Pos yo, a la carga, y al que no le guste, se jode, ¿o no Asiri? No me importa que me vean ridícula, reiterativa, desgraciada, o como sea.
Hoy llegó esto, sobre lo que pesa una oración y me puso la piel chinita… ¿cuentos chinos? LO QUE SEA, ¡VALE! Atiendo a las corazonadas, y porque todos tenemos corazón que late, y a veces como burro sin mecate, les comparto.
La señorita Ilona Karina debe estar sufriendo las de Caín en su recuperación, ya nos lo dijo Luzaza. Los invito a que sigamos orando por ella para que su sufrimiento disminuya. Podemos hacerlo, la buena voluntad ayuda, y la fe ¿qué les digo de la fe? Ya lo sabemos…
Aquí les va
Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda. La mujer se acercó al dueño de la tienda y, de la manera más humilde, le preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito. Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar, tenia siete niños y necesitaba comida. El dueño le pidió que abandonara su tienda.
Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer continuó diciendo: "por favor señor, se lo pagaré tan pronto como pueda". El dueño le dijo que no podía darle crédito.
De pie, cerca del mostrador, se encontraba un cliente que escuchó la conversación, el cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia.
El dueño, preguntó a la mujer ¿"Tiene usted una lista de compra?"
La mujer dijo "Si señor". "Está bien", dijo el dueño", ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista, le daré yo en comestibles". La mujer titubeó por un momento y cabizbaja, buscó en su cartera un pedazo de papel, y escribió algo en él.
Puso el pedazo de papel, cabizbaja aún, en la balanza.
Los ojos del dueño y del cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo más bajo y se quedó así. El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza dijo "No lo puedo creer". El cliente se sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza. La balanza no se movió por lo que continuó poniendo más y más comestibles hasta que no aguantó más. El dueño se quedó allí parado con un gran asombro. Finalmente agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro.... No era una lista de compra, era una oración que decía: "Querido Señor, tú conoces mis necesidades y yo voy a dejar esto en tus manos".
El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y quedó allí en silencio, la mujer agradeció y abandonó su tienda.
El cliente le entregó un billete de 50 dólares al dueño y le dijo: "valió cada centavo de este billete". "Solo Dios sabe cuánto pesa una oración".
Tomasa
Toma-Sahara. Tomasa hará un milagro. Toma, Sahara, un milagro. GRACIAS. (Han de perdonar la falta de respeto, pero estoy contenta)
SANTA MAGDALENA, CADA DÍA MÁS BUENA.
|