Pesebres mendocinos. Parte 2

Navidades y pesebres de Mendoza en el recuerdo.
  
  

Concurría
también, gente de la ciudad, con verdadera devoción. Este
Pesebre, era de singulares características. Dentro de una gruta formada por lonas pintadas en tonalidades de verde,
azul v marrón, estaba el tierno grupo de la Sagrada Familia.

Los Reyes Magos, pastores, ovejas, hornos hechos de barro con las
negritas "horneras", cestitas con abundante fruta de la estación,
etc.

Sobre
el pesebre un gran arco del que pendían banderines triangulares con las
siguientes inscripciones: "Alabado sea Dios", "Ha nacido Jesús",
"Gloria al Salvador", "Santa Madre", etc. Intercalados entre los banderines, ramilletes de flores multicolores. Un camino bordeado de piedras, llevaba hasta el Pesebre.

Estas piedras también tenían leyendas. En las de la derecha: "El buen abuelo", "El buen
padre", "El buen tío", "El buen compadre", etc., y en
las de la izquierda: "La buena abuela", "La buena madre",
"La buena hija", "La buena comadre", etc. Todo tenía su "contenido"; en cada una de esas inscripciones
estaba representado todo el pueblo, ofreciendo su corazón al recién nacido.

Entre
cada una de las piedras, había una plantita natural. Significaba que la "Vida" había llegado para todos con Jesús.

Voces
de niños, por turno, alegraban este Pesebre, con melodías cristianas, desde
Nochebuena hasta Reyes.

Me
enteré luego, que aún vivía una hija de la que fuera dueña de este
Nacimiento y tuve la suerte de encontrarla. La señora Juanita Sánchez de Araujo, de 78 años de edad, domiciliada
actualmente en calle Güemes 430 de Dorrego, Dto. de Guaymallén.

Solícitamente
accedió a darme más datos, y dio fe, del relato hecho por la señora de
Alvarez. Agregó que su madre, durante la celebración de la Navidad,
recibía limosnas, las que destinaba para hacer decir misas, rogando por la
salud de todo el pueblo.

En esos días
se acostumbraba a formar animalitos con la piel desecada de algunas frutas que
se prestaban para el caso, entre ellas los duraznos "pomos" que se
caracterizaban por tener una piel gruesa y aterciopelado.

-"Nadie
tenía más habilidad que mi mamita para hacer estos animalitos", me dice
doña Juanita. Me entera que por
medio de palitos muy finos y fuertes, unía la piel de la fruta que ocupaba para
este fin, y luego les daba la forma que por lo general era un "torito"
el que rellenaba con higos que a su vez estaban rellenos con nueces.

Era su gusto ponerlo sobre una mesa diciendo: -"Bueno…
voy a partir el torito. . . " Y con un cuchillito lo abría en el vientre,
apareciendo entonces la fruta con que lo había rellenado; y era su mayor
felicidad, obsequiar con ella a los visitantes del Pesebre.

Parte
1

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3