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Relatos de viajes

Tikal, Antigua y otras maravillas de Guatemala

Guatemala y su cálida gente merecen visitarse pues son mucho más grandes que la reciente tragedia que la puso en los ojos del mundo




IR O NO IR A GUATEMALA...NO ME VAYA A TOCAR UN PLOMAZO TAMBIEN


Tenía ganar de ir a Guatemala, sobre todo porque deseaba ver Tikal, la última ciudad maya, también quería que mi hija Mariela la conociera y de paso compararla con Chichén Itzá, a Tikal, no a mi hija, además de conocer la Antigua Guatemala, una ciudad colonial, azotada por los terremotos, cercana a un volcán, pero que está considerada como patrimonio cultural de la humanidad y como me he propuesto conocer todo aquello que esté en ésa lista de patrimonio cultural de la humanidad, era el motivo del viaje.

Fíjate cómo disfrazó mi vagancia ¿eh?...

Pero mi duda era por la situación de violencia que se oía decir en la tele; hacía una semana le habían metido tres plomazos a Facundo Cabral, el famoso cantor alto y barbudo, famoso en los años 80, de origen argentino, pero que él mismo decía "...no soy de aquí, ni soy de allá...", que tuvo la mala fortuna de estar en el momento y lugar equivocados y recibió tres balazos que le cortaron la vida.

Las investigaciones apuntaban a que los ataques iban dirigidos a su acompañante, un nicaragüense metido en los negocios de antros de vicio y prostitución, pero que ése mismo tipo lo había llevado a dar dos conciertos en Guatemala.

Dicen que Facundo ya iba al aeropuerto, que se iba a subir en el carrito del hotel, cuando llegó el nicaragüense y se ofreció a llevarlo al aeropuerto.

El nicaragüense salvó la vida y Facundo Cabral, que le cantaba al amor y a la calentura, contaba que Vicente Fernández le había dicho: "Lo que todo hombre debe tener, es una buena mula y una buena vieja, con la condición que la mula no sea muy vieja y la vieja no sea muy mula"; también le cantó a la vida y a la paz, además de echarle pestes a las dictaduras que él padeció, vivió exiliado en México y murió por las balas de unos sicarios, ya sabes que sicarios son los matones a sueldo.

Los guatemaltecos estaban consternados que un hombre como Facundo Cabral hubiera muerto en su país. En la semana que ahí estuve, todos los días y en todos los diarios se lamentaban de su muerte; el último día refirieron que en internet había 7 millones de notas relacionadas con su muerte.

Piensan cambiarle el nombre de Avenida Las Américas a una de las avenidas más importantes de aquél país y llamarla Facundo Cabral.

TOTAL, LLEGAMOS A GUATEMALA Y ENCONTRAMOS A CLIFORD

Las primeras impresiones son las que cuentan y después de ver el gigantismo del aeropuerto de la ciudad de México, repleto de aviones de las más diversas líneas, además de ver con tristeza los que ya no vuelan, los de Mexicana y Aviacsa, vimos el aeropuerto Aurora de Guatemala, chiquito, con unas techumbres de lámina oxidada, una pista igualmente chiquita, aviones y avionetas tan chiquitos que parecían de juguete y cerca de ahí los edificios más altos de la capital de Guatemala, que no llegan a los quince pisos.

Al bajar del avión, vimos las salas semidesiertas, muy poquitos pasajeros y eso que llegamos a las 9 de la mañana, a la hora en la que llegan la mayoría de los vuelos, que son tres: de México, Panamá y Tikal y hasta ahí...

En el aeropuerto encontramos a Cliford, el chofer del camión del hotel, un hombretón negro, cuarentón, nacido en Guatemala, de padres jamaicanos, de manos grandes, fuertes y cenizas, con una voz grave y franca sonrisa, con un tono similar al de los cubanos, quien amablemente nos condujo al hotel, que estaba... a diez minutos del aeropuerto.

No está de más señalar que los únicos viajeros del camión éramos nosotros y nadie más.

LA AMABILIDAD Y GENTILEZA DE LOS GUATEMALTECOS Y SU COMIDA...

