UN ABRAZO FUERTE A CADA UNO, Y EL DESEO DE QUE PROVOQUEN EN SU DÍA DE HOY, LA CIRCUNSTANCIA FAVORABLE A SUS FINES.
“No hagas tempestades en un vaso de agua...”, advierte alguien al guerrero de la luz.
Pero él nunca exagera un momento difícil y procura mantener siempre la calma necesaria.
Sin embargo, no juega con el dolor ajeno.
Un pequeño detalle, que en nada lo afecta, puede servir de estopín para la tormenta que se preparaba en el alma de su hermano. El guerrero respeta el sufrimiento del prójimo, y no intenta compararlo con el suyo.
La copa de sufrimientos no es del mismo tamaño para todo el mundo.
“La primera cualidad del camino espiritual es el coraje”, decía Gandhi.
El mundo parece amenazador y peligroso para los cobardes. Éstos buscan la falsa seguridad de una vida sin grandes desafíos, se arman hasta los dientes para defender aquello que creen poseer. Los cobardes terminan construyendo los barrotes de su propia prisión.
El guerrero de la luz proyecta su pensamiento más allá del horizonte. Sabe que si no hace nada por el mundo, nadie más lo hará.
Entonces, participa en el Buen Combate y ayuda a los otros, incluso sin entender bien por qué lo hace.
El guerrero de la luz lee con atención un texto que el Alma del Mundo envió a Chico Xavier:
“Cuando consigas superar graves problemas de relación, no te detengas en el recuerdo de los momentos difíciles, sino en la alegría de haber atravesado una prueba más en tu vida. Cuando acabes un largo tratamiento de salud, no pienses en el sufrimiento que fue necesario afrontar, sino en la bendición de Dios que permitió tu cura.
“Conserva en tu memoria durante el resto de tus días las cosas buenas que surgieron de las dificultades. Ellas serán una prueba más de tu capacidad, y te infundirán confianza ante cualquier obstáculo”.
El guerrero de la luz se concentra en los pequeños milagros de la vida diaria.
Si es capaz de ver lo bello, es porque trae la belleza dentro de sí, ya que el mundo es un espejo y devuelve a cada hombre el reflejo de su propio rostro. Aun conociendo sus defectos y limitaciones, el guerrero hace lo posible por mantener el buen humor en los momentos de crisis.
Al fin y al cabo, el mundo se está esforzando en ayudarlo, aun cuando todo a su alrededor parezca decir lo contrario.
Existe una basura emocional: es producida en las usinas del pensamiento. Son dolores que ya pasaron y ahora ya no tienen ninguna utilidad. Son precauciones que fueron importantes en el pasado, pero de nada sirven en el presente.
El guerrero también posee sus recuerdos, pero consigue separar lo que es útil de lo innecesario; él se desprende de su basura emocional.
Dice un compañero: “Pero esto forma parte de mi historia. ¿Por qué debo abandonar sentimientos que han marcado mi existencia?”
El guerrero sonríe, pero no intenta sentir cosas que ya no siente ahora. Él está cambiando, y quiere que sus sentimientos lo acompañen.
Dice el maestro al guerrero, cuando lo ve deprimido:
“Tú no eres lo que aparentas en los momentos de tristeza. Eres mucho más que eso.
“Mientras que muchos partieron (por razones que nunca llegaremos a comprender), tú continúas aquí.
“¿Por qué Dios se llevó a personas tan increíbles y te dejó a ti?
“En ese momento, millones de personas ya desistieron. No se quejan, no lloran, ya no hacen nada; se limitan a dejar pasar el tiempo, porque perdieron su capacidad de reacción.
“Tú, en cambio, estás triste. Esto prueba que tu alma continúa viva”.
Sahara.
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