Manual de la buena convivencia para padres desesperados...
A estas alturas del partido, cuando cualquier ser pensante entiende y comprende que la
convivencia con quien fuere, puede ser una panacea, pero que si no se ponen l�mites, normas y se establecen algunas pautas, que se sospeche que a veces la convivencia puede convertirse en una especie de mortal combat, no creo que traume a nadie, ni pensar aunque sea una vez que parece que una termina durmiendo con el enemigo, supongo que tampoco. Ejemplos, si una no siembra un poco de buena voluntad, sobre abundan para ilustrar semejante aseveraci�n.
Por algo se dice que, el casado: casa quiere. En obvia alusi�n de que a los padres los adoramos, amamos, etc. Sabemos que son lo �nico incondicional en la vida y que nosotros seremos incondicionales con nuestros hijos, porque es la ley de la vida y blah, blah, blah, pero los padres y nosotros tenemos un problema, a la hora en que nos convertimos, por ley natural de la vida, en suegros, nueras, yernos, etc.
O nuestros padres se convierten en abuelos/as. Ah� si, si, la cosa estaba complicada se complica del todo mientras vamos por la vida y por l�gico acontecer vamos sumando roles. Podemos parecer de un momento para otro: los Campanelli, los Benvenuto, familias famosas televisivas de anta�o, o la regla de las mafias con uno como padrino y el resto como mafiosos de la m�s pura cepa.
Ah� comprendemos que toda convivencia requiere de un control de nervios, como de esf�nteres poco menos; el buen ejercicio que implica tomarse todo con calma y proceder a vivir abonado a la idea de una armon�a perpetua, sino, todos los d�as arde Troya, Roma y toda la Acropolis junta.
Otra cosa que demuestra la convivencia es que: estar excesivamente junto, como, su opuesto, estar excesivamente separado no le hace bien a nadie, por m�s bienintencionado que seamos. Entonces, habr�a que pr�cticar para llegar a una distancia �ptima de uno con el otro. De esto entienden perfectamente los puercoespines, ellos encontraron la manera de estar todos arrinconados, juntitos todos juntitos, sin matarse a pinchazos. As� que si ellos lo lograron, alguna manera habr� para que nosotros seres humanos, racionales y pensantes no nos matemos por h o por b en cualquier convivencia.
Por ejemplo, supe alguna vez cuando les lleg� un momento a mis queridos viejos en que ambos y motu proprio, deseaban dejar de compartir el lecho nupcial y cambiarse a camas individuales y completamente separadas. Eso s�, con la salvedad de que si quer�an rememorar viejas �pocas, las camas tuvieran la posibilidad de reunirse nuevamente y ellos tambi�n y como Dios manda. A m�, eso de dormir en camas separadas con el marido me parec�a sacrilegio.
Claro, est�, hasta que crec� y tuve marido. Porque las escenas de box que recreaba en la cama dormido, hac�an que yo tuviera un sue�o interruptus y que las almohadas sirvieran de escudo protector. Siempre y cuando no me hartara de estar insomne, con sue�o, pero a la defensiva de cuando llegar�a el cross de derecha y me diera un nock out, y optara por devolv�rsela.
Convirtiendo el King size en un cuadril�tero, que terminaba sirviendo para un posterior kamasutra que nos dejara m�s cansados, de cuando hab�amos empezado toda esta contienda. A ver si de una vez por todas se avivaba de que me la estaba dando. Porque despierto era todo un gentleman, incapaz de levantarme la mano.
Lo juro por los santos evangelios. As� que la secuencia era m�s o menos as�: se despabilaba, entend�a, despu�s de unos cuantos segundos, en los que yo cre�a estar hablando en arameo, de que se trataba el asunto: por lo cual en medio de la noche yo me despertaba furiosa, me ped�a disculpas y una vez desvelados por completo practic�bamos las posiciones faltantes, tratando de completar los cap�tulos del libro secreto del sexo Hindu. Mientras segu� coleccionando a�os, es decir creciendo, supe que muchos y muchas eran los adeptos de camas separadas y nunca m�s cuestion� los porques del asunto.
Pero las
convivencias dif�ciles no son solo patrimonio de las parejas o desparejas. Sino que las guerras de los roces se suscitan entre padres, hijos, hermanos, mascotas y otras yerbas. Incluidos los mosquitos y las cucarachas pero a esa fauna ya directamente se la combate en guerrillas cotidianas con mata bichos a mano; denegando por completo forma alguna de convivencia. Ya que se resuelve muy sencillamente: o ellos o nosotros en la propiedad. Ambos juntos somos imposible de convivir bajo todo concepto.
Inclusive entre los amigos, que supuestamente elegimos, la convivencia anda complicando las cosas. Prueba de esto es que cuando mi amiga se vino a vivir conmigo nos peleamos como una consecuencia natural de la cercan�a de l�mites de ella y los m�os m�s los de mis hijos m�s los de sus hijos. Conclusi�n una vez me desafi�: -�no hagas tal cosa porque yo hago tal otra y te va a doler.
Te lo aviso: lo hago para que veas y entiendas lo que se siente�. Yo, ya, ciega de bronca la desafi�. Ella sabe que yo amo las gaseosas cola y son una de mis adicciones; por lo tanto y para hacerme saber lo mal que se sent�a, me lo grafic�, blandiendo la gaseosa ante mis ojos, con lo cual le dije: �bueno, que la batas no me importa, puedo soportar mi vicio sin gas�. Encolerizada fue con mi preciado tesoro de 2 litros de l�quido adictivo y lo volc� de lleno en el inodoro.
Satisfecha bati� sus palmas se�alando as� que el asunto hab�a concluido y pase� su mirada triunfante por mi alevosa derrota. Me hab�a dolido en el alma, semejante derroche. Por la noche y m�s serenos los �nimos, me restauraron la gaseosa y le sum� un chocolate en son de paz. Que rompi� mi enojado y testarudo silencio de mula empacada. Si la cosa segu�a, iba a ser durmiendo con mi enemiga, el pr�ximo cap�tulo de la convivencia.
Entre hermanos la cosa no mejora, es m�s, empeora. Cada
tarea dom�stica compartida es un cuestionamiento absoluto que termina en una monarqu�a absoluta, al son de: �en esta casa mando yo y se hace lo que yo digo�. Y con eso concluyo toda la deliberaci�n previa: que consiste en explicarle a los dos energ�menos que la vida me dio, que una tiene todo el derecho del mundo a vivir en un ambiente limpio de todas las cosas y que ellos, contribuyen exactamente a lo contrario. Van de ac� para all� sembrando migas, objetos escolares tirados y desparramados. Otra de las cosas que no facilita mucho la convivencia con ellos es que todos los d�as, debo insistir, en comunicarles que un ser humano que se precie de tal, se ba�a, se peina y asea los dientes, m�nimo.
Otras inquietudes capaces de hacer temblar la paz hogare�a: Las preguntas de rigor son:
-Hermana mayor: �por qu� lo tengo que hacer yo?
-madre: porque sos la m�s grande,
-hermana mayor y adolescente: �qu� vivo!, -refunfu�a mientras que media hora despu�s va a concederme la dicha de cumplir con mi pedido�
-Hermano menor: y yo soy chiquitito y no sabo. Retruca el pich�n de vivo, como lo bautiz� su hermana. De paso ca�azo comunica a todos que va a ser abogado cuando sea grande.
Algunas frases que har�an la delicia de un psic�logo, listo para ofrecernos un div�n familiar.
Che, est�pido. -Manda la hermana.
Qu� tarada, -responde el hermano. En el medio la gata se escabulle, a ver si, todav�a, la liga ella, de paso ca�azo como salvoconducto del aburrimiento de los hermanos macana, en que se han mimetizado mis hijos.
De todos modos y maneras, he de concluir que cuando la casa est� ordenada, en silencio sepulcral, como cuando la pido cuando estamos todos los que somos y todos los que estamos habitualmente, le falta algo. Le falta el bullicio de todos, con sus risas inclusive con sus enojos, porque no solo la limpieza, el aseo y el orden la constituyen, sino que todos con todo junto, hacemos un hogar, que a veces es un hogar dulce hogar y que otras parece un todos contra todos, pero en fin, parece que en algunos casos as� funcionan las leyes de la vida y las leyes del querer.