De Francho1220 (Perú)
Para un hijo la hermana es virgen y la madre es santa. Eso trae a mi memoria la experiencia con una chica que conocí en el interior de mi país. Existe la creencia de ser son más recatadas que de las grandes ciudades. Según comentario de ella, el día que me conoció se excitó tanto que mojó su ropa interior. En cambio a ese momento no le dí importancia, no me atraía nada. Después de mucho tiempo, nos volvimos a ver en un salón de baile. Ahí, envalentonada por el alcohol me beso. Y yo que hacía tiempo no agarraba una mujer me dejé llevar por la pasión.
Y no paramos hasta llegar a su cuarto, dando rienda suelta a nuestra sexualidad.
Mientras hacíamos el coito, la veía disfrutar con frenesí, pero sin llegar al orgasmo. No tengo eyaculación precoz, así que largo rato sobe su vagina y golpié su utero con mi miembro viril; hasta eyacular copiosamente. No me había masturbado anteriormente, estaba recontra aguantado, sentía que el semen salía espeso, haciendome sentir un doble orgasmo. fue sensacional. En cambio, la ví a ella sintir asco y antes que termine me pidió retirarme, lo cual me fastidió e incomodó. Estiró su brazo para alcanzar el papel higiénico que estaba en su velador. Y comenzó a limpiarse. Luego se levantó y se fue a duchar. Todo esa actitud me pareció premeditado. Bueno, le reste importancia porque estaba satisfecho. Al día siguiente la quise coger denuevo y se negó, argumentando que se iba a trabajar. Y nos despedimos.
Yo laboraba en otra ciudad. Un día menos pensado, por la tarde, apareció en mi oficina. Me dijo que estaba hospedada en un hotel y me esperaba. Me sorprendes, haré todo lo posible de ir pronto, dije. Para mi mala suerte me desocupé a las 10:00 pm. Me había esperado cinco horas, estaba molestísima pero se alegró al verme. Nos duchamos y al pasar a la cama, me pidió echarme boca arriba. Estando ya con el pene erecto, lo introdujo en su vagina de cuclillas y me midió. Y con emoción me dijo: no entra todo. No te preocupes ya te acostumbrarás, repliqué. ¿Te gusta?, pregunté. Muchísimo, contestó. Ese día volqué toda mi experiencia amatoria hasta dejarla sin aliento. Después me enteré que era toda una deboradora de varones. Su sobrenombre era carretera: todos pasan por ella. Sin embargo véla, vendía una imagen de chica buena. No podía dormir sin comerse un pene como si fuese su ansiolítico, sedante y somnífero. Y digo esto por conocimento de causa, no supongo para indisponerla.
Me contaron, no hace mucho, que todavía indagaba por mi paradero.
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