BUEN DÍA A TODOS. UN ABRAZO CON CARIÑO.
Un guerrero de la luz no tiene “certezas” sino un camino a seguir, al cual procura adaptarse de acuerdo con el tiempo.
Lucha en el verano con equipamientos y técnicas diferentes a los de la lucha en invierno. Siendo flexible, ya no juzga al mundo desde el punto de vista de “acertado” o “equivocado”, sino sobre la base de la actitud más apropiada para aquel momento.
Sabe que sus compañeros también tienen que adaptarse, y no se sorprende cuando cambian de actitud. Da a cada uno el tiempo necesario para justificar sus acciones.
Pero es implacable con la traición.
Un guerrero se sienta alrededor de la hoguera con sus amigos.
Pasan horas acusándose mutuamente, pero terminan por la noche durmiendo en la misma tienda y olvidando las ofensas que se dirigieron. De vez en cuando aparece un recién llegado al grupo. Porque aún no tiene una historia en común, muestra solamente sus cualidades, y algunos lo consideran un maestro.
Pero el guerrero de la luz jamás lo compara con sus viejos compañeros de batalla. El extranjero es bienvenido, pero sólo confiará en él cuando sepa también sus defectos.
Un guerrero de la luz no entra en una batalla sin conocer los límites de su aliado.
El guerrero de la luz conoce una vieja expresión popular: “Si el arrepentimiento matase...”
Y sabe que el arrepentimiento mata; va lentamente corroyendo el alma a quien hizo algo mal, y lleva a la autodestrucción.
El guerrero no quiere morir de esta manera. Cuando actúa con perversidad o maldad – porque es un hombre lleno de defectos – no se avergüenza de pedir perdón.
Si aún es posible, usa sus esfuerzos para reparar el mal que hizo. Si la persona que lo recibió ya está muerta, él hace el bien a un extraño y dedica esa acción al alma de su víctima.
Un guerrero de la luz no se arrepiente, porque el arrepentimiento mata. Él se humilla e intenta reparar el mal que causó.
Todos los guerreros de la luz ya oyeron a su madre decir: “Mi hijo hizo esto porque perdió la cabeza, pero en el fondo es una persona muy buena”.
Aun cuando respete a su madre, él sabe que no es así. No está siempre culpándose de sus actos imprudentes, pero tampoco vive perdonándose todos sus desaciertos, pues de esta manera jamás corregiría el camino.
Él usa el sentido común para juzgar el resultado de sus actos, y no las intenciones que tuvo al realizarlos. Asume todas sus acciones, aun cuando deba pagar un alto precio por su error.
Dice un viejo proverbio árabe: “Dios juzga al árbol por sus frutos, y no por sus raíces”.
Antes de tomar una decisión importante – declarar una guerra, mudarse con sus compañeros a otra llanura, escoger un campo para sembrar - , el guerrero se pregunta a sí mismo: “¿Cómo afectará esto a la quinta generación de mis descendientes?”
Un guerrero sabe que los actos de cada persona tienen consecuencias que se prolongan durante mucho tiempo, y necesita saber qué mundo está dejando para su quinta generación.
Sahara.
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