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Cuéntanos tu vida

De recorrida por el interior

O de cómo comencé a trabajar con mi primer “socio”... y a encontrarme con los primeros problemas.

Al hacer el recuento del dinero que quedó luego de pagar la mercadería , resultó que había tenido una ganancia de 70 pesos. David me preguntó que haría con el dinero, y le contesté que el lunes lo molestaría a Moishe para que me haga un giro de 20 dólares a mi casa en Polonia, y me felicitó por mi gesto.

Al día siguiente salí temprano, me fue bien pero no como el primer día. Como era domingo, trabajé hasta las 3 o 4 de la tarde y luego volví. Para sorpresa mía, la señora me tenía preparada la comida, me vino muy bien porque sólo tenía en el estómago el desayuno, de café con leche con pan, manteca y mermelada.

Se preguntarán por qué siempre con pan y no medialunas, como es clásico en todos los bares de la Argentina. Sencillamente porque así resultaba más abundante y un poco más barato.

Al otro día salí nuevamente a vender, esta vez a la zona de la Chacarita, donde había un barrio de ferroviarios, luego vuelta a casa, reponer la mercadería, y así seguí la rutina.

Más o menos al mes, me dice Moishe que un pariente de David saldría a vender a la provincia de Buenos Aires y quería que vaya con él a hacer la gira. Como él era mi consejero y orientador, le pregunté qué le parecía. Me contestó que me recomendaba hacerlo para ir conociendo el interior, en donde las perspectivas de progreso eran mayores.

Al otro día me presentaron al muchacho, Samuel, cinco años mayor que yo y que hacía tiempo que recorría la provincia. Era nacido en Buenos Aires, pero hablaba ídish.

En presencia de todos llegamos a un acuerdo que saldríamos a prueba como socios y que lo primero que haríamos al llegar al primer pueblo sería sacar la patente para mí, que salía 10 pesos y era válida por un año en toda la provincia.

Al día siguiente no salí a trabajar y me quedé preparando la mercadería, con planes de hacer lo mismo que cuando estuve en el sur: a medida que se venda, giraríamos el dinero para que nos envíen la mercadería de reposición.

Al día siguiente comenzamos el viaje. El primer pueblo era Arrecifes, llegamos en tren alrededor de las 10 de la mañana. Cuando quise ir a sacar la patente, me dijo “no hace falta, aquí conozco a todo el mundo, lo haremos en el próximo pueblo”.

Comenzamos a recorrer las calles, él en una acera y yo en la otra, haciendo las ofertas. Como yo hice la primera venta, se cruzó de vereda para ver cómo me desenvolvía. Se ve que quedó conforme porque me dijo que el seguiría trabajando en su vereda.

Me acuerdo, como si fuera hoy, que la primer venta fue un corte de tela para vestido, 2 pares de medias para hombre y una de mujer. Al salir, ya no lo vi a Samuel, así que seguí con mi tarea.

En la segunda cuadra me hicieron entrar en una casa donde había varias chicas, vendía bastante y me demoré como una hora. Al salir, me estaba esperando Samuel en la esquina, le pregunté cómo le había ido y me contestó que bien.

Le volví a insistir por el tema de la patente, y me volvió a decir que aquí no hay problema. Al hacer el resumen de las ventas (yo era el encargado de llevar la cuenta), lo había superado por mucho.

Así seguimos vendiendo, nos quedamos en total cuatro días en Arrecifes en una pensión familiar, muy limpia y bien atendida

El cuarto día por la noche nos tomamos el tren a Pergamino, donde llegamos de mañana. Luego de acomodarnos y desayunar, le dije que quería ir a sacar la patente.

Pergamino ya era una ciudad más grande y no quería tener problemas, y además todavía era temprano para salir a trabajar (ya había averiguado que la receptoría abría al público a las 7 de la mañana).

Me miró y medio envalentonado me contestó: “vos gringo, deja esto por mi cuenta, yo sé cuando vamos a sacar la patente”. Esto me cayó muy mal, tenía el presentimiento de que algo iba a pasar...

Continuará...

 

Jacobo Rendler
Colaborador

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