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Cuéntanos tu vida

Remembranzas, III

CASI UNA AUTOBIOGRAFIA...Te invito a sonreír un poco...

PERSONAJES

 Todos los pueblos tienen unos personajes especiales y por supuesto que Acaponeta no se iba a quedar atrás.

 De los que me acuerdo son de varios que llegaron a impresionar a mas de uno de los nuevos forasteros que llegaban para quedarse, o los que iban para arreglar sus asuntos.

 AGAPO. Un personaje de edad indefinida que se caracterizaba por usar sacos  dos tallas mayor que la suya y de su falta de aseo. Pues anunciaba su llegada con varios metros de distancia, no pedía limosna, pero yo me daba cuenta que por evitar su presencia y olor rápido le daban unas monedas.

 BLASITO.- Era una persona que escasamente sobresalía un metro diez centímetros, y que anunciaba con una gran “bocina” las películas que se exhibían en el único cine que en aquel tiempo había y  así,  yendo de esquina a esquina, y donde había un grupo de personas anunciaba con voz estentórea... “El cine Royal se enorgullece en presentar ....en premiere... y además anunciaba que ese día  (generalmente un martes .) Se verificaría una rifa en pesos de plata $50.00 pesos, que para aquella época era una suma respetable.

El resultado era espectacular pues se llenaba la sala de un cine que el dueño era nada menos que el Sr. Federico R. Corona, de quien comente antes.

Mi hermana Tere y yo, sacábamos los números premiados y por lo cual el Sr. Corona nos daba una moneda de plata de $5.00  y por supuesto la entrada gratuita , no nomás a esa función, sino que era un pase permanente. Recuerdo que había un piano vertical me imagino que era usado en épocas anteriores, cuando el cine era “mudo”.

 FIDELITO.- Este personaje era un indio autentico del grupo étnico huichol, y su función en la vida era tocar un violín, cosa que no lo hacia tal mal, pero al transcurrir varios minutos tocando una “sinfonía” monocorde, pues enfadaba y se veía la gente que lo escuchaba obligada a darle unas monedas para acortar en lo posible aquella música.  Siempre andaba ataviado con un elegante traje de huichol.

 Conocí en ese tiempo a un Sr. llamado Jesús que vivía en plena sierra casi limites con el estado de Durango, este señor  cada mes aproximadamente bajaba de donde vivía para comprar bastimento, sal , azúcar, café, etc. Y se surtía en una tienda de una Sra. muy amiga de mi Mama, viejo conocido de ella, dejaba sus provisiones en la tienda, se iba a vender unas pieles de tigrillo, que en ese tiempo eran bien cotizadas y no había control alguno de ninguna dependencia de Gobierno, las pieles que el vendía se caracterizaban por no tener ningún agujero de señal de balas, tenia pues los agujeros naturales de estos felinos.

Volvía a las pocas horas, pagaba en efectivo el costo de sus compras y le dejaba el resto del producto de su venta a dicha Sra. Tomaba únicamente unos cuantos pesos para irse a embriagar hasta perder la conciencia y despertar al día siguiente con una resaca, y la novedad de encontrarse en la cárcel del pueblo. El alcaide, conocido suyo, le permitía salir a traer el costo de la multa que la autoridad le había impuesto para recobrar su perdida libertad.

Recogía su dinero, iba a pagar su multa, regresaba a recoger un gran saco con su bastimento para irse a remontar otra vez a la sierra.

 Ahí fue donde lo conocí, en la tienda de  esta Sra. Y ahí lo aborde para que me explicara como era que sus pieles no presentaban ninguna huella de heridas de arma de fuego.

Muy sencillo, me contesto, el ponía una serie de trampas del tipo de cepo para la captura de osos, común en la región donde el habitaba, y ensamblado a estos cepos, iba una cadena de fierro soldada a la trampa, cadena que a veces media hasta tres a cuatro metros y en el  extremo libre fijaba un palo de mas de un metro, con un grosor como “de mi brazo” me decía, al caer el tigre en el trampa, este herido y enfurecido, huía arrastrando la cadena con la trampa bien fija en una de sus patas, y al poco tiempo en lo tupido de aquella selva, la cadena se enredaba en troncos y árboles de tal manera que prácticamente quedaba inmóvil, y exhausto al paso de las horas y presa de un gran dolor con hambre y sed, el animal empezaba a rugir de tal manera que sus rugidos se oían a una gran distancia, señal que era escuchada por Don. Jesús, quien provisto de un garrote, y envuelto su brazo izquierdo con costales de yute, se aproximaba al feroz animal para darle muerte, si,  ya lo adivinaron a garrotazos, hasta hacerle perder la vida.

