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Reforzando la pareja

Oíd Mortales el grito de un ama de casa desesperada

Hombres necios que acusáis…

A las que exclusivamente son amas de casa, a pesar de que son muy pocas y corren peligro de extinción, se les endilga de parte del resto de la comunidad que no ostenta esa exclusividad y en nombre de: “porque vos no trabajas afuera…un montón de cosas.

Muchas veces, acto seguido y por si fuera poco, acotan frases del estilo: “sos una vaga que miras telenovelas todo el día. 

Con dichos de ese tenor y sus variantes pueden continuar así de lo más campantes, escudados en sus interminables jornadas laborales, que en algún momento terminan, por cierto, acusando a los demás que andan por la vida practicando el “vagabundismo” no sea cosa que, encima, pudiera ser contagioso. 

Es un hecho, para la mayoría de las personas, incluida otras mujeres, las faenas del ama de casa no son trabajo. 

Y esa denegación no es solamente por una cuestión de falta de remuneración.  Ignorando que una mujer puertas adentro de su hábitat, siempre está haciendo algo por el hogar y por sus integrantes. 

Hasta por la mascota, desde lo mínimo indispensable como ordenar y distribuir las cosas en placares y cajones, hasta limpieza profunda, con o sin ayuda extra y doméstica, retribuida. 

Pero claro, como explicar, que aunque con ayuda y sin ayuda, remunerado o no, como la mayoría de las innumerables veces, también es labor.    

Por supuesto que, si los que tienen la voz cantante y trabajan afuera, son parejas o hijos, habría que desasnarlos mencionándoles que, las camas todavía no se tienden por inercia ni ningún programa computadorizado para tal fin. 

Que los desayunos, inclusive los de la oficina, no se auto preparan y menos que menos, aún, se auto sirven; una mano, generalmente femenina, lo hace por ellos.

Que las corbatas no tienen extremidades y voluntad propia como para sujetarse por si mismas en el placard, ni sus calzoncillos pueden trepar a su lugar de origen por si mismos. 

Que las medias, nacen de a pares solamente cuando una las compra, por lo tanto para que el milagro vuelva a sucederse, deberían contar al menos con un alma caritativa que las lave, seque y ordene de a pares. 

Muy pocos hombres hacen del orden personal y de su propia casa una causa personal, con lo cual, a esos que también corren el peligro de extinguirse, todos mis respetos, para los otros, en cambio, cultores del trabajo con desorden incluido, lamento desilusionarlos. 

Es pertinente aclarar que así se cuente con ayuda doméstica extra el hogar fagocita las 24 horas del día y le cuesta mantenerse en condiciones óptimas de aseo y orden, si alguien no lo mantiene. 

Y no, precisamente, por arte de la magia.  Sino, abría que convocarlos a hacer el experimento de suspender por unas cuántas horas la organización hogareña y van a rezar porque el caos se enmiende, solo o con ayuda. 

Y cuando claman por ella, los expertos no han sabido dictaminar, porque rara causa de la naturaleza, llaman a una mujer. 

¿Será una cuestión de cromosomas?  

El horario de un empresario es flexible, en la generalidad de las veces.  Ni que hablar que el único jefe sea el mismo  por más que después sea una máquina de sumar horas. 

El de una mujer, se sabe cuando empieza pero jamás cuando termina.  Si está sola con su pareja, la mujer piensa: pobre, como lo voy a dejar desayunando solo. 

Mejor, me levanto con él y se lo preparo.  Si se queda remoloneando con Morfeo, siente una culpa bárbara.  Ergo, su día comienza con el de él. 

Si tiene menores a su cargo, a veces en esa categoría se le suma el marido o consorte cuando demuestran ser absolutamente infantiles, indefectiblemente, inicia sus tareas muchísimo antes del mediodía. 

O sea siempre su horario es a.m,  que puede empezar desde que empiece a clarear el alba.  Ir al toilette primera para acicalarse puede ser uno de los pocos privilegios matinales porque después se produce el estado de sitio. 

Toda la tropa tiene que prepararse para estudiar o trabajar; así que, con guardia del perro o del gato detrás de la puerta, salen del mismo solo, cuando la cocina despide aroma a café y pan recién tostado. 

Con medio de transporte propio o ajeno una mujer siempre va volando para llevar al más chiquito a la escuela. 

Suele  tener tan pendiente el horario de entrada que parece grabado a fuego en su memoria, para que no llegue tarde y si aún así lo hace,  siente el cartelito de mala madre del mes, colgado en la yugular. 

Cuando a veces no hay plata que alcance para el cable, con lo cual el canal de las novelas, se ve lluvioso y hay que pelearse de tal manera con la antena que es preferible renunciar en pos, de la cantidad de ropa para lavar y para planchar, es posible abstenerse del programa favorito. 

Ni que hablar si san lavarropas renunció ante tanta montaña de ropa junta.  Lavar a mano, no es un trabajo muy cómodo que digamos. 

Si, claro, siempre esta la opción de una casa de lavado rápido y caro pero más allá del delivery, alguna vez algún integrante de la casa debe acarrear las bolsas y bolsas de ropa. 

Otra cuestión existencial de la manía de generalizar, es la conjunción obligatoria de los  detractores del trabajo de un ama de casa: para ellos todas miran novelas. 

No, no y no. Es hora de destruir el mito.  Hay algunas que no la prefieren.  Optan por un libro, revista,  algún pasatiempo o alguna vocación dormida, que por supuesto pueden mechar, se supone, entre recolectar tanta vajilla distribuida por toda la casa y/o juguetes varios, objetos varios no identificados, etc. más ropa encimada de todas las sillas o muebles. 

Indefectiblemente la fauna de la morada léase: gato, perro o loro que si no comen, cualquier tobillo de cualquier integrante de la casa les vendría bien para saciar su estómago. 

Ni que hablar de asearles su baño privado sino abrir la puerta del lavadero que es su habitación privada o del departamento se tornaría insalubre. 

De la misma manera que el proceso de determinar si una ropa está más o menos usada también.  No hay otro remedio que usar el sentido del olfato y eso también se torna insalubre. 

Si los muebles no se sacuden y las sábanas tampoco la colonia de ácaros se instalaría para siempre en nuestras cuerdas vocales. 

Si esto no es trabajo, ¿el trabajo dónde está? Pero claro, para eso está una mujer,  más exactamente el S.O.S es dirigido a un ama de casa. 

En búsqueda del tesoro perdido

Quién mejor que ella para detectar, a lo indiana Jones, los tesoros perdidos en el momento justo.  La escarapela del último acto que jamás está a mano. 

El botón de la camisa que se disparó justo cuando el marido pretendió prenderlo.  La media nueva que Romeo, el felino inútil se llevó a sus aposentos. 

La bufanda que a Margot, la gata, le encantó para no tener frío después de bañada.  Y el título de Perito Mercantil, que sin querer, se le atravesó a las rejas de la jaula del loro y con él, Tito, tal el nombre del plumífero, aligeró su mortal aburrimiento. 

Para cuando se terminó de asear todas las áreas de la casa, pequeña o grande.  Se procedió a lavar todos los platos de la última comida. 

Se sacó a pasear al can, se preparó el almuerzo y alguna que otra opípara orgía dulce para la merienda, llega la hora de buscar al gurrumín. 

Cuando él llega, el grito resuena por todo la casa: a merendar se ha dicho, a hacer los deberes, a bañarse y llega el hombre de la casa preguntando inocentemente: qué hiciste hoy querida.   

A la querida en cuestión le da ganas de retrucarle ¿qué no he hecho? Sería la pregunta correcta. 

En vez de eso, trata que las mejores galas que se puso no pasen desapercibidas para reconquistarlo otro día más y lo conduce después de una cena, que siempre se sueña a la luz de la velas pero que nunca se procede a realizarla, a  menos que se corte la luz, al dormitorio para ver si no los vence el sueño del cansancio y cumplir con gusto los deberes maritales y convencerlo de que un ama de casa es un mal necesario y que aunque no sea remunerado no para de trabajar.

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Mónica Beatriz Gervasoni

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Mónica Beatriz Gervasoni

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