¿Es bueno reencontrarse con los compañeros del colegio?

Los encuentros pueden ser alegres o también despertar una etapa de la vida que no ha sido la más feliz de todas. ¿Hay que acudir a la llamada de los amigos de la infancia o es mejor abstenerse y que formen parte de un recuerdo?

La decisión dependerá de lo bien que se la haya pasado durante la época pasada. Tomar la resolución es más sencillo de lo que parece.

“Quienes acudan a la cita recordarán momentos que tal vez ya estaban olvidados, pueden ser situaciones agradables o abrir viejas heridas ya que no hay que olvidar que los niños y adolescentes pueden ser muy crueles con sus pares y no todos recuerdan los años de juventud de la mejor manera.

A medida que uno crece va dejando atrás a los amigos y compañeros del pasado por una cuestión de lógica: los destinos de cada uno son personales y ya de adulto no se es aquella persona que se supo ser.

A veces, hay que ser cuidadoso con lo que se va a encontrar al pasado ya que no siempre es positivo ni fortalecedor”, argumenta el psicólogo español Luis Alberto Quintana López.

Muchas personas mantienen de mayor, el contacto con algunos de los amigos de la infancia. “El vínculo puede potenciarse a medida que pasan los años o enfriarse una vez se termina de cursar la última materia.

En esto de los grupos hay mucho de azar. He conocido a personas que han sufrido realmente la época de la escuela debido a las burlas o constantes maltratos y que lo que menos desean es volver a cruzarse con compañeros así, y otros que han sabido enriquecerse y que la amistad que comenzó en la niñez ha ido creciendo a medida que pasaron los años y que en la edad adulta siguen viéndose y siendo importantes en la vida del otro.

Hay que cerrar los ojos y recordar lo que se fue en el pasado. Rápidamente vendrá a la memoria una imagen, hay que ver cómo nos sentimos con esa emoción y actuar en consecuencia.”, afirma el profesional.

Recomendaciones:

Reencontrarse con viejos compañeros es reencontrarse con uno mismo. “Pueden existir miedos y no sentir deseos de ver a determinados compañeros.

Hay que hacer lo que realmente se siente y si interiormente apetece el reencuentro, lo adecuado es acudir a la cita y ya se sabrá si en oportunidades futuras  valdrá la pena volver a verse”, sostiene el especialista.

Para muchas personas es grato no olvidar lo que se fue de niño y adolescente. “Es una época que puede ser recordada con mucha alegría y nostalgia.

Ver a esos jóvenes ya convertidos en adultos, con sus profesiones, familias formadas e hijos puede llegar a ser muy gratificante y puede ser muy importante para potenciar la propia autoestima ya que se podrá ver como en una película, todo lo que se ha podido conseguir hasta el día de la fecha”, reconoce Quintana López.

Siempre es bueno recordar lo que uno fue, por más que ese niño ya haya quedado en el olvido.

“Para lo bueno o para lo malo, es siempre muy poderoso aunque sea por unas horas recordar quién se ha sido, ver los errores, las virtudes y sobre todo, es una buena oportunidad para pedir perdón a aquellos compañeros con los que se ha actuado de mala manera”, finaliza diciendo el psicólogo.

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