En realidad, este sentimiento nace  cuando la mente se detiene. Es que la sexualidad no es el problema, el problema es lo que la mente y la sociedad han hecho con la sexualidad…

Los estados de conciencia a los que el Tantra se propone llegar sólo se producen con un compañero tántrico estable y en la intimidad de un varón y una mujer, lo que no implica ninguna de las formas sociales del amor. Esto será un acuerdo libre entre dos compañeros que decidan juntos transitar el camino hacia la experiencia de la unión con Dios, uniéndose sexualmente.

Experimentar la circulación energética entre dos personas que en ese momento son una, es algo sublime, pero al mismo tiempo, asusta. Es fácil experimentarla, difícil sostenerla.

Desde las pequeñas primeras experiencias el tiempo desaparece y es como llegar a un remanso en que la persona siente que quiere quedarse allí.

La sexualidad tántrica es la “demostración” de amor, el homenaje, la ofrenda más elevada que podemos dar a un otro ser humano. Es sentir esa energía de la que estamos hechos, la esencia del universo  como sustento de toda experiencia cotidiana que nos acompaña, está adentro, al lado nuestro…Sexualidad y espiritualidad son energías inseparables en el Tantra ya que tomamos conciencia de la vida.

La sexualidad tántrica remueve todo rastro y toda posibilidad de una vida  insatisfecha o apartada de la felicidad. Al vivir la sexualidad como algo no instintivo y pobre, “para sacarnos las ganas”, nuestra vida se torna plena de entusiasmo, de pulsión vital. El Tantra es hoy la gran posibilidad de cambio de la humanidad…

Si nos detenemos unos instantes, luego de recorrer estas líneas, tal vez podremos sentir juntos que sólo es necesario fortalecer la capacidad de amar para permitir que los sentimientos sexuales evolucionen hacia lo sagrado o espiritual.

Sea lo que sea que esté haciendo ahora, sepa que no esta solo, la sexualidad sagrada es  el  océano magnético en el que están flotando nuestros hermanos humanos. Ahora mismo, aún mientras lee estas palabras, seguramente una sensación de ser una parte activa de la experiencia sexual universal en movimiento que es la vida misma, lo inundará.

Tal vez, si la humanidad toda pudiese experimentarlo, el mundo sería hoy, un lugar más acogedor, pacifico y humanamente amoroso,  en el cual vivir.

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