No exagero en lo que voy a decir, pero en Guatemala no vimos ninguna mala jeta, toda la gente, sin excepción, muy amables, desde Cliford, al de la recepción que de entrada nos dijo que podíamos desayunar, si queríamos y más tarde me cambió la habitación del primer piso, que no tenía más vista que a la terraza roja del primer piso, por una del tercer piso, con vista a la avenida principal; las cocineras, Iliana y Mari, que nos prepararon las delicias de los platillos guatemaltecos: chuchitos, que son unos tamalitos rellenos de pollo, atados de la puntita con un nudo de la misma hoja;  dobladitas, unas empanaditas, ligeramente doradas, rellenas de pollo, con una ensalada de repollo frito encima; papuzas, unas gorditas rellenas de queso o frijoles negros; gallo pinto, arroz blanco revuelto con frijoles negros; platanos fritos y rellenos; que es plátano macho frito o relleno de frijoles negros; chocolate en agua, que era una delicia y todos los días lo tomé.

Los meseros eran muy rápidos, tan rápidos y atentos, que su amabilidad hasta que como ofendía; les pedía un jugo y rápido lo servían y no en el mismo vaso, sino en otro limpio; lo veían a uno dirigirse a su mesa con el plato y casi lo arrebataban para llevarlo a la mesa; tanto las cocineras, como los meseros hasta sus libertades se tomaban, como fue, sirviéndome chocolate sin haberlo pedido, adivinando los deseos del cliente o una quesadilla para Mariela, que tampoco la había pedido, pero sabían las cocineras que a ella le gustaban.

"NO TENGA PENA" Y OTRAS PALABRAS GUATEMALTECAS, INCLUIDOS INSULTOS ENTRE CHOFERES

Decir "no tenga pena", es el equivalente a nuestra forma de decir "no hay cuidado"; pero hay otras palabras que a nosotros nos suenas graciosas; por ejemplo: vulcanizadora, es PINCHAZO; camión urbano, BUS; curva en el camino, GANCHO; a un antojito entre el desayuno, comida o cena: REFACCIONES y se lee chistoso en los restaurantes de la carretera: DESAYUNOS, ALMUERZOS, CENAS Y REFACCIONES.

El almuezo es el equivalente nuestro de la comida.

Pero hay más... palomitas de maíz, POPOROPOS; chamarra, CHUMPA; torta, un PASTELILLO y cuidado, que puede ser el calificativo a una mujer de vida licenciosa; pajilla, POPOTE; dinero, PISTO; servilleta de papel o tela, BIGOTERA; chino del pelo, COLOCHO; chamaco, PATOJO.

Estos los dejé para el final. A un hombre muy trabajador, se le dice que es muy CHISPUDO y a un pan bolillo: PIRUJO.

Dos insultos entre choferes: "Chofercito de Cuarta" y "Chofercito de Paca".

La verdad es que yo no insultaría a nadie así y a lo mejor requiere explicación eso de "Chofercito de Paca".

 Me dijo un taxista que es como decir "del montón". Yo ni me sentiría ofendido, la verdad...

UN TAXISTA, NUESTRO GUIA

Contraté a un taxista para que nos llevara a la Antigua Guatemala, por recomendación de Romeo, el Bell Boy del hotel, que de Boy ya no tenía nada porque era un hombre cincuentón, calvo total, alto, amable, que dijo que el taxista era también un buen guía de turistas.

Así conocimos a Héctor, un hombre de mediana estatura, de unos 35 años, de eterna sonrisa, padre de dos niñas, casado con una mujer perteneciente a una de las sectas religiosas impulsadas por los gringos, que tienen invadida Guatemala, a grado tal que ya se construye en Guatemala una iglesia cristiana que albergará 25 mil aleluyos.

Héctor la presenta desde ahora que será "la más grande de américa".

Pero no sólamente las sectas religiosas gringas tienen invadida Guate, como le dicen a Guatemala los propios lugareños o Guatever, que está formada por las palabras de Guatemala y forever, que ellos mismos dicen que significa Guatemala por siempre.

Está bien. Mis paisanos le dicen a Maravatío, Michoacán, MaravaYork y no pasa nada.

