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Prevención de enfermedades

Riesgos de los anteojos no recetados

Los especialistas dicen que si bien en un principio pueden aliviar un problema, es habitual que con el tiempo generen complicaciones

La costumbre cada vez mas frecuente de comprar anteojos en supermercados o puestos ambulantes puede derivar en series perjuicios para la salud si no se tiene la orientación de un profesional que indique cuales son las necesidades de cada caso en particular. 

Este tipo de anteojos trae consigo diversos riesgos que podrían ocasionar a largo plazo graves daños en la vista, ya que por un lado, como se trata de un producto standard, no cuenta con los requerimientos específicos que presenta la visión de quien lo compra.

Por lo tanto, si bien en un principio se observa una memoria, es muy probable que con el paso del tiempo resulte perjudicial, pues el individuo debe forzar sus ojos para poder adaptarse al objeto.
 

Además las afecciones generadas por las dificultades oculares -como el dolor de cabeza- persisten si los anteojos que se utilizan no son los adecuados. 

Otro de los problemas que representa la compra libre es que se contribuye a que las personas mayores de 40 años -que son las que comienzan a tener dificultades para leer- no realicen un control periódico con un profesional en la materia. 

Incluso quienes se hacen acreedores de estos lentes cuando sienten que no ven bien, los cambian por unos con más aumento, pero esto también constituye un gran error. 

Existen casos, como el glaucoma, en los que el aumento de la presión ocular se presenta de forma paulatina. y como todo lo que es paulatino pasa desapercibido a simple vista, no puede detectarse -y por ende tampoco tratarse- sino a través de una consulta al oftalmólogo. 

Hay además numerosas causas por las que los especialistas no aconsejan la compra de estos anteojos:

En primer lugar se encuentra su baja calidad, que se manifiesta en una escasa protección contra los rayos ultravioleta, una inadecuada filtración de la luz solar y la dudosa exactitud de los cristales. 

Por lo tanto, ante la necesidad de mejorar la vista, lo correcto es consultar a un profesional, que no solo recetará el anteojo que se adapte a lo que cada uno necesita sino que también ofrecerá un diagnóstico total sobre la salud actual de los ojos, lo que permitirá la prevención de enfermedades o trastornos latentes. 

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