Por eso el animal no presentaba huellas de impacto de balas.

Esta era la rutina de Don. Chuy que mes con mes bajada de la sierra con una provisión de pieles.

 PRIMERAS LETRAS...

  Me las enseño mi “Nina” (hermana de mi Madre) quien escasamente sabia leer, sin embargo con buena voluntad y paciencia de ella aprendí a deletrear mis primeras sílabas.

Me llevaron a una “Escuelita Parroquial” atendida por la Seño. María Luisa a escasos 200 metros de la Escuela Oficial, ahí aprendí por el antiguo método del silabario a leer mas o menos de buena manera, eso, y el Catecismo del Padre Ripalda eran la rutina diaria. Estuvimos ahí mi hermana Tere, Héctor mi hermano y yo, escasamente un año. Y para entrar a la escuela “oficial” de Gobierno recuerdo que me hicieron una pequeña prueba misma que supere sin dificultad alguna, automáticamente me colocaron en tercer año.

 Ahí conocí a mis amigos y compañeros de salón mismos que todavía conservo su amistad. De los mas cercanos (y mas vagos) se me vienen a la mente, Hector Gamboa, Agustín Zamorano, Rafael Díaz  Mallorquín, Danilo Alduenda, Armando León Cortés, Carlos Mallorquín, Andrade, Alaniz, José Angel López, Rafael Moreno, Pablo Alarcón, David Aftimos, Honorato  Meza, Rafael Sánchez y muchos mas.

 Por cierto, éramos un grupo sumamente heterogéneo de diferentes edades y estaturas, eso si, muy unidos, y en ese año si mal no recuerdo tuvimos mas de tres maestros pues no podían con nosotros.

 Teníamos a una Directora muy competente la Seño. Carolina Kelso, y como maestra titular a la profesora Consuelo León, hermana de nuestro compañero Armando, ella fue promovida a otro grupo, y llego un profesor llamado Veremundo quien trato de imponerse a golpes, patadas y amenazas, por lo que de inmediato uno de nuestros compañeros el mas alto del grupo, lo agarro por la camisa y sin ninguna dificultad lo levanto poniendo en claro que nuevos vientos en la educación corrían ya.

 En una tarde veraniega  y en plena canícula mandaron llamar a la que entonces estaba en turno una maestra llamada Benita, y ella sin pensarlo mucho se apoyo en su breve ausencia para que nos “cuidara” nada menos que a mi hermana Tere, quien de una manera harto cortes se presento ante el grupo y empezó a contarnos cuentos, y como dominaba el arte de la declamación se puso a recitarnos unas composiciones alusivas a la patria, al amor, etc.  Ante la rechifla de mis compañeros y mía opto por mejor “poner lagrimas de por medio” y se declaro incompetente para guardar el orden ante el beneplácito de todo el grupo...

 Llego entonces un joven maestro recién graduado, que de inmediato se identifico con nosotros, y preguntando quien era el mas valiente  de la clase, lo reto para darse un “agarre”, obvio es decir que sobraron candidatos pues se veía de constitución delgada y de mediana estatura, se aproximo Alaniz, el mas alto del grupo y le dijo:  Yo mero soy Maestro, en que lo puedo servir?  El maestro de nombre José Trinidad  Alcántar Maldonado lo invito al patio para ahí, de manera sorpresiva para todos y mas para el, lo hizo dar varias volteretas y conminándolo cada vez  a que se levantara y

siguiera la pelea, el maestro ni siquiera se despeino, y nosotros  vimos con estupefacción como nuestro adalid mordía una y otra vez el polvo.  Al darse por vencido y después de estrechar su mano y darle las gracias, el Maestro invitaba a algún otro a la lucha...Invitación que ninguno de nosotros acepto.

Desde entonces no hubo ningún problema en el difícil arte del binomio Enseñanza-aprendizaje entre el maestro y aquel aguerrido grupo.