ANTIGUA GUATEMALA, UNA CIUDAD HERMOSA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Esta ciudad es del tamaño de nuestro Pátzcuaro, con sus vigas de pecho de paloma y techos de teja, muros de piedra o adobe, sus  fachadas de colores vivos como naranja, azul de todos los tonos, verdes claros, ocres, color mostaza, con sus puertas de madera reforzada, aldabones de hierro, mascarones de bronce como jaladeras, con pasillos, patios y balcones repletos de plantas llenas de flores, calles empedradas y no hay calle que no tenga su cafetería, bar y galería, pero también las huellas de los terremotos, porque muchas de sus iglesias y conventos están en ruinas y los que están de pie, tienen sus cicatrices.

Vimos unas fotografías de niños sonrientes, mujeres indígeneas con sus trajes y tocados típicos, de hombres trabajando, todas sobre un fondo de color intenso, tomadas por un gringo que las vendía para financiar operaciones de cataratas.

Había dos mercados de artesanías y vendedores de collares, pulseras y jodedera y media tejida.

Nunca en mi vida había visto tantos textiles juntos y tan diversos, ninguno repetido en su color ni diseño en blusas, faldas, manteles, cubremanteles, servilletas, ya dijimos que son bigoteras, bolsas, monederos, camisas y todo lo que se te imagine de tela.

Si en Antigua Guatemala vi una explosión de colores, en Chichicastenango fue un volcán en plena erupción porque además de textiles, había cuadros que reflejaban la vida cotidiana en un mercado, cosecha de maíz, cosecha de café, tan minuciosos y repletos de color, que no cabía una cabecita de alfiler.

¡TIKAL, POR FIN!



Después de conocer la Antigua Guatemala, volamos a Tikal, la última ciudad maya, todavía sepultada por la selva, porque además de los palacios, las oficinas administrativas, centros ceremoniales, un observatorio astronómico y una cancha de juego de pelota, en el que los ganadores eran muertos en sacrificio, tuvimos el privilegio de entrar al palacio del rey Pakal, uno de los gobernantes mayas, que estaba el plena restauración y un arqueólogo fue el encargado de darnos la explicación de su estructura, su saqueo y el esfuerzo por devolverle su esplendor.

Uno se siente empequeñecido al ver las dimensiones de este palacio, que su base tiene el tamaño de una manzana y su altura de un edificio de unos ocho pisos.

Se dice fácil, pero hay qué pensar en la época de su construcción.

Conocer Tikal nos llevó tres horas de camino a pie y una mojada completa porque nos sorprendió una tormenta y dos días me duró el dolor de piernas por el esfuerzo de subir tantas escaleras. ¿Por qué tendremos la tentación de subir a las pirámides?.

Mi hija Mariela le dio el 10 de calificación y cuando le pregunté qué ciudad le parecía mejor, si Tikal o Chichén Itza, simplemente me dijo que no tenían comparación, porque eran la expresión de dos épocas constructivas distintas.

Ahí mi afán competitivo se estrelló...

Tikal y Chichén Itza fueron ciudades esplendorosas, que terminaron abandonadas por sus habitantes. ¿Por qué?.

No hay una respuesta precisa, porque no hay registro escrito, si fue por la escases de agua por una prolongada sequía; en el caso de Tikal dependían sólamente del agua de lluvia, porque no hay manantiales; si por el agotamiento de los recursos, raparon el monte para preparar cal y estuco para sus construcciones y pavimentar sus caminos, tanto en Chichén Itza como en Tikal o si fueron las pestes por la contaminación de sus aguas, en el caso de Chichén Itza.

EL VOLCAN DE PACAYA, EL LAGO Y LAS HUELLAS DE LA DICTADURA

Después de Tikal nos regresamos a Guatemala y con nuestro taxista fuimos a Chichicastenango, conocimos el volcán de pacaya y el lago más grande de Guatemala, todos rodeados por inmensas alfombras de árboles; conocimos las iglesias en las que los indígenas danzan en las mañanas, en los atrios, porque saben que en sus bases en sus cimientos, están sepultados los palacios y sus dioses mayas y como para no dejar, entran después y colocan docenas de velitas flacas en el piso, sobre un rectángulo de piedra y le piden al de adentro sus favores, de paso tienen ahumados los cuadros y retablos de la iglesia, esto es lo que los antropólogos llaman sincretismo religioso, la fusión y convivencia de dos formas distintas y hasta opuestas de manifestación religiosa.

