LO SIENTO LUZAZA, ME PROMETÍ MANDAR EL GUERRERO DE LA LUZ HASTA QUE SE TERMINE EL LIBRO.
> Por: SAHARA*
> 15:08 Hs, Lunes, 12 de Junio 2006
BUENOS DÍAS A TODOS. Cuando se quiere algo, el Universo entero conspira en su favor. El guerrero de la luz lo sabe. Por esta razón cuida mucho sus pensamientos. Escondidos bajo una serie de buenas intenciones existen sentimientos que nadie osa confesarse a sí mismo: venganza, autodestrucción, culpa o miedo de la victoria, la alegría macabra ante la tragedia de otros. El Universo no juzga: conspira a favor de lo que deseamos. Por eso, el guerrero tiene el valor de mirar hasta las sombras de su alma y ver si no está pidiendo nada nocivo para sí mismo. Y tiene siempre mucho cuidado de lo que piensa. Jesús decía: “Que tu sí sea un sí y que tu no sea un no”. Cuando el guerrero asume una responsabilidad, mantiene su palabra. Los que prometen y no cumplen, pierden el respeto hacia sí mismos, se avergüenzan de sus actos. La vida de estas personas consiste en huir; ellas gastan mucha más energía dando una serie de disculpas para deshonrar lo que dijeron, que la que usa el guerrero de la luz para mantener sus compromisos. A veces él también asume una responsabilidad tonta, que derivará en su perjuicio. No volverá a repetir esa actitud, pero, aun así, cumple con honor lo que dijo y paga el precio de su impulsividad. Cuando gana una batalla, el guerrero la conmemora. Esta victoria costó momentos difíciles, noches de dudas, interminables días de espera. Desde los tiempos antiguos, celebrar un triunfo forma parte del propio ritual de la vida: la conmemoración es un rito del pasaje. Los compañeros ven la alegría del guerrero de la luz y piensan: “¿Por qué hace esto? Puede llevarse una decepción en su próximo combate. Puede atraer la furia del enemigo”. Pero el guerrero sabe el motivo de su gesto. Él se beneficia del mejor regalo que la victoria puede aportarle: la confianza. Celebra hoy su victoria de ayer para tener más fuerzas en la batalla de mañana. Un día, sin ningún aviso previo, el guerrero descubre que lucha sin el mismo entusiasmo que antes. Continúa haciendo todo lo que hacía, pero cada gesto parece haber perdido su sentido. En este momento, él sólo tiene una elección: continuar practicando el Buen Combate. Hace sus oraciones por obligación, o por miedo, o por cualquier otro motivo, pero no interrumpe su camino. Sabe que el ángel de aquel que lo inspira está dando un paseo. El guerrero mantiene la atención concentrada en su lucha e insiste, aun cuando todo parece inútil. Al poco tiempo el ángel regresa, y el simple rumor de sus alas le devolverá la alegría. Un guerrero de la luz comparte con los otros lo que sabe del camino. Quien ayuda, siempre es ayudado, y tiene que enseñar lo que aprendió. Por eso, él se sienta alrededor de la hoguera y cuenta cómo fue su día de lucha. Un amigo le susurra: “¿Por qué revelas tan abiertamente tu estrategia? ¿No ves que actuando así corres el riesgo de tener que compartir tus conquistas con otros?” El guerrero se limita a sonreír, sin responder. Sabe que si llegara al final de la jornada a un paraíso vacío, su lucha no habría valido la pena. Sahara.



Cerrar ventana


anterior


 siguiente