Consejos para contar historias

Una simple reunión puede ser un ámbito ideal para contar sus mejores anécdotas. Sin embargo, sin importar cuan buenos sean estos, será fundamental que se lo haga de una manera adecuada y atractiva.
  
  


En primer lugar, antes de elegir la historia que elegirá contar, será muy
importante que escuche a su audiencia. Evaluando sus gustos, aversiones y/o
tolerancias, podrá saber que narración será la que mejor les caerá.

Por otra
parte, las historias nunca deben ser narradas exactamente de la misma manera en
que lo fueron en el pasado, puesto que cada público posee características
distintivas, que hace que se preste más atención a determinados aspectos de la
narración. Por eso, trate de escuchar primero lo que ellos cuentan, y fíjese que
les atrae más. Allí encontrara todas las pistas para lograr el estilo preciso.


En segundo término, no debería estar pendiente del tiempo, aunque esto no
significa que se pueda tomar todo el día. Al igual que en una cena fina, nunca
se debe apresurar frente a los demás.

Detenerse brevemente para evaluar sus
conclusiones y pensamientos, o crear una sensación de intriga en la platea, son
aspectos que pueden impresionar muy bien a toda la audiencia.

Sin embargo,
asegúrese (también, con su escucha) de usar estas herramientas de una manera
correcta. El silencio y las pausas prolongadas pueden también hacer que la gente
se fastidie, o piense que usted ha acabado antes de que efectivamente lo haga.


Para los más tímidos, no sería mala idea practicar frente al espejo la narración
de la historia, antes de contarla en público. Esto hará que usted la conozca muy
profundamente, y sienta mayor seguridad para contarla frente a otros. También
sería bueno que empiecen con auditorios más reducidos y familiares, antes de
enfrentarse a un público más amplio.


Por su parte, tanto la velocidad como el tono deben variar lo más posible, para
darle a su narración un dinamismo apropiado. Trate de evitar los tonos
monocordes, y cerciórese de que su historia no parezca recitada de memoria. Si
otra gente intenta participar de su historia, déle lugar, e intente interactuar
con ella.

Usted no está dando una lección, sólo está tratando de que todos los
demás se diviertan. Cuando atraviese las partes más emocionantes, acelere el
ritmo para reflejar la acción. Estos cambios harán que su audiencia mantenga más
la atención, y por más tiempo.


Intente siempre desarrollar una "voz propia", estudiando a los otros narradores.
En estos casos, tal vez deba dejar de lado su voz habitual, para poder enganchar
a la platea.

Es cierto que a mucha gente le cuesta tomar una actitud distinta,
sobre todo en público, pero piense que nadie le reprochará el hecho de intentar
divertirlo. Por otra parte, es muy probable que si usted confía en la
efectividad de la historia, no tenga mayores problemas en asumir el carácter
específico de cada uno de los protagonistas de ella.

Muchos antropólogos
especulan con que la narración oral pudo haber sido la razón por la cual los
seres humanos empezaron a hablar, así que no sería malo que usted también
aprenda de ella, especialmente oyendo a los demás narradores.


Esto último, es decir aprender de los demás, puede ser una de las mejores
maneras de saber como efectuar una narración oral.

¿Quiénes son sus locutores
preferidos, y porqué ellos han ganado su atención? ¿Qué técnicas, tácticas, y
aspectos más les admira? ¿Cree que podría imitarlos, aunque sea en solo alguno
de estos aspectos? No hay reglas estrictas para estos estilos, por lo que
cualquier modelo que elija para imitar, será apropiado.


Trate siempre de innovar en cada narración. Utilice lo más posible su
imaginación para crear nuevas partes en el relato, y hacer de cada chiste o
historia, uno diferente. En otras palabras, se trata de estar lo más alejado
posible del texto literal, y de la historia tal como la contó la última vez.


Escuchar una historia leída, no es asistir a una narración, sino a un discurso,
que raramente tendrán emoción, intimidad, y eficacia. Cada vez que cuente un
mismo chiste o historia, intente aprender más sobre sus particularidades, es
decir cuales partes funcionan mejor que otras.

Al final, agradezca siempre a su
audiencia. No será usted quien evaluará su desempeño, sino los demás, mediante
el silencio (o risas, en caso de chiste) durante el relato, o el ruido (aplausos
o risas) al final del mismo.


Finalmente, disfrute siempre del acto de narrar. Recuerde, usted no está dando
las lecciones que solía recitar en su época de estudiante, ni a nadie le
interesa evaluarlo especialmente. Una persona que disfruta contando sus chistes,
historias, o anécdotas, es una persona que puede hacer disfrutar más también a
los demás.