Hijo mío

Hace tres meses que mi hijo decidió dejar de vivir…

Yo escribí esto para el y hoy quiero compartirlo con todos ustedes, no desperdicien cada minuto que DIOS nos da para vivir, disfrutar y saborear todo con cada uno de nuestros hijos, debemos entender que son hijos de la vida por lo tanto respetar sus decisiones, aun cuando el dolor nos ahogue, un abrazo a la distancia para quien lea mi mensaje.

PILI

Teníamos una fecha, 17 de enero, ¡llenaba nuestras vidas!; era la alegría del verano; aunque tu decisión de despedida fue con la tibieza del otoño y nos dejaste en el frío del invierno.

Somos cuatro quienes  nos cobijamos en la calidez de tus recuerdos, somos cuatro los que extrañamos y nos decimos: de haber sabido que era la última vez que te veíamos dormir, te hubiéramos guardado en nuestro corazón, de haber sabido que era última vez que te veíamos salir por la puerta, te hubiéramos despedido  con un gran abrazo y un beso y te llamaríamos para darte más, de haber sabido que era última vez que escucharíamos tu voz, hubiéramos grabado cada una de tus palabras, para poder escucharlas una y otra vez, de haber sabido que estos eran los últimos minutos que te veíamos, te hubiéramos dicho muchas veces más cuanto te queríamos y no asumiríamos que ya lo sabias.

Sin embargo aquí estamos sentados en el umbral de la vida destejiendo sueños, hilvanando recuerdos, nos ha quedado el corazón vació, los brazos tibios, los ojos secos, solo nos queda una suave melodía de tu saxo a lo lejos y una fecha vacía en el calendario de nuestras vidas. 

¡HIJO MIO ¡!!!!

¿Puedo quedarme allí sin hacer ruido,
donde estaban tus pensamientos?
Déjame estar allí, junto a las cosas dignificantes,
Claras, inmovibles y puras donde quedaron los recuerdos
De tu infancia, donde están las horas cumbres de tu vida.
Que hoy perduran en esencia y en fragancia.

Justo allí donde brotaba la catarata de ese amor que fluía generosa a la que se inclinaba para beber del cuenco de tu mano.

Déjame, quedarme allí, con esa música que avivan mis recuerdos y me llenan el alma.

No haré ruido solo llenare mi corazón de recuerdos y saboreare caramelos ácidos de nostalgia. 

¿Sabes hijo? Tengo en mi corazón un rincón abierto a los recuerdos. Siempre lo encuentro lleno de alas y arrullos como una grata plaza cubierta de palomas.

Antiguos pensamientos empedraron sus sendas, mi memoria los abriga, los acuna, los mima.

Gozando del crepúsculo, cabalga la esperanza un corcel de optimismo que trota sin fatiga, allí conservo todo lo bello, tu espera, tu niñez, tu adolescencia. Hasta allí llegan como eco leve, la música, que el sabio viento de los recuerdos agita cuando más lo siento.

¡Cuantas cosas preciosas reposan a su abrigo!

Es un rincón que siempre encuentro, abordable, claro, cuando tengo que hablar contigo.