Cuidando nuestro dinero luego del retiro: evite los errores más frecuentes

La idea de jubilarse parece traer consigo el fin de las preocupaciones por el dinero. Pero si no tenemos cuidado, lo que nos llevó una vida de trabajo puede esfumarse como por arte de magia. ¿Cuáles son los errores más comunes?
  
  

Luego
de años de trabajar duro, la meta de la jubilación aparece como un descanso
merecido, absolutamente alejado de toda preocupación monetaria –siempre y
cuando hayamos hecho las cosas bien, claro está. Pero adoptar una actitud
demasiado relajada con nuestro dinero, aún luego de haberse retirado de la
actividad laboral, no parece algo deseable. 

Muchas
cosas pueden fallar en el camino y ¿quién sino uno mismo va a preocuparse por
su dinero? A continuación, los diez errores que más frecuentemente se cometen a
la hora de manejar un fondo de retiro. 

1.
Pensar a corto plazo. En las sociedades desarrolladas actuales, la expectativa
de vida hace que se pueda vivir 20 ó 30 años luego de jubilarse. Por eso, las
inversiones en las que cada uno confíe su dinero deben seguir creciendo durante
períodos más bien prolongados. Nunca es tarde para invertir una porción de su
dinero en inversiones con crecimiento estimado a largo plazo. Réstele 100 a su
edad y ése será el porcentaje aproximado de ese tipo de inversiones que
convendrá poseer. 

2.
Aceptar una jubilación en efectivo. Haciendo esto, le estaremos entregando
parte de nuestro dinero en bandeja al “Tío Sam”, que pierde el pelo pero no las
mañas. El Estado toma un 20 % de todo lo que sea efectivo en concepto de
impuestos, y esto aún antes de que veamos un solo centavo. Para evitar esto, se
puede pedir una transferencia directa del dinero a nuestra IRA (Individual Retirement Account o Cuenta
Individual de Jubilación). Luego, se podrá extraer dinero de esa cuenta cuando
se necesite, logrando así diferir el cobro de impuesto sobre la totalidad de la
suma. 

3. No
pensar en la inflación. La vieja y querida inflación siempre es un factor, y
nunca se jubila. Por leves que sean los ajustes de precios, siempre van a ser
significativos cuando lleguen de golpe, como un invitado no deseado a la mesa.
Para combatir los efectos inflacionarios, se dependerá fuertemente de que
nuestras inversiones crezcan a un ritmo similar o mayor. Invertir prudentemente
–y con un asesoramiento continuo– en acciones es una buena forma de atenuar los
efectos de la inflación. 

4.
No poner nuestros huevos en diferentes canastas. Para minimizar el riesgo,
conviene siempre diversificar nuestras acciones, expandir los campos de acción.
Esto es pensar desde el conservadurismo puro. Quien sea que haya hecho las
leyes de Murphy no andaba muy errado: si algo puede fallar, tarde o temprano
falla, y no queremos que nuestro dinero desaparezca en el camino. En nuestras
inversiones, podemos combinar acciones, bonos y fondos de inversión. Mejor aún
si alguno de éstos pertenecen a una misma “familia” de inversiones, pues así se
facilita la transferencia de dinero de una inversión a otra según la diversidad
que se quiera alcanzar. 

5.
Darse demasiados gustos demasiado pronto. Algunos jubilados –sobre todo los que
recién dejaron de trabajar y se encuentran con interesantes sumas de dinero en
sus manos–  emprenden alocados raides de
consumo, de los que por supuesto se arrepienten al poco tiempo. El consejo en este
caso puede sonar duro, pero es para tener muy en cuenta: demore el retiro de
dinero de su cuenta lo más que pueda. Esto hará que sus fondos duren más y,
nuevamente, que la deducción de impuestos se demore. 

6.
Empezar a gozar de la seguridad social antes de lo estipulado. Según
estadísticas recientes, dos tercios de los jubilados optan por tomar los
beneficios reducidos de la seguridad social antes de cumplir 65 años. Lo que
quizás no sepan es que si hubieran esperado a los 65 en vez de, por ejemplo, los
62, les correspondería un 20% más por año.  

7. Confiar
en Medicare para los cuidados médicos a largo plazo. La cobertura de hogares
para ancianos de Medicare se limita a 150 días, y les corresponde pagarla sólo
si el paciente es derivado allí luego de una estadía en un hospital. Para no
cometer errores innecesarios en un tema tan delicado como el de la salud,
conviene evaluar la historia médica familiar, los costos tanto de las
instituciones especializadas en el tratamiento de personas mayores de su zona, como
de una atención médica particular. Sólo así se podrá saber con certeza si
conviene contratar un servicio médico privado. 

8.
No tener en cuenta los impuestos. Al jubilarse y ver todo desde una óptica más
relajada, se suele pensar que además de la carga diaria del trabajo nos
libramos de otras cosas. Pues bien, en el caso de los impuestos no es para nada
así. Para cada cosa hay un impuesto, ya sea que estemos en actividad laboral o
jubilados. Para evitar que la mochila impositiva se convierta en demasiado pesada,
se puede buscar asesoramiento que nos conduzca hacia inversiones que tengan
menor carga impositiva, como por ejemplo ciertos fondos de bonos municipales. 

9. No
preocuparnos por planificar el legado de nuestros bienes. Probablemente con un
simple testamento no sea suficiente para cubrir todos los aspectos de nuestra
herencia. No está de más confiar en los seguros de vida, muchos de los cuales
contemplan la transferencia automática de activos a los herederos mediante
cuotas anuales. Las inversiones en fondos dedicados a la beneficencia también
pueden hacer que la carga impositiva sea menor en el momento de concretarse la
herencia. 

10.
No seguir de cerca nuestras inversiones. Esto es tan poco saludable como
espaciar nuestros chequeos médicos. Conocer al detalle nuestro estado
financiero es vital, para asegurarnos de que nuestra cartera de acciones
funciona de la manera que queremos, que está balanceada y diversificada. Cuanto
más seguido chequeemos el estado de nuestras cuentas, más problemas nos ahorraremos
a futuro.