¡Ah, SURFER, no se mide! A usted le brotan colores de los dedos, extensiones de su alma, y yo ya me puse de colores porque la secretaria se asomó cuando lo estaba leyendo; ni modo, aquí no había privacidad y me fui al baño, ¡se me salieron! Sí, todos esos detalles dejan huellas imborrables; y ahora, para colmo “un aguacero de toronjas”. Se lo voy a leer cuando lo visite. Es un hermoso poema, así, salido al vuelo, ¡cuánta sensibilidad! Felicidades. Por cierto, la secretaria le manda saludos, vio que mis manos están suaves y me preguntó que quién me las había cuidado mientras ella estaba enferma, (no sabe lo de la miel y a leche) le dije que alguien les había mandado un beso a mis dedos. GRACIAS.
Una tarde caía un aguacero, el garrafón del agua estaba atravesando el patio y deseaba preparar té porque hacía frío y nadie quería mojarse, así que tomé un recipiente y lo llené con agua de lluvia, luego, un manojo de hierbabuena fresca de una maceta y anuncié al grupo de amigas y amigos que esperaban en la sala, que tomaríamos té de lluvia; ahí estaba Leonardo y ante el escepticismo, él fue el primero en brindar con té de lluvia, por la lluvia y por la tarde de amigos; todo eso con un fondo de violines y velas, a media luz. Desde entonces, el té de hierbabuena se llama: TÉ DE LLUVIA y lo disfrutamos, con placer entre amigos y en familia.
MUCHAS GRACIAS. BESOS.
TEGUNA.
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