EN OTRAS PALABRAS, ESTO ES LA FE. QUE TODOS TENGAN UN HERMOSO DÍA.
A veces, en medio de una batalla que parece interminable, el guerrero tiene una idea y consigue vencer en pocos segundos.
Entonces piensa: “¿Por qué sufrí tanto tiempo en un combate que ya podía haber sido resuelto con la mitad de la energía que gasté?”
En verdad, cualquier problema, una vez ya resuelto, parece simple. La gran victoria que hoy parece fácil fue el resultado de pequeñas victorias que pasaron desapercibidas.
Entonces el guerrero entiende lo que sucedió y duerme tranquilo. En vez de culparse por haber tardado tanto tiempo en llegar, se alegra por saber que terminó llegando.
Existen dos tipos de oración.
El primero es aquel en el que se pide que determinadas cosas sucedan, intentando decir a Dios lo que debe hacer. No se concede ni tiempo ni espacio para que el Creador actúe. Dios – que sabe muy bien lo que es mejor para cada uno – continuará actuando como le convenga. Y el que reza queda con la sensación de no haber sido escuchado.
El segundo tipo de rezo es aquel en que, incluso sin comprender los caminos del Altísimo, el hombre deja que se cumplan en su vida los designios del Creador. Pide que se le evite el sufrimiento, pide alegría para el Buen Combate, pero no olvida decir a cada momento “Hágase Tu voluntad”.
El guerrero de la luz reza de esta segunda manera.
El guerrero sabe que las palabras más importantes en todas las lenguas son palabras pequeñas.
Sí. Amor. Dios.
Son palabras que salen con facilidad y llenan gigantescos espacios vacíos.
Sin embargo, existe una palabra – también muy pequeña – que mucha gente tiene dificultad en decir: no.
Quien jamás dice “no” se juzga generoso, comprensivo, educado; porque el “no” tiene fama de maldito, egoísta, poco espiritual.
El guerrero no cae en esta trampa. Hay momentos en los que, al decir “sí” a los otros, él puede estar diciendo “no” para sí mismo.
Por eso, jamás dice un sí con los labios si su corazón está diciendo no.
Primero: Dios es sacrificio. Sufre en esta vida, serás feliz en la próxima.
Segundo: quien se divierte es infantil. Vive bajo tensión.
Tercero: los otros saben más lo que nos conviene, porque tienen más experiencia.
Cuarto: nuestra obligación es satisfacer a los demás. Es preciso agradarles, aun cuando esto signifique hacer renuncias importantes.
Quinto: es preciso no beber de la copa de la felicidad; podría gustarnos demasiado, y no siempre la tendremos a nuestro alcance.
Sexto: es preciso aceptar todos los castigos. Somos culpables.
Séptimo: el miedo es una señal de alerta. No hemos de correr riesgos.
Éstos son los mandamientos que ningún guerrero de la luz puede obedecer.
Un grupo muy grande de personas está en medio de la carretera, impidiendo cruzar el camino que lleva al Paraíso.
El puritano pregunta:
- ¿Por qué los pecadores?
Y el moralista clama:
- ¡La prostituta quiere tomar parte en el banquete!
Grita el guardián de los valores sociales:
- ¡Cómo perdonar a la mujer adúltera, si ella pecó!
El penitente rasga sus ropas:
- ¿Por qué curar a un ciego que sólo piensa en su enfermedad y ni siquiera lo agradece?
Se subleva el asceta:
- ¿Cómo dejas que la mujer derrame en tus cabellos una esencia tan cara? ¿Por qué no venderla y comprar comida?
Sonriendo, Jesús aguanta la puerta abierta. Y los guerreros de la luz entran, independientemente de la gritería histérica.
Sahara.
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