Para mi es un vil oportunismo de esos mayas convenencieros: estar bien con el de adentro y el de afuera.

Las huellas de la dictadura que padecieron los guatemaltecos, no hace más de 30 años, están en todas partes: testimonios en lápidas de asesinatos de curas que protegían a los indígenas en sus iglesias de la persecución militar; pilastras repletas con nombres y apellidos de familias enteras, asesinadas, desaparecidas, fusiladas en forma sumaria, aparecen hasta en la catedral.

Un día antes de nuestra salida, apareció un desplegado en una plana completa, firmada por ex militares que amenazaban con retomar las armas, inconformes por los juicios civiles que se siguen llevando, para que informen de sus atrocidades y se les castigue.

En la plaza de la ciudad de Guatemala también hay fotografías, pegadas en el piso, de decenas de desaparecidos, de quienes sus familiares piden explicación y justicia.

Y QUE ME ENCUENTRO A RIGOBERTA MENCHÚ

Cuando fuimos al aeropuerto a solicitar informes sobre los vuelos a Tikal, nos encontramos y casi chocamos con Rigoberta Menchú, la indígena guatemalteca, que fue ultrajada y vio morir a sus padres y familiares por las balas de los militares de la dictadura, pero que aún así, buscó la paz de su país y fue ganadora del premio Nóbel de la paz, quien con su figura regordeta y menuda, nos saludó y saludó a quienes la reconocieron, esbozando una sonrisa tranquila, que desapareció con pasos pequeñitos y sus pies chuecos, de la misma forma en que apareció, discretamente.

Rigoberta Menchú y otros 9 candidatos, se verán las caras en las elecciones de septiembre de este año y dicen que ella es de las que más pocas posibilidades tiene de ganar; el que se perfila como ganón es...¡un ex militar!, que tiene su principal oferta en la promesa de mano dura contra la delincuencia.

La otra es una tal Sandra, esposa del actual Presidente, que se divorción de él para poder competir y ya le dijeron que no puede participar, pero presentó un amparo que está por resolverse. Dicen que ella fue guerrilera.

Paradojas de la vida...

COMENZARON A TOCAR LAS GOLONDRINAS

En nuestro último día nos dedicamos a caminar en la ciudad de Guatemala, a las compras de regalitos, al regateo con los vendedores, utilizamos el transporte público, vimos dos museos y mentalmente hicimos el balance de lo visto y aprendido, porque los viajes de verdad ilustran, haciendo las obligadas y odiosas comparaciones, concluyendo que los guatemaltecos son una gente buena y amable, digna de un mejor destino, que aprecia y admira a los mexicanos, por su historia, la grandeza territorial del país y nos admiran porque nos consideran patriotas o nacionalistas; hace años un  nicaragüense exiliado me dijo que los centroamericanos veían a México como "un hermano mayor".

Lo creo y confirmo ahora.

Guatemala es un país pobre, pero también hay gente muy preparada, con alta educación y buena posición económica, que admiran a los gringos, su principal socio comercial, seguido de El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y hasta después, México; los principales visitantes son gringos; las marcas de carros son Toyota, Honda, Hundai y todas las japonesas y gringas en segundo lugar.

Hicimos maletas, nos despedimos de los empleados del hotel y a pesar de que nos íbamos a las 4 de la tarde, Cliford, generosamente, se ofreció a llevarnos, me dio un sincero abrazo y nos pidió que nos cuidáramos; por supuesto, fuimos a los únicos que nos llevó en su carrito y al despegar el avión, vimos los cerros tapizados del verde esmeralda, los picos de los tres volcanes que marcaron la vida de Guatemala, figuran en su escudo y poco a poco se cubrieron de nubes, porque el sueño había terminado.

Por Carlos Rodríguez

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