La mejor herramienta de nuestro enemigo

Cierta vez se corrió la voz que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientas al mejor postor…

En la noche de la venta, estaban todas las  herramientas dispuestas en forma que llamaran la atención, y por cierto eran un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, sensualidad, engaño… además de todos los implementos del mal.

Pero un tanto apartado del resto, había un instrumento de forma inofensiva,  muy gastado, como si hubiese sido usado muchísimas veces y cuyo precio, sin embargo, era el mas alto de todos.

Alguien le pregunto al Diablo cual era el nombre de la herramienta. “Desaliento” fue la respuesta. 

“¿Por qué su precio es tan alto?” le preguntaron. 

“Porque ese instrumento -respondió el diablo- me es mas útil que cualquier otro;  puedo entrar en la conciencia de un ser humano cuando todos  los demás me fallan, y una vez adentro, por medio del desaliento,  puedo hacer de esa persona lo que se me antoja.

Está muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas  saben que me pertenece, puedo abusar de el para lograr mis propósitos. 

Pero el precio del Desaliento era tan, pero tan alto que aun sigue  siendo propiedad del Diablo.  El desaliento es uno de los estados de animo contra el cual es indispensable fortalecerse.

Nos desalentamos con la situación económica, con nuestro trabajo, con nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el  engaño, con la mentira.- Debemos mantenernos alertas contra el desaliento.

Pero si hay un  tropezón o caída no hay que entregarse. Después de cada DIA se empieza otra vez desde un punto mas alto.

El ejemplo de Edison

Por diez años Tomás Edison intentó construir una batería de almacenaje de cargas eléctricas. Sus esfuerzos, estrangularon en gran medida sus finanzas. En Diciembre de 1914, una combustión espontánea en su estudio casi lo llevó a la ruina.

En minutos todos los compuestos empacados para discos o cintas y otras sustancias inflamables ardieron en llamas. Aunque los departamentos de bomberos vinieron de ocho pueblos circundantes, el intenso calor y la poca presión de agua provocaron que fuera inútil extinguir las llamas. Todo quedó destruido. El daño excedía a los dos millones de dólares, los edificios de cemento que se consideraban construidos a prueba de fuego, estaban asegurados apenas por la décima parte de esa cantidad.

Charles, el hijo del inventor, buscó con desesperación a sus padre, temeroso de que su espíritu resultara dañado.
Finalmente lo encontró contemplando con serenidad el fuego, su rostro resplandecía mientras reflexionaba. “Mi corazón se dolía por él”, decía Charles. “El tenía sesenta años, ya no era un joven y todo ardía en llamas”

En la mañana siguiente, Edison contempló las ruinas y exclamó:
“Hay algo valioso con el desastre. Se quemaron todos nuestros errores.
Gracias a Dios podemos comenzar de nuevo”.

Tres semanas después del incendio, Edison se las ingenió para inventar el primer fonógrafo.
Con cada nuevo día, tenemos la oportunidad de comenzar de nuevo.