Pliega tus alas conmigo dentro. Presiento que me sientes al borde de la piel y me la rizas. Vuélveme escama de fuego, brasa de aire perturbado, arrebol de tus labios.
Anido en ti, desnuda de historias temblorosas. Ceñida como la oruga que habita su crisálida, dejo que me mires desde los ojos inmortales que inventé en un cuento de tulipanes amarillos….. que no eran míos.
Heme aquí, fuera del tiempo, sin tiempo, o más allá de él. Me entrego. Tómame, y calma en el perfil de las pestañas la sed de tantos siglos. El vientre te mira con su juego de versos, de fuegos y de cielos. Abierto, descarnado y vacío, virgen para tus manos y tu boca, que se reclina y besa en él, a todas las princesas que te negó la historia. Te hundes para secarme toda, y toda vestirme de pasado. Así ha sido dispuesto, así se cumple.
Renaces mientras muero vulnerada en el último espasmo de tu aliento. Tu cuerpo junto al mío, me va sorbiendo el alma. Este tiempo de estrellas suspendido entre alfileres y burbujas de Champaña, fue un color, un suspiro, un viento. Fue lluvia sobre los cactus del desierto, que borró la memoria. Y en el silencio que precede a la derrota, ya nada resta, salvo el latido de tu cuerpo de dragón satisfecho….. y las cenizas.
Sahara.
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