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Nostalgia

Los viejos videojuegos no han muerto… tan sólo se han vuelto coleccionables

Aún puedo oír los gritos de muerte de esos pequeños astronautas a los que no pude rescatar de las naves invasoras del espacio. En realidad, no se de cuantas muertes fui responsable 20 años atrás, mientras jugaba al “Defender” durante largas sesiones...

Gracias a sus colores fosforescentes, sus movimientos frenéticos y sus repeticiones interminables, los videojuegos se imprimen en nuestras retinas, nuestro subconsciente y nuestra memoria.

Cualquiera que se haya rendido al encanto adictivo de estos juegos lo sabe. Y fueron muchas las generaciones que soñaron con los Pac-Man, los Asteroids, los Space War, los Mario Bros y los Sonic.

Cuando los primeros videojuegos saltaron a escena a principios de los años setenta, muchos de nosotros intuimos que esos jueguitos que todo el mundo disfrutaba serían algún día un objeto de colección, al igual que los autitos de colección, las muñecas, o las estampillas.

Pero en una industria que se renueva completamente cada cuatro o cinco años, los tiempos parecen acelerarse, y hoy en día, 30 años mas tarde, ya existe toda una subcultura de los “videojuegos clásicos”, cuyos adeptos buscan comprar software de juegos en desuso y artefactos para su utilización, como ser las computadoras commodore 64, los attari, o los collecovision, con sus respectivos cartuchos, cassettes y joystics, así como adaptadores que le permitan utilizarlos en las modernas computadoras personales.

 Ahora, estos clásicos videojuegos tienen su propio libro “Supercade: La historia de los videojuegos entre 1971 y 1984”, donde se cuenta desde los primeros pasos para lograr videojuegos (Un primitivo juego de tenis fue desarrollado por el MIT en los sesenta) hasta el primer juego creado íntegramente para PC, el Space War, a los mediados del 80.

Su autor, Van Burnham relata muchos de los obstáculos que debieron saltar los programadores Steve Jobs Y Steve Wozniak para diseñar el Breakout, o como se las ingenió Eugene Jarvis para hacer caber el código entero del Defenders dentro de una memoria de sólo 24 k, así como la extraña forma en que el juego “Donkey Kong”(Burro Kong) recibió ese nombre (fue una mala traducción del original japones "Gorila Furioso") entre muchas otras anécdotas.

El libro también es una crónica meticulosa de los largamente olvidados productos de hardware para esos anticuados juegos, poniendo especial atención en las posibilidades de utilizar el software en las modernas PC.

Pero existe una cuestión mucho mas importante, a la que el libro hace una referencia implícita. En los últimos 30 años, la tecnología se desarrollo de una manera fascinante, y junto con el microchip, los videos juegos reemplazaron las imágenes crudas, lentas, y de solo dos dimensiones por otras coloridas y en 3D.

Pero esa evolución tecnológica no significa que los nuevos juegos sean mas divertidos... para jugar.

 Solemos cambiar los videojuegos, pero no el ajedrez que compramos hace varios años. Y ese ajedrez no es peor que el que podemos comprar en la actualidad (de hecho probablemente poseían mejores materiales).

Lo que "Supercade" sostiene implícitamente es que si los juegos de ayer pueden ser tan buenos (o incluso mejores) que los de hoy, tal vez estemos malgastando dinero al comprar nuevos videojuegos.

 Luego de leerse de un tirón sus páginas, que hablan de las modernosas naves Space Invaders, de las multicolores armadas del Galaxian y el Galaga, los túneles del Dig Dug, los psicodélicos cuartos del Centipede y el Millipede, todos ellos iconos visuales a los que Burnham denomina “la edad de oro de los videojuegos”, uno no puede dejar de preguntarse que hizo que los jueguitos que se desarrollaron durante esos tiempo perduren hoy en día de forma tan notable.

La respuesta es, por supuesto, subjetiva: para la mayoría de nosotros, la "edad de oro del videojuego" se desarrollo durante los años en que éramos adolescentes, mucho mas susceptibles al encanto de las novedades, y teníamos el tiempo necesario para disfrutar de esos cosas.

 

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La Redacción

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Postales de vida

Hubo un tiempo en que la gente utilizaba las postales al igual que nosotros usamos el e-mail, es decir, para realiz

 

La primera postal fue introducida en Austria, en 1869, por el Dr. Emanuel Hermann. En una de sus caras, tenía un espacio para redactar un mensaje, mientras que en el otro, había un lugar para inscribir la dirección.

 Sin dudas, eran mucho más prácticas que la carta, ya que no requerían sobres, su franqueo era más barato, y brindaban la oportunidad de mostrar el lugar en el que se estaba residiendo o visitando. Para 1900, las postales ya se contaban por miles, y no había persona que no tenga una colección de ellas.

La evolución de las postales

 Al analizar la evolución de las postales, se pueden descubrir 7 etapas diferentes

 1. La era pionera, 1893-1898: Para 1893, las postales empezaron a comercializarse en Estados Unidos, más precisamente en la Columbia Exposition Chicago, y rápidamente se propagaron por toda América. Estas postales, que suelen aparecer con las estampillas de los presidentes de aquel entonces, se dividían en tres categorías: “Souvenir Card”, para entregar como obsequio, y “Mail Card” para enviar cualquier tipo de mensaje.

2. La era de las postales privadas, 1898, 1901: Se empezó a oficializar en toda América el permiso para imprimir postales con sello postal propio. Estas postales solían tener la inscripción “Private Mailing Card” o “Tarjetas de Correo Privadas”.

 3. La era del mensaje delantero, 1901, 1907: Por esos años, se comenzó a utilizar una postal que poseía un espacio a la izquierda del frente para escribir el mensaje, y otro detrás, solo para incluir la dirección.

 4. La era de la dirección y el mensaje trasero, 1907, 1915: Aquí, ya se podía incluir el nombre y la dirección en el reverso del cartón.

 5. La era del borde blanco, 1915, 1930: Para ese entonces, comenzaron a importarse postales de Alemania, que por su baja calidad, eran retocadas en los Estados Unidos.

 6. La era de las “económicas”, 1930, 1945: Durante ese lapso, se empezaron a masificar por su bajo precio.

 7. La era del fotocromo, 1939 al presente: parecidas a como las conocemos ahora, con mucho color y brillo. Se comenzaron a utilizar para hacer propagandas de hoteles, moteles, motos, automóviles, o negocios, y se empezaron a entregar gratuitamente en estaciones de servicios, restaurantes, hoteles, teatros, y estadios.

Esta masificación en el uso de las postales, produjo que casi todas las personas enviaran o recibieran alguna, por lo que en la actualidad, a través de ellas, se pueden rastrear muchos vínculos familiares.

 Introduciéndose en las postales

Tomas Glus, un empresario de Estados Unidos, no estaba tan interesado en sus raíces genealógicas, puesto que no tenía familiares perdidos, como sí en conocer en el pueblo donde ellos habían vivido. Esto pudo ser resuelto por una postal enviada por su abuelo, que tenía inscripta la frase “esta es mi ciudad” en el frente, en donde se podía observar una estación con el nombre de la ciudad.

 Es que en ese entonces, era muy común que las postales posean la fotografía de las estaciones de tren, de las escuelas, parroquias, calles, negocios, u otras instituciones.

De hecho, es muy posible que se sorprenda de la gran cantidad de postales que había sobre su pueblo o ciudad, sobre a partir de 1900, cuando se masificó la fotografía, mostrando inclusive sus rincones más escondidos. Esas postales, se pueden comprar hoy en día por pocos centavos.

 Las postales suelen ser entonces una excelente manera de ver el paso del tiempo, comparando la fotografía del lugar tomado décadas atrás, con ese mismo sitio en la actualidad.

Familia y amigos

Las postales también le permiten identificar a miembros de la familia y amigos. Son varios los casos de personas que tuvieron en sus manos postales firmadas con el nombre y apellidos de quienes las enviaban, y que luego se comunicaron con personas que poseían ese mismo apellido en la guía telefónica, ofreciéndoselas así a quienes deseaban tener objetos de sus antepasados. También, pueden ser recontactados familiares de amigos de nuestros ancestros, o parte de su familia política, ya que los nombres y apellidos de los parientes de estas personas, figuraban en alguna de nuestras postales.

Encontrando postales

El primer lugar para encontrar postales es en las cajas de fotografías y/o cartas que guardamos en nuestros roperos. Pero además, y por unos pocos centavos, podemos conseguirlas en las casas de antigüedades, ferias, puestos de venta de revistas y libros usados, e internet.

 Los investigadores afirman que no es muy difícil conseguir postales usadas, y tampoco dar con la de un familiar si es que ésta todavía existe, ya que la red de ventas es relativamente pequeña, y un vendedor suele contactar, en caso de no poseer lo que se busca, con otro vendedor.

 Muchas personas evalúan las postales por el estado en que se encuentran. Pero nosotros pensamos que las mejores son aquellas que tienen inscriptos mensajes, ya que tienen más vida, son más interesantes, cuestan menos, y pueden otorgarnos mucha información. Por lo tanto, revise su alrededor y fíjese que postales puede encontrar... para ilustrar su pasado.

Para buscar en internet

En internet, existe una gran cantidad de sitios (en inglés) destinados a las postales:

Internet Postcards and Collectibles Club: www.web-pac.com/mall/club/default.htm

Jim Mehrer´s Postal History: www.postal-history.com

Metropolitan Postcard Collectors Club: www.metropc.org

Postcard International: www.vinagepostcards.com

Web