BUEN DÍA, AQUÍ LES MANDO LA DOTACIÓN DE HOY, DESEÁNDOLES UN FIN DE SEMANA CÓMODO. UN ABRAZO.
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El guerrero de la luz no cae en la trampa de la palabra “libertad”.
Cuando su pueblo está oprimido, la libertad es un concepto claro. En esos momentos, usando su espada y su escudo, lucha hasta perder el aliento o la vida. Ante la opresión, la libertad es simple de entender, es lo opuesto a la esclavitud.
Pero a veces el guerrero escucha a los más viejos diciendo: “Cuando pueda dejar de trabajar seré libre”. Y apenas transcurrido un año, se quejan: “La vida es solamente tedio y rutina”. En este caso, la libertad es difícil de entender; significa ausencia de sentido.
Un guerrero de la luz está siempre comprometido. Es esclavo de su sueño, y libre en sus pasos.
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Un guerrero de la luz no se queda siempre repitiendo la misma lucha, principalmente cuando no hay avances ni retrocesos.
Si el combate no progresa, él entiende que es preciso sentarse con el enemigo y discutir una tregua; ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse.
Es un gesto de dignidad, y no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas y un cambio de estrategia.
Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan probar nada a nadie; lucharon en el Buen Combate y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo con esto el arte de la negociación.
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Los amigos del guerrero de la luz le preguntan de dónde procede su energía. Y él les responde: “Del enemigo oculto”.
Los amigos preguntan quién es.
El guerrero responde: “Alguien a quien no pudimos herir”.
Puede ser un niño que lo venció en una pelea en su infancia, la noviecita que lo dejó a los once años, el profesor que le llamaba burro. Cuando está cansado, el guerrero se acuerda de que él aún no vio su coraje.
No piensa en venganza, porque el enemigo oculto no forma ya parte de su historia. Piensa solamente en mejorar su habilidad, para que sus hazañas corran por el mundo y lleguen a los oídos de quien lo hirió en el pasado.
El dolor de ayer es la fuerza del guerrero de la luz.
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Un guerrero de la luz siempre tiene una segunda oportunidad en la vida.
Como todos los demás hombres y mujeres, él no nació sabiendo manejar su espada, y cometió muchas equivocaciones antes de descubrir su Leyenda Personal.
Ningún guerrero puede sentarse en torno a la hoguera y decir a los otros: “Siempre actué correctamente”. Quien afirma esto está mintiendo, y aún no aprendió a conocerse a sí mismo. El verdadero guerrero de la luz ya cometió injusticias en el pasado.
Pero en el transcurso de la jornada, percibe que las personas con quienes actuó injustamente siempre se vuelven a cruzar en su camino.
Es su oportunidad de corregir el mal que les causó. Y él siempre la utiliza, sin vacilar.
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Un guerrero es simple como las palomas y prudente como las serpientes.
Cuando se reúne para conversar, no juzga el comportamiento de los otros; él sabe que las tinieblas utilizan una red invisible para propagar su mal. Esta red captura cualquier información suelta en el aire y la transforma en la intriga y la envidia que parasitan el alma humana.
Así, todo lo que se dice respecto de alguien siempre termina llegando a los oídos de los enemigos de esa persona, aumentado por la carga tenebrosa de veneno y maldad.
Por eso, cuando el guerrero habla de las actitudes de su hermano, imagina que él está presente, escuchando lo que dice.
Sahara.
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