Ayer 23 de junio, Simón, nuestro gato siamés de dos años, murió.
Vivimos en un piso 14 y una ventana abierta sirvió para que su curiosidad lo llevara a la muerte.
Por lo general, todas las ventanas de nuestro hogar permanecían cerradas, porque sabíamos que siempre buscaba las ventanas para cazar pajaritos y palomas que pasan volando frente a nuestra ventana.Pero ayer, un pequeño descuido nos arrebató a una mascota que se ganó, por su personalidad única un lugar en nuestros corazones.
Debo confesar que nunca me gustaron los gatos, pero me casé con una mujer que los adora, y por ello yo mismo llevé a Simón a nuestra casa, buscando complacerla.
A Simón lo encontré en la calle, abandonado, muerto de hambre.Y siendo un gato fino, no entendí como la persona que lo abandonó,pudo hacerlo.Pero lo adoptamos y desde entonces Simón fue el gato más feliz que he conocido en mi vida.
Pronto desarrolló cuerpo gracias a la buena alimentación. En pocas semanas, Simón ya no era más aquel gato flaco y pequeño, sino un hermoso felino, que desarrolló una personalidad única.
Se creía el dueño de la casa,participaba en todas nuestras cosas,incluso en fiestas, donde como un gran anfitrión, paseaba entre la gente y les demostraba cariño dando vueltas alrededor de sus pies. Dormía donde quería y jugaba con todo. Pedía la comida que más le gustaba (los enlatados de pavo e hígado eran sus favoritos). Aprendió a recoger pequeños objetos que le lanzábamos para jugar y traerlos de vuelta, llegando en ocasiones a traérmelos cuando tenía ganas de jugar, aunque yo no se lo hubiese lanzado, pues los guardaba en lugares que le permitieran buscarlos cuando tenía ganas de jugar.Nunca arañó los muebles,pues le enseñamos donde debía afilar sus uñas y nunca quebró ningún objeto o adorno, a pesar de que trepaba por todas partes.
Al despertarnos, Simón ronroneaba y daba vueltas por nuestros pies, demostrándonos su cariño. Al llegar de la oficina, Simón nos esperaba en la puerta y en las noches veía televisión con nosotros, cosa que interrumpía en ocasiones para ir a buscar un objeto para que se lo lanzaramos y volver a jugar.
Pero ayer nos dejó. Todavía lo rescaté con vida, pero murió dos minutos antes de llegar al veterinario.Hoy resulta difícil ver sus cosas que todavía no hemos recogido totalmente, ni mucho menos hemos podido dejar de imaginarlo en cada rincón de la casa, pues era parte de nuestras vidas.
Mi hijo de 17 años está desconsolado, mi esposa tiene una tristeza muy profunda que evita mostrar delante de mi, pero sus ojos enrojecidos no pueden ocultar el dolor que siente y que manifiesta cuando yo no estoy cerca. Yo por mi parte, no he hecho otra cosa que llorar cada vez que lo recuerdo.
Yo no sé si un animal tan especial como lo fue Simón,pueda ser reemplazado, pero he pensado que tal vez traer otro animal a casa podría ayudarnos a superar este dolor, pero creo que necesitamos distraernos en algo, porque realmente Simón, nuestro gato, dejó de ser una mascota para convertirse en un miembro más de la familia, Verlo morir fue una experiencia amarga, pues nunca me imaginé que un animalito tan vivaz podría convertirse en un muñeco de trapo.
Lo recordaremos siempre, estoy seguro. Tal vez si tenemos otra mascota, nunca superará en nuestros corazones a Simón.
Pero si decidimos adoptar a otra mascota, trataremos de hacerlo tan feliz como lo fue Simón,y desde ya, tener siempre presente, que el menor descuido puede arrebatarnos a nuestra mascota y hacernos sufrir como lo estamos haciendo ahora.
Lo que nunca pude imaginar es que yo, que nunca había tenido una mascota y que nunca gusté de los gatos, iba a ser la persona que más iba a sufrir por su perdida.
|