Me enteré hasta hoy del fallecimiento de un amigo querido, joven, de un infarto, el día 4 de febrero y no me perdono no haber estado ahí; pero recuerdo que ese día acudió él a mi memoria de una manera extraña, ¿sería que se estaba despidiendo? Me queda la hermosa experiencia de haber vivido juntos muchas cosas hermosas, compartíamos sensibilidades; a veces llorábamos al contemplar la belleza de la naturaleza y se nos erizaba la piel al escuchar el sonido del violín; de pronto nos poníamos de acuerdo para ir a observar el amanecer, sobre todo en otoño, cuando el cielo está cuajado de nubes de colores y formas caprichosas; caminábamos en silencio, nos maravillaba la exclusividad de la madrugada y nos sorprendíamos cómo al pasar nos llamaban la atención las mismas cosas. Él tenía una huerta de toronjas rosa y me regalaba bultos de ellas, comentábamos que en su cáscara estaba retratado el amanecer, las disfrutábamos con mucho placer, pensando que devorábamos el cosmos. Descanse en paz mi querido amigo Leonardo.
TEGUNA.
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