Felicito al que elaboró este informe. Hace unos años perdí literalmente a Boby. Salió una tarde y no volvió. Fue muy duro,no saber que pasó con él. La culpa por haberlo dejado salir solo, siempre volvía. Tuvieron que pasar muchos años para poder recordarlo sin dolor. Lo buscamos por todos lados. Aún después de traer otra perrita a casa, el dolor por la pérdida seguía. Esto me hizo pensar mucho en lo que deberían sentir los padres de desaparecidos. No quiero comparar, eso es mucho más desgarrador. Sólo quiero decir, que a veces vivimos experiencias con los animales que nos hacen reflexionar acerca de la vida. A través de ellos podemos ver la vida en su totalidad: nacer, crecer, enfermar, envejecer, morir. Gracias por dejarme expresar lo que sentía.
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