¡BUEN DÍA A TODOS! QUE SU SEMANA SEA DE LO MEJOR.
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Entonces lo repito:
Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada. Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforja ni sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan acertadamente.
Los guerreros de la luz sufren por tonterías, se preocupan por cosas mezquinas, se juzgan incapaces de crecer. Los guerreros de la luz de ven en cuanto se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.
Los guerreros de la luz con frecuencia se preguntan qué están haciendo aquí. Muchas veces piensan que su vida no tiene sentido.
Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque preguntan. Porque continúan buscando un sentido. Y terminan encontrándolo.
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El guerrero de la luz está ahora despertando de su sueño.
Piensa: “No sé luchar con esta luz, que me hace crecer”. La luz, sin embargo, no desaparece.
El guerrero piensa: “Necesitaré hacer cambios, pero me falta voluntad para ello”.
La luz continúa, porque la voluntad es una palabra llena de trucos.
Entonces los ojos y el corazón del guerrero empiezan a acostumbrarse a la luz. Ya no lo asusta, y él pasa a aceptar su Leyenda, aun cuando eso signifique correr riesgos.
El guerrero estuvo dormido mucho tiempo. Es natural que se vaya despertando poco a poco.
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El luchador experto aguanta insultos, conoce la fuerza de su puño, la habilidad de sus golpes. Ante un ponente desprevenido, le basta mirar al fondo de los ojos para vencerlo sin necesidad de llevar la lucha a un plano físico.
A medida que el guerrero aprende con su maestro espiritual, la luz de la fe también brilla en sus ojos, y él no precisa probar nada a nadie. No importan los argumentos agresivos del adversario, diciendo que Dios es una superstición, que los milagros son trucos, que creer en ángeles es huir de la realidad.
Como buen luchador, el guerrero de la luz conoce su inmensa fuerza, pero jamás lucha con quien no merece el honor del combate.
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El guerrero de la luz debe recordar siempre las cinco reglas del combate, escritas por Chuan Tzu hace tres mil años.
La fe: antes de entrar en una batalla, hay que creer en el motivo de la lucha.
El compañero: escoge a tus aliados y aprende a luchar acompañado, porque nadie vence una guerra solo.
El tiempo: una lucha en el invierno es diferente a una lucha en el verano; un buen guerrero presta atención al momento adecuado de entrar en combate.
El espacio: no se lucha en un desfiladero de la misma manera que un una llanura. Considera lo que existe a tu alrededor, y la mejor manera de moverte.
La estrategia: el mejor guerrero es aquel que planifica su combate.
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El guerrero pocas veces sabe el resultado de una batalla cuando ésta termina.
El movimiento de la lucha generó mucha energía a su alrededor, y existe un momento en el que tanto la victoria como la derrota son posibles. El tiempo dirá quién venció o perdió; pero él sabe que, a partir de ese instante, ya no puede hacer nada más: el destino de aquella lucha está en las manos de Dios.
En esos momentos, el guerrero de la luz no se queda preocupado por los resultados. Examina su corazón y se pregunta: “¿Combatí el Buen Combate?” Si la respuesta es positiva, él descansa. Si la respuesta es negativa, toma su espada y empieza a entrenarse de nuevo.
Sahara.
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