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Cuéntanos tu vida

Un paso hacia la independencia

De cómo me decidí a tomar una decisión que mejoraría mi futuro y el de mi familia.

Al otro día, me levanté antes de lo acostumbrado, pues había dormido mal pensando qué le diría a mi protector sobre mis planes de cambiar de “socio”.

Como salimos a trabajar cada uno por su lado, yo me fui derecho a la telefónica. Quería llamar temprano porque mi amigo era el que llegaba primero, y dicho y hecho él fue quien me atendió. Al contarle lo que pasaba, le pasó el tubo al socio (el que me había presentado a mi compañero de trabajo) y volví a contarle la situación y de la oferta de mi nuevo amigo.

Me comprendieron enseguida, y me dijeron que me quede con la mercadería y siga trabajando solo.

El consentimiento de ellos me puso muy contento, así que comencé a golpear puertas con nuevas energías y la suerte me acompañó, porque vendí más de 40 pesos, todo un record en esta gira.

Cuando mi socio volvió al hotel, nuevamente con el cuento de la poca venta, no le contesté nada. Mientras cenábamos, el mozo le avisó que lo llamaban de Buenos Aires.

Fue a atender, y enseguida volvió para decirme que David (el tercer socio, con quien no simpatizaba mucho) quería hablar conmigo. Al principio me preocupé, pero me volvió el alma al cuerpo cuando me dijo que no me preocupe, que repartamos la mercadería por la mitad y le haga firmar una factura detallada.

Realmente corté con lágrimas en los ojos, porque la situación se estaba volviendo muy difícil, y me emocionó mucho poder contar con el apoyo de alguien estando tan lejos de los míos.

De todos modos, volví a la mesa con un poco de miedo porque temía una mala reacción de Samuel. Muy por el contrario, estaba triste y lo primero que me dijo fue “me lo merezco”.

Luego de repartir las cosas, con la ayuda de mi amigo Salomón, que hacía de secretario, nos despedimos y el se fue a otra habitación, que ya había pedido al dueño.

Luego me quedé con Salomón, y convinimos trabajar medio día, y a la tarde hacer el inventario de las mercaderías de ambos para hacer un surtido mixto y comenzar a venderlas.

Como también decidimos cambiar de ciudad (iríamos a Olavaria) y recién teníamos tren a la tarde, me dediqué por la mañana a hacer un giro y una larga carta de agradecimiento a todos los socios.

Por separado le escribí otra carta a mi protector, contándole todo con detalle y dándole la dirección de la casa donde mi nuevo socio compraba la fantasía, para ver si me podía conseguir mercadería a crédito.

Salomón, a su vez, había escrito a su pariente para que se ponga en contacto con mis protectores.

No se imaginan la alegría que tuvimos cuando dos días después recibimos una remesa amplia de ambas casas, que nos dio nuevos bríos y esperanza.

Así recorrimos la provincia de Buenos Aires durante casi tres meses, y volvimos a Buenos Aires en vísperas de las fiestas de Rosh Hashaná y Iom Kipur. El balance fue óptimo porque nos quedaron 1500 pesos a cada uno después de pagar a los acreedores hasta el último centavo.

Con eso pudimos hacer un inicio de un capital de 2000 pesos (1000 cada uno), e inmediatamente me puse en contacto con un escribano de nombre Murmis, para gestionar la llamada para mi hermano Moishe, e hice un giro de 100 dólares para la familia y que tuviera para los gastos del pasaporte y los preparativos para viajar.

Terminadas las fiestas, nos dispusimos a salir para la zona de La Plata, Berisso y Ensenada, una zona de frigoríficos. Nuestros proveedores nos ampliaron el crédito y pudimos salir con un surtido de mercadería más amplio, y por suerte nos fue muy bien.

Al volver, me avisaron que la llamada de mi hermano estaba preparado, así que lo retiré y compré un pasaje a crédito para enviárselo a mi hermano...

Continuará...

 

 

 

Jacobo Rendler
Colaborador

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