 Dicho profesor acababa de terminar un entrenamiento especial en el ejercito, y era maestro en Jiu-Jitsu, técnica de moda pues estaba  finalizando la segunda guerra mundial, estoy hablando de 1945.

 Nos hicimos tan amigos de él, que con mucha frecuencia nos íbamos al salir de clases a bañar al río que nos quedaba relativamente cerca de la escuela y estando ahí, pues...pues...nos acompañaba a “incautar” unas cuantas sandias, riquísimas! Que se producían en la orilla opuesta con un magnifico sabor y con la mirada furibunda del dueño de la huerta.

 Las “pintas” que yo hacia en esa época –quinto de primaria- tenia que ver  con una magnifica amistad que yo tenia con un cohetero, que año con año en Navidad mi Padre contrataba para mandarle hacer un “castillo” de mediano tamaño, y que con previo permiso de la Presidencia Municipal se permitía ponerlo en las calles de Allende y Veracruz, precisamente enfrente de mi casa paterna, y en las fiestas de Navidad este era un espectáculo gratuito para “todo el mundo.”

 En las épocas pre-navideñas, mi Papa usaba toda la sala, para hacer un gigantesco Nacimiento, una verdadera obra de arte pues  mandaba hacer un especie de tablado donde poníamos con mucho cuidado y bajo su supervisión el pesebre, la Virgen, San. José, y todos  los animalitos correspondientes a tan fausto acontecimiento, se le añadía una pequeña bomba escondida atrás que impelába el agua hasta producir una especie de río, con su cascada y un lago en la parte mas declive, con los animales propios de ese medio lacustre.  Esto adornado con una profusión de foquitos, todas las tardes, hasta muy entrada la noche dejaba mi papa los dos ventanales abiertos para que las personas de cualquier condición social pudiera ver ese magno Nacimiento.

 Mi amigo, el cohetero

 Bueno. Pues mis faltas a la escuela era a su casa-taller donde el me enseñaba a hacer pólvora y artefactos afines, (cohetes, mechas, etc.)

 Una vez, que por cierto nos tocaba a los primeros de la lista, hacer el aseo del  aula que se acababa de dividir por medio de una barda, mas simbólica que resistente, y a mi me tocaba llevar la llave para entrar al salón, llave que me había llevado por olvido a mi “clase” de pirotecnia, desgraciadamente al no poder abrir el salón un compañero mío trato de brincarse para abrir por dentro y se vino la barda abajo llevándose en su caída a mi compañero fracturándose el brazo izquierdo.

 Cuando llegue a mi casa mi padre, ya enterado del desaguisado, me pregunto,  ¿Como te fue?....¿Que aprendiste?.... Y yo como si nada le conteste, pues la Biografía de Simón Bolívar. Y empecé a recitarle la tarea del día anterior...y...Que mas?...Me preguntaba...y yo, pues le seguía diciendo esto y aquello...Me paro mi perorata de una manera harto elocuente al enseñarme unas notas de gastos del Dr, Chan donde se incluía : unas radiografías, guata, vendas, vendas de yeso y atención medica de mi compañero que hacia unas horas se había fracturado al tratar de abrir el salón. Ya se imaginaran como me fue.... l

Se me olvida decirle que el Cohetero, mi amigo, le llamaban el “Chango” y de verdad  hacia honor a su apodo por su parecido con estos primates!

 Recuerdo que mi primer cohete hecho a mano completamente por mi, fue encendido por mi querido maestro Trinidad Alcántar Maldonado, y me imagino que ante la mirada incrédula (de que no  sirviera ) de todos mis compañeros de aula y la del mismo profesor se atrevió a encenderlo en medio del salón de clases!...Con muy buen resultado pues destapo dos o tres tejas  del techo del salón , salón anexo y fuera del patio central de la gloriosa Escuela Gral. Ignacio Zaragoza.

 A propósito de Pirotecnia, recuerdo que mi Papa era dueño de una Joyería pomposamente llamada “La Imperial”, que con mucho esfuerzo había apenas inaugurado, y al acercarse la temporada navideña se le ocurrió hacer un pedido de fuegos pirotécnicos a la Ciudad de México: (escupidores, pequeños cohetes, silbadores, buscapiés y un sinfín de artículos de pólvora) Los cuales estaba depositando en el cristal de un mueble que le servia de aparador de las joyas, me imagino que checando la lista del pedido con lo que estaba recibiendo.

El caso es de que estando yo en la Escuela , como a las 11 de la mañana, me fueron a avisar  que la Joyería se había quemado con mi Papa adentro, ya se imaginaran como salí corriendo a ver que es lo que había ocurrido. Cuando llegue estaba una multitud de curiosos viendo un espectáculo en plena mañana de una serie de bolas de humo, y llamas, que salían de la mentada Joyería, y mi Papa, afuera  viendo también como se le quemada su  inversión, tanto  de la Joyería como de su total perdida de su pedido de fuegos pirotécnicos, al llegar yo desaforado, le pregunte que como estaba, y lo vi bien, salvo un olor penetrante a pólvora, las cejas chamuscadas, parcialmente quemadas las mangas de la camisa y ahumados sus lentes, pero su  respuesta fue....Que estaba bien y que había “calado” un artefacto de pólvora sobre el mostrador y que se había   encendido todo aquello, y “satisfecho”, me comento...todo salió bien...todo  encendió!!!!  Nada falló!!!!!

 Los pleitos entre estudiantes eran escasos y generalmente era todo un protocolo, pues en primer lugar todo el mundo sabia que fulano y zutano se “verían” a la salida de clases, y nos íbamos una buena cantidad de alumnos a ver dicha pelea que se iniciaba con porras a cada lado de sus respectivos favoritos. En ocasiones no había pelea, pues de común  acuerdo se pedían disculpas y de ahí no pasaba, nos retirábamos todos  haciendo suposiciones de que  fulano le ganaba a zutano....Generalmente esta retirada honrosa iba precedida por los dos posibles contendientes abrazados y platicando de ...cosas de la vida.

 En otras ocasiones  era en serio, y el código de honor era pintar una raya en el suelo y retar al enemigo a que la pisara, y si esto ocurría se iniciaba la feroz pelea, que al terminar salía cada uno de los gladiadores  con un morete en la cara o un  chichón en la cabeza.

 En otros enfrentamientos un tercero ponía su mano entre los dos contendientes exhortándoles a que la escupieran...y sacar rápidamente la mano para que el salivazo llegara al rostro del  otro contendiente, esto era mas que suficiente para que la lucha empezara!

Estos pleitos eran siempre a “primera sangre”  esto es, al primer contendiente que presentara aun cuando fuera una mínima efusión de sangre se daba por terminada la pelea. Y posteriormente se daban la mano, y...aquí no ha pasado nada!

 Por dos ocasiones mis padres tuvieron la peregrina idea de que yo estudiara piano con una maestra muy famosa Dña. Agapíta Jordán, la cual de manera muy reticente no me quería aceptar como alumno y ante la insistencia de mis padres me designo una hora, de 2 a 3 P.M. Misma en la cual ella tomaba sus alimentos, y ahí me tienen, golpeando de manera poco adecuada las teclas de un vetusto piano, y después de tres a cuatro semanas me hablo con toda la franqueza de que  era capaz para comunicarme que, de una manera harto firme que les dijera a mis progenitores que de ninguna manera era yo un buen candidato para estudiar piano y que lo sentía mucho...!

 La otra ocasión fue invitado a la casa paterna un profesor de apellido Fonseca a que me iniciara en el difícil arte de tocar el Violín, y a pesar de poner todo lo que estaba de mi parte no lograba dar “pie con cuerdas”

Nunca mas insistieron mis padres en el bello arte de Terpsicore (musa de la música) de inducirme a tomar ninguna otra clase.

 Me acuerdo con nostalgia, cuando las familias nos reuníamos al anochecer y después de haber cenado, que ya de por si era todo un acontecimiento, pues estábamos todos reunidos alrededor de la mesa generalmente platicando sobre diversos temas, y tanto mi Papa como mi Mama llevaban la charla sobre la vida, la conducta humana ,los acontecimientos del día, los tópicos de actualidad, los acontecimientos de cada uno de nosotros y no faltaba la frase chusca de mi Padre o de algunos de mis hermanos.

 Y luego, como colofón, venia el consejo sabio, oportuno, fruto de la experiencia en la vida de mis progenitores.

 

José B. Algarín G.

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Por JOAQUINMURRIETA


enplenitud.com - Autor José B.  Algarín G.
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