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La relación con nuestros hijos

Qué necesitan los niños y adolescentes de nosotros, los adultos

Aunque no nos demos cuenta ni nos lo hayamos propuesto, estamos educando sexualmente a nuestros niños desde que nacen hasta -por lo menos- su juventud. Aquí respondemos a las dudas e inquietudes que con mayor frecuencia plantea esta situación a padres y abuelos.

Lo mismo sucede con quienes trabajan en su asistencia. Conscientemente o no, voluntariamente o no, las actitudes de los adultos influyen en el aprendizaje sexual de los chicos.

Las experiencias de los primeros años de nuestra vida, nos marcan la dicha o desdicha de nuestra vida adulta.  Por ello, es fundamental que los adultos-padres, docentes y profesionales que trabajan con menores- tengamos en cuenta que:

·        Los niños necesitan reafirmarse en su YO SOY desde pequeños con el fin de que a lo largo de su vida puedan recuperar el equilibrio perdido ante toda  crisis, con el menor sufrimiento psíquico posible.

·        Los chicos reconocen nuestros gestos, nuestro tono de voz; se dan cuenta de nuestras incoherencias entre lo que decimos y lo que hacemos, de nuestros miedos, ansiedades y conflictos, aunque callen por temor o vergüenza.

·        Si tomamos una actitud afectiva demostrativa, clara y segura, ellos nos imitarán con confianza.

·        Así mismo, si somos fríos y distantes o los rechazamos, sentirán que el cariño no se debe expresar. Los chicos aprenden lo que viven, y nos toman como modelo.

·        Para crecer sanos y felices, disfrutando de una futura sexualidad adulta con plenitud- nos necesitan seguros y cariñosos, firmes y claros, ni débiles ni todopoderosos, ni indiferentes ni sobreprotectores.

No es fácil, pero podemos empezar a intentarlo permitiéndonos ser personas con virtudes y defectos, concientes de éstos, coherentes y comprometidos con la vida.

·        Tratemos entonces de hacerlo desde una actitud conciente, afectiva, reflexiva y positiva hacia la sexualidad.

·        Pensemos en nosotros mismos, en nuestros valores, creencias y prejuicios.

·        Seamos espontáneos en nuestras conductas, aún con nuestros temores y vergüenzas.

·        Respetemos sus experiencias y su intimidad.

·        Sepamos escuchar hasta sus silencios ante situaciones de índole sexual, para rescatar la pregunta sin palabras y motivar el diálogo.

·        Recordemos que nosotros también respondemos sin palabras y que ellos las decodifican.

·        Informémonos, investiguemos, aprendamos nosotros junto con ellos; aún arriesgándonos a ser cuestionados.

·        No deleguemos en otras personas las respuestas a su curiosidad sexual. No necesitan sólo información, nos necesitan a nosotros.

·        Utilicemos un lenguaje simple, claro, preciso, sin irnos por las ramas ni responder más de lo que nos están preguntando.

·        Respondamos siempre con la verdad, aunque nos dé pudor. Permitámonos sentir ese pudor. Los chicos necesitan confiar en nosotros; no los defraudemos.

Tomando en cuenta los distintos momentos evolutivos podemos decir que la oportunidad de educar sexualmente al futuro niño comienza ya en el período prenatal mediante las actitudes positivas de los padres ante la sexualidad y la adecuada información para una paternidad y maternidad responsables.

Ante los adolescentes, los adultos solemos revivir nuestra propia adolescencia y solemos intentar que repitan nuestra historia o que logren aquello que nosotros no pudimos.  Tal vez lo más difícil para nosotros sea dejarlos ser y encontrar su propio camino, sin que ello signifique abandonarlos.

Los adultos nos enfrentamos con rivales fuertes y muchas veces negativos con respecto a la educación de los valores y la sexualidad de los adolescentes: los medios de comunicación, el grupo de pares y la propia rebeldía que tiende a desacreditarnos.

Sin embargo, los adolescentes nos necesitan para saber, para aclarar, para apoyarse en nosotros, para confiar.

Necesitan aprender:

·      Que el sexo no es un objeto de consumo rápido y descartable. El afecto es fundamental en el intercambio de placer.

·      A no iniciar su vida sexual activa sólo por moda, por impulso o por seguir a su grupo y no pasar por tonto.

·      A no adoptar compromisos por los que no puedan responder.

·      Que existen otras conductas sexuales también gratificantes y que no tienen los riesgos del coito realizado con inmadurez e irresponsabilidad.

·      A valorar el juego sexual aunque no lleguen al coito. Esta conducta incluida en el futuro como previa al coito es imprescindible para una vida sexual satisfactoria. La sexualidad placentera es más que la gratificación genital.

·      A no entrar en el comercio del sexo; la experiencia de la prostitución deja sabores amargos y muchas veces trastornos sexuales futuros.

·      Que cuando decidan comenzar a ejercitar su sexualidad coital lo hagan con responsabilidad, cuidado y respeto hacia sí mismos y su pareja.

·      Que en general la primera experiencia sexual no es muy satisfactoria, ya que el desconocimiento, el miedo, la vergüenza, la ansiedad no permiten entregarse a sentir realmente. No es preocupante, con cada nuevo encuentro sexual irán aprendiendo a conocerse y conocer a su pareja y se irán sintiendo mejor.

·      Acerca de los métodos anticonceptivos, las enfermedades transmisibles sexualmente, el embarazo adolescente y el aborto. Sus consecuencias y prevenciones.

·      A pensar en conjunto qué es lo normal en sexualidad. Tema difícil de encarar, ya que lo normal dependerá de cada sociedad, de cada época histórica, de cada persona e incluso de cada momento vital de una misma persona. Podemos pensar sí en qué es aceptable en sexualidad:

Todo aquello que sea realizado de común acuerdo, sin incluir menores, sin forzar ni violentar al otro, sin hacer daño físico o psíquico. Hasta un beso es anormal cuando no se lo desea.

Así como está en nosotros la semilla de la vida, también lo está la semilla de la educación de nuestros hijos, pacientes y alumnos.

Al educarlos sexualmente desde una actitud positiva y conciente, los estamos educando para el amor, para un desarrollo sano de su personalidad y para el conocimiento y afirmación de sí mismo y de su relación con los demás. 

El permiso y la legitimación de sus cambios y necesidades no provocan excesos, sino que los alivia, les evita sentimientos de culpa y les facilita sentirse comprendidos y reconocidos

Ante situaciones sexuales planteadas por los chicos, los adultos suelen asumir actitudes distorsionadas por mitos, miedos y prejuicios que sólo los llevan a defenderse desde la parálisis o la negación.

Para una Educación Sexual eficaz de los niños es necesario que los adultos rehagan totalmente su propia Educación Sexual.

Este proceso de revisión personal les permitirá aliviarse y preservar la propia salud emocional y sexual.  En un  contexto de crecimiento, contención y reflexión compartida podrán revisar su formación personal, sus preconceptos, temores y desinformación.

El saber sexual es liberador. Lograrlo y mantenerlo disminuirá la problemática sexual de nuestro tiempo, pues la sexualidad se volverá más libre. Libre en el sentido de responsable y respetuosa.

Habrá de cambiar el signo que promueve las actividades sexuales: de la irresponsabilidad y la compulsión actuales se podrá pasar a la responsabilidad libre y respetuosa.

La tarea preventiva con niños y adolescentes no culmina con ellos, ya que hacerla extensiva a los adultos responsables, a los convivientes y a quienes tienen funciones educativas y sanitarias permite multiplicar el esfuerzo, reforzar la tarea realizada con los menores y transformarlos en agentes de cambio.

En este sentido, la familia, los profesionales, los docentes, los funcionarios, los productores de los medios de comunicación, la comunidad adulta toda tenemos la obligación de tomar conciencia de la necesidad de acompañar y ayudar a los niños y adolescentes a encontrar un camino saludable, con luz, contenido, sentido, libertad y responsabilidad.

 

Virginia Martínez Verdier

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