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Envidia en el trabajo

¿Cómo combatir la envidia y los celos en trabajo sin que los empleados se sientan incómodos y sin que el entorno laboral se vea perjudicado en detrimento de todos?
  
  


Es inevitable en algún momento de la vida laboral sentir una envidia, aunque sea
sana, por las habilidades de un compañero.

“Todos deseamos ocupar un lugar
privilegiado en nuestro trabajo y si estamos empleados en una empresa de
renombre que otorga posibilidades de progreso, la competencia puede ser intensa.

Los roces son inevitables, pero las asperezas pueden limarse sin que sea
demasiado tarde si se advierten con antelación y uno como jefe tiene la
suficiente sutileza y sensibilidad para impedir que estas situaciones afloren”
,
sostiene la responsable de recursos humanos de una empresa de informática, la
española Contxi Álvarez Castelar.


Un jefe presente y que se preocupa por sus
empleados es una bendición con la que
no siempre es posible contar. “El máximo responsable tiene que estar alerta
ante los conflictos que van surgiendo porque una actitud de celos puede ser
producto de un maltrato por parte de compañeros o pueden tener un trasfondo
personal.

Nadie pretende que todos los profesionales de un mismo sector que
comparten tantas horas de trabajo sean íntimos amigos, pero sí que exista entre
ellos un trato adecuado y una buena disposición para propio beneficio y para que
el grupo pueda sacar la tarea diaria adelante sin problemas”
, comenta la
española.


En el
entorno laboral
deben existir normas. “Si un colega tiene algo
atravesado que quiere comentar, lo primero que debe hacer es decírselo a la cara
a la persona afectada y no ventilar el malestar a los cuatro vientos para que el
resto de personal se entere y pueda tomar partido, en muchos casos, sin
fundamentos ni objetividad por una de las dos personas. Hay que exponer el
problema sin tapujos y del modo más claro posible”
, aconseja la
especialista.


Lo contrario a la envidia es el trabajo en equipo. “Un buen jefe es aquel que
deja en claro desde el primer momento que cada uno es valioso y fundamental en
el grupo de trabajo.

No se puede fomentar la competencia entre colegas ya que
esto sería el fracaso del proyecto empresarial
”, continúa explicando Álvarez
Castelar.


En el momento en el que el superior pretende hacer cambios o modificar
determinados aspectos del trabajo, debe ser lo más claro posible en sus
explicaciones y aclarar todas las dudas que puedan tener sus empleados.


Lo mismo
debe ocurrir cuando se efectúan las reuniones de trabajo. La claridad es
fundamental para evitar los rumores y los malos entendidos. “Nada peor que
dar por sentado algo o suponer qué es lo que puede llegar a pasar.

Estas
actitudes son tóxicas y solamente hacen que se distribuya un ambiente de duda y
miedo. Los empleados que sienten temor son muy vulnerables a desperdigar rumores
por todos lados, lo cual puede afectar seriamente o convertir en blanco de
críticas a una persona inocente
”, sugiere la profesional.


Cuando el ambiente está realmente caldeado por culpa de los celos, se pueden
organizar talleres creativos y de expresión en los que se pueda manifestar con
libertad todo aquello que se siente.

“Hoy en día está muy de moda el coaching
profesional. Una de las propuestas interesantes consiste en hacer intervenir a
un grupo de psicólogos que puedan facilitar la tarea de los empleados y desatar
de a poco los enredos que existan en el entorno laboral”,
expresa la
especialista española.  


Los encuentros fuera del trabajo consisten en aprender a conocer a los colegas
en otro ambiente diferente. “Se pueden organizar juegos, tareas artísticas que
permitan conocer un poco más a las personas que tenemos al lado.


En muchos
casos, nos caen mal determinados sujetos, pero luego, analizando en profundidad,
descubrimos que no tenemos por qué sentir resentimiento o envidia por alguien
que es una persona de bien”, rescata Álvarez.


La autocrítica también es fundamental. Nadie está libre de cometer errores o de
comportarse injustamente con un compañero. Reconocer las propias fallas es una
manera de predisponerse al dialogo y abrirse de un modo sensato para acercarse
al otro.

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