¡Qué alegríaaaa! Ayer muy noche lo leí, y me quedé como idiota de emoción, pero preocupada por eso de la santa muerte, que ni me dan ganas de escribirlo en mayúsculas.
Fíjese que aquí cerca, hay un mercado donde venden de todo. Me sorprendí cuando vi una estatua de la muerte vestida con hábito de fraile, en una tiendita donde venden esencias aromáticas, velas incienso y cosas raras. Me quedé como lela viendo ese espantajo, y yo no sé qué cara tendría porque me dijeron las personas que estaban afuera que no fuera tan obvia porque se podrían molestar los adeptos. Luego en la T.V. vi un reportaje, pero no le di importancia, aunque me quedó la curiosidad.
Aparte de esa muerte rara, usted, Kari y Fernanda, me pusieron a alucinar con esas muertes pequeñas de los sueños, de los besos, de los vuelos, de los “irse” a otro lado donde el cielo se ve, del desierto que antes era mar y de las estrellas que ahí vivían y que ahora se van como arena entre los dedos, sus dedos ¿Cómo no quiere que alucine? También algunos cáctus del desierto, sus espinas, parecen como estrellas encajadas.
Usted es poeta señor, porque me dice de ternuras que piden ternuras, brillos que piden brillos y tulipanes que piden tulipanes….. pues soy una pediche que puede alimentarse de poesía, de palabras ¿sabe que las palabras me poseen?, ¿Qué son unas engreídas conmigo? UN BESO.
Tulipán Amarillo.
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