El guerrero de la luz aprendió que Dios usa la soledad para enseñar la convivencia.
Usa la rabia para mostrar el infinito valor de la paz. Usa el tedio para resaltar la importancia de la aventura y del abandono.
Dios usa el silencio para enseñar sobre la responsabilidad de las palabras. Usa el cansancio para que se pueda comprender el valor del despertar. Usa la enfermedad para resaltar la bendición de la salud.
Dios usa el fuego para enseñar sobre el agua. Usa la tierra para que se comprenda el valor del aire. Usa la muerte para mostrar la importancia de la vida.
El guerrero da luz antes de que se la pidan.
Cuando ven esto, algunos compañeros comentan: “Quien necesita algo lo pide”.
Pero el guerrero sabe que existe mucha gente que no consigue – simplemente no consigue – pedir ayuda. A su lado existen personas cuyo corazón está tan frágil que comienzan a vivir amores enfermizos; tienen hambre de afecto, y vergüenza de demostrarlo.
El guerrero las reúne alrededor de la hoguera, cuenta historias, reparte su alimento, se embriaga junto con ellas. Al día siguiente, todos se sienten mejor.
Aquellos que miran la miseria con indiferencia son los más miserables.
Las cuerdas que están siempre tensas terminan desafinando.
Los guerreros que están en continuo entrenamiento pierden espontaneidad en la lucha. Los caballos que siempre saltan obstáculos terminan rompiéndose una pata. Los arcos que son curvados todos los días ya no tiran sus flechas con la misma fuerza.
Por eso, aunque no esté con ganas, el guerrero de la luz procura divertirse con las pequeñas cosas cotidianas.
El guerrero de la luz escucha a Lao Tzu cuando dice que debemos olvidar la idea de días y horas para prestar cada vez más atención al minuto.
Sólo así él consigue resolver ciertos problemas antes de que aparezcan; prestando atención a las pequeñas cosas, consigue evitar grandes calamidades.
Pero pensar en las pequeñas cosas no significa pensar en pequeño. Una preocupación exagerada termina eliminando cualquier rastro de alegría de la vida.
El guerrero sabe que un gran sueño está compuesto por muchas cosas diferentes, así como la luz del sol es la suma de sus millones de rayos.
Hay momentos en los que el camino del guerrero pasa por períodos de rutina.
Entonces él aplica una enseñanza de Nachman de Bratzlav: “Si no consigues meditar, debes repetir apenas una simple palabra, porque esto hace bien al alma. No digas nada más, apenas repite esa palabra sin parar incontables veces. Ella terminará perdiendo su sentido y después adquirirá un significado nuevo. Dios abrirá las puertas, y tú terminarás usando esa simple palabra para decir todo lo que querías”.
Cuando se ver forzado a repetir la misma tarea varias veces, el guerrero utiliza esa táctica, y transforma su trabajo en oración.
Sahara.
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