Carnavales de Ayer Nomás. Parte 2

Que dan ganas de haberlos vivido!!!!!

El martes y el domingo final el corso terminaba más temprano ya que al día siguiente era jornada de trabajo.

En la mañana posterior pasaba la barredora, los carros de caballo recolectaban montículos de papel picado acumulado en las bocacalles, rizos de serpentinas se enredaban entre los artículos de cotillón en desuso.

Eran tan importantes esos días festivos, el disfraz tenía visos de consigna, en los diarios se promocionaban los vestidos de etiqueta, las sastrerías teatrales alquilaban ropajes suntuosos, trajes que eran verdaderas obras de arte, de gladiadores romanos, de príncipes hindúes, de bailador flamenco y no faltaban los humorísticos, de bebés, colegiales, de zorro con capa y sombrero, y el infaltable Oso Carolina.

El festejo llegaba a los Cines-Teatros de todos los barrios y los principales del Centro, tal el Opera y el Politeama, como así también el Astro de Caballito, el Pueyrredón de Flores, el Palace Rivadavia de Villa Luro.

En estos centros de diversión funcionaban escenarios giratorios donde las bandas más famosas de aquella época ejecutaban sus melodías, fue así que nos visitó Xavier Cugat, Benny Goodmaii, Artie Shaw y tantos afamados músicos que impusieron sus ritmos bailables.

Con apenas ocho años mi entrañable amiga Muñeca y yo veíamos los Carnavales desde otra óptica, al llegar los almanaques para el próximo año mirábamos detenidamente en qué fecha caían y ahí urdíamos los planes que colmaban nuestra fantasía.

Ideábamos disfraces pensando cómo podíamos adornar alguna pollera de fulgurante con lazos y lentejuelas, flores y diademas, y el sueño de toda chiquilina de aquel entonces, maquillarse y usar el rouge de mamá y porque no tacos altos.

Por la tarde durante los días de corso se efectuaba el desfile de máscaras infantiles, las chicas que frecuentaban las academias de danzas hacían sus demostraciones artísticas ataviadas con los trajes típicos de otras latitudes, no faltaban las paisanitas, ni el zapateado de Malambo, las lagarteranas, las bailarinas gitanas con bata de cola y mantón.

Odaliscas y princesas rusas, valencianas y patinadores se codeaban con Madame Pompadour o María Antonieta.

El club Liniers de la calle Palmar el último domingo de Carnaval invitaba a la purretada al baile infantil.

De 18:30 a 19 se efectuaba la reunión danzante. ¡Con qué alegría disfrutábamos esa media hora de baile! Cosacos, hawaianas, bailarinas, aviadores, indias, marineros, arlequines… nos contoneábamos al ritmo de moda, sintiendo la importancia que nos brindaba ese rato de ilusiones y fantasías del domingo de Carnaval, de Carnavales de ayer nomás.

El Carnaval fue perdiendo su esplendor, para 1950 los corsos vecinales quedaron relegados, la ornamentación era costosa, el entusiasmo del público decayó, los disfraces perdieron euforia y todo se circunscribió a los bailes. Sólo en algunas ocasiones funcionaba el corso de Avenida de Mayo.

"Ocho Bailes ocho" promocionaban los grandes clubes deportivos con las principales orquestas (típica y jazz). Verdaderas multitudes concurrían a la cita a escuchar al cantante de moda.

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Parte 3

 

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