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Miniturismo y recreación

Tortoni, un café con alma, vida e historia

“De cómo la más odiosa de las traiciones – al decir de Huxley – las comete el artista al pasarse para el bando de los ángeles”.

 

Cuando alguien habla de "el viejo café Tortoni", me siento realmente molesto porque lo de “viejo” me resulta un tanto peyorativo, a pesar de que le pretenda asignar un carácter afectuoso. Y le pido excusas a Héctor NEGRO quien le puso letra a un tango con música de Eladia BLAZQUEZ que tituló "Viejo Tortoni".

Sin pretender entrar en una discusión de carácter semántico, el Tortoni no puede ser calificado de viejo o antiguo: es el Tortoni, nuestro amado Tortoni y punto.

Es mí cafe, el de ustedes, sea cual fuere su edad, el de los extranjeros que nos visitan... y el de las musas que inspiraron a tantos escritores, poetas, dramaturgos, filósofos, músicos, cantantes, políticos, y sobre todo a los periodistas argentinos más reputados que desarrollaron o ampliaron sus perfiles humanos entre sus mesitas marmoladas.

Cuando nuestro ciclo biológico concluya inexorablemente, el Tortoni estará allí, recordándole a los que nos precedan que “el tiempo borra las fechas impresas por el tiempo, pero lo que grabó en el corazón del hombre nunca se borrará". Una verdad irrebatible.

A pesar de haber nacido de 1858, en Rivadavia y Esmeralda, el querido café jamás envejecerá, como tampoco morirá mientras haya alguien que quiera acercarse hasta él, acomodarse en una de sus butacas, degustar un cafe y una ginebra y en ese respetuoso ambiente silente, tratar de escuchar las voces de quienes fueron y ya no son... pero que están. Y seguramente podrá escucharlas apenas entorne los ojos.

Sus paredes fueron transformadas en una invalorable pinacoteca, con dibujos, pinturas y grabados tenuemente iluminados que recuerdan a Benito QUINQUELA MARTIN, Julián CENTEYA, Roberto ARTL, Baldomero FERNANDEZ MORENO, Fermín CHAVEZ, Arturo JAURETCHE y muchos más.

Alguien dijo que la pintura argentina había encontrado en el Tortoni un lugar propicio y conveniente, carente del refinamiento que se observa en los salones relamidos de Buenos Aires. Afirman que la sensatez y la lógica le hallaron la ubicación merecida en el lugar en el que "vivieron" quienes en esas obras están representados.

Resulta difícil mencionar a todos y cada uno de nuestros máximos representantes de las artes, quienes supieron de su recogimiento para modelar en la mente y luego crear. Muchos de ellos, pletóricos de talento y virtudes incomparables, solo vivían para desarrollar sus vivencias a través de la prosa o la poesía; eran los más.

Otros, con pasados de dolor y miseria, y menos afortunados también para lograr imponer sus dotes literarias, escribían para comer; eran los menos.

No dejaba de sorprender alternar entre talentosos escritores, con sus cabezas llenas de ideas y los bolsillos vacíos, buscando la infaltable y fraternal invitación de un cafe con leche y medias lunas, que les permitiera ir tirando hasta vender una nota, un poema... o una necrológica, un tipo de nota - cúmulo de mentiras y adjetivaciones sobre el difunto - a la que muchos aprensivos rehuían.

Otros, de tan cajetilla y para evitar el menoscabo implícito en su apariencia de bienudos, optaban por mimetizarse y buscar un rincón penumbroso y alejado para hacer menos conspicua su presencia.

Así solían reunirse Rubén DARIO, Leopoldo LUGONES, Horacio QUIROGA, Jorge Luis BORGES, Raúl GONZALEZ TUÑON y Alfonsina STORNI, la gran señora de la poesía, de quien se dice que fue luz y llamarada. Entre esa notable paredes, convertidas en arte puro, se escucharon los mensajes de Luigi PIRANDELLO, de José ORTEGA Y GASSET y de Federico GARCIA LORCA.

Maestría impoluta. La inobjetable razón del por qué nos agradan las artes es lo conspicuo de una perfección que fue inspirada por la madre natura para que haya alguien, como yo, como usted, como muchos, que logre postrarse ante el bien absoluto.

Pero todos eran igual de ricos en ingenio y en capacidad, en tener esa disposición para crear algo de la nada. No hesitaban en dar a conocer, a modo de confesión, sus más intimas experiencias a través una prosa inigualable o mediante estrofas poéticas que solo la puridad del alma puede hacer florecer cuando esta ha vivido lo que vivió.

Para algunos, esas maravillosas páginas encontraban rápida cabida en los suplementos literarios de LA PRENSA, LA NACION, LA TRIBUNA. Otros con menos suerte lograban un espacio escondido en algún rincón de EL MUNDO, CRITICA, LA RAZON o NOTICIAS GRAFICAS.

Como Roberto ARTL, quien picó en el trampolín que lo elevo a la fama desde las páginas del querido EL MUNDO, con sus "Aguafuertes Porteñas". Miguel Angel BUONARROTI sentenció que "El arte es celoso; quiere poseer por entero al hombre. Y siempre lo logra". ¿Alguien puede sostener lo contrario...?

El TORTONI le posibilitó a Leopoldo TORRE NILSON filmar una secuencia de importancia para la recordada "Los siete locos", que memoraba un episodio del año 20 y recordado por la pluma de Roberto ARTL.

Si en la Acrópolis de Atenas se levantaron templos y monumentos para rendir culto a sus dioses, también tuvieron cabida lo más reputado de las artes y las ciencias. Y salvando las distancias temporales y las magnificencias estructurales, el Tortoni nada tiene que envidiar a quienes en su ámbito le rindieron culto a las mismas musas.

Corría 1926 cuando un abigarrado grupo de notables, encabezado por Benito QUINQUELA MARTIN, el mentor de la idea, se "adueño" del sótano del TORTONI creando una PEÑA que agrupo a lo más selecto de nuestra cultura, bohemios puro corazón e intelecto, que le decía. Una PEÑA que tuvo huéspedes famosos como los maestros Arturo RUBINSTEIN y Arturo TOSCANINI.

A través de un poema, Marcelo OLIVARI certificó, como lo haría un Juez de Paz, el nacimiento de "LA PEÑA":

Año veintiséis en la Avenida

en el subsuelo del café buscado

apareció un grupo enamorado

del arte, del ensueño y de la vida.

De ser matemáticamente factible, sería imposible cuantificar la capacidad artística que cobijo el Tortoni y lograr una cifra.

Y sería más dificultosa si comenzarámos por incluir a Rubén DARIO (mientras vivió en la Argentina escribió para LA NACION) quien conoció a Rafael OBLIGADO, con el que trabó una profunda y sincera amistad que le posibilitó acceder a otras doctas personalidades porteñas. DARIO, en su autobiografía, recordaba la lectura de las poesías de OBLIGADO, a las que consideraba vibrantes de sentimiento y llameantes de patriotismo. Don Rafael fue uno de los fundadores del grupo Ateneo que tanto dio que hablar, que pensar y que leer.

Pero el Tortoni también acogió favorablemente a otras expresiones culturales, como las artes plásticas, la música, las sesiones selectas de la llamada "música culta". El Partenón fue erigido para la diosa Atenea; el TORTONI fue ese mismo templo, pero no para un culto monoteísta, sino para la adoración y la reverencia de múltiple dioses que abarcaban todas las facetas más puras del genio.

En ese sentido metafórico, el café TORTONI solo puede ser comparado - entrando en la exageración más reprochable - con la Catedral de Buenos Aires; y los pocos cafetines que van quedando en la periferia, sus "capillas" complementarias...

La "LA PEÑA" del 26 colapsó en 1943, cuando al clausurarse el sótano del TORTONI no tuvo más remedio que disolverse. Sin embargo, se puede perder una batalla, pero no la guerra.

Y el empeño renovador posibilitó una mutación: se creó la Asociación Amigos del Café Tortoni. Ya sin Lugones, Alfonsina y Quiroga, pero con su vigencia divina y bendición permanente, Julián CENTEYA, Julio y Francisco DE CARO, Ulises PETIT DE MURAT y algunas glorias más continuaron y ampliaron los fundamentos que habían dado vida en su momento a la "LA PENA" del sótano.

También la gente de la alta política fue habitué del lugar, como don Marcelo T. de ALVEAR y su esposa, Dña. Regina PACINI. Asimismo don Lisandro DE LA TORRE, quien vivía muy cerca de allí y preparaba sus combates dialécticos para desarrollarlos en el Senado, ante un oficialismo corrupto, vendido al mejor postor de los intereses foráneos, y que pretendió asesinarlo durante una de sus sesiones ordenarias.

Se recuerda que allí sesionó por primera vez la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y en una placa de bronce se confirma que el solar fue declarado sitio de interés cultural por el ex Concejo Deliberante de la Ciudad

Nuestra música ciudadana, el tango, cuenta con un lugar muy especial en el TORTONI. En un reducto preparado especialmente en un recinto que en su momento fue el célebre e íntimo "Salón de Familias", un eufemismo para designar a un lugar casi privado para parejas que no querían ser vistas... o simplemente para hablar con mayor intimidad.

Sus muros destacan excelentes retratos de Aníbal TROILO, Tita MERELLO, Astor PIAZZOLA, Edmundo RIVERO, Horacio SALGAN, Carlos GARDEL, Rosana FALASCA, Osvaldo PIRO, Roberto GOYENECHE, Guillermo FERNANDEZ, María GRAÑA, Jorge FALCON y otros no menos afamados músicos y cantantes.

Pero no solo de tango vive el hombre. En ese lugar se oyó a lo más granado del jazz argentino. En una pequeña tarina hay un piano de cuyo teclado Enrique Mono VILLEGAS supo sacar los mejores acordes de la música negra americana, interpretada con una calidad superior a la de sus propios creadores.

En algunas sesiones, la inigualable Donna CARROL llevó la voz cantante, interpretando, con un sublime timbre de voz y una perfecta dicción del inglés sureño, los más ponderables temas de la música americana.

El TORTONI no puede ser considerado "un viejo cafe", ni visitárselo como a las ruinas de Machu-Pichu. Es una verdadera herejía.

El TORTONI es un templo sagrado al que los turistas y visitantes ilustres que vienen a Buenos Aires no dejan de concurrir para rendirle esa pleitesía que solo se merecen los centros que han adquirido fama allende nuestras fronteras.

Por eso no sorprende que en el muy custodiado, valioso y reservado LIBRO DE FIRMAS estén, entre otras, las del Rey Juan Carlos de España, y una dedicatoria muy especial de... bueno, dejo la revelación de su autora para cuando lean la firma: "Qué lujo visitar un pedazo de historia y disfrutar tanto del ambiente como de la deliciosa comida. Gracias". Hillary CLINTON. 16 de octubre de 1997.

Quise confraternizar con los hombres y mujeres cuyos espíritus pueblan esas paredes, avergonzado porque al escribir esta semblanza no iba a lograr con mi humilde mi prosa alcanzar los merecimientos que ellos se ameritan.

Cuando salía del templo de la Av. de Mayo, un abigarrado grupo de turistas trataba de obtener la mejor instantánea, encontrar el ángulo más apropiado, la posición que permitiera abarcar la mayor cantidad de espacio. Y pensé que muy bien pudieran estar buscando una instantáneas de fantasmas famosos, que seguramente se habrán "colado" en alguna.

Pongo mi mano a la altura del corazón y confieso: "Se me piantó un lagrimón". Pese al tremendo esfuerzo que hice por no llorar... no pude dejar de lagrimear.

Realmente lo necesitaba porque yo también supe alternar ahí con muchos periodistas no solo amigos, sino mis hermanos mayores, mis maestros, como el Mono ALVAREZ, Luis PORTALET, Tito RAMPA, Daniel GIRIBALDI, Emilio PETCOFF, Osiris CHIERICO y Justo PIERNES...

Mueren las cosas animadas; las cosas materiales jamás podrán morir mientras haya un álito humano, puro, luchador y honesto, que le dé vigencia permanente.

Lucio SENECA, filósofo estoico y poeta trágico, decía que "El tiempo voraz todo se lo traga, todo lo toma, todo lo cambia de lugar, nada deja que dure mucho". Si queremos cotejar ese dicho con el Tortoni, nada de eso pasó; sino todo lo contrario. A medida que transcurren los años se hace más sólido, más poderoso, más importante.

En cambio las palabras de SENECA tuvieron mucho de premonitorio: sin saberlo estaba anticipando su epitafio. Su "tiempo" se llamó NERON, quien por encontrarlo complicado en la conspiración pisoniana, le ordenó que se suicidara... y él le hizo caso.

Mientras preparaba este material busqué antecedentes sobre Enrique SANTOS DISCEPOLO, quien aparentemente jamás traspasó las puertas del TORTONI ni estuvo relacionado ni con la "LA PEÑA" ni con la "ASOCIACION DE AMIGOS...".

No existen pruebas documentales que lo certifiquen, pero alguien me contó – y esto hay que tomarlo realmente con pinzas - que el autor de "Cafetín de Buenos Aires" se inspiró en el TORTONI para escribir su inolvidable tango. ¿Habrá algo de cierto en semejante y alocada afirmación? Es solo un trascendido que pareciera encajar...

Sostienen que - ¡vaya a saber si fue verdad! -, noctámbulo por excelencia, Discepolín apoyaba su gran "ñata" contra el vidrio para ver a los sabihondos y suicidas (implícitamente habría aludido a QUIROGA, ALFONSINA, LUGONES y DE LA TORRE).

Lo que realmente está confirmado, es que en sus mesas él no aprendió filosofía, dados, timba ni la poesía cruel de no pensar más en sí.

"Viejo Tortoni - cantó Eladia los versos de NEGRO - refugio fiel de la amistad junto al pocillo de café. En este sótano de hoy, la magia sigue igual y un duende nos recibe en el umbral".

Lo siento, pero jamás aceptaré lo de viejo TORTONI, un incunable de ladrillos donde la cultura, en todas sus manifestaciones, tuvo, tiene y tendrá supremacía.

 

 

 

 

 

 

Juan Isidro González
Periodista Profesional

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TORTONI

Por MARIAN_9876


enplenitud.com - Autor Juan Isidro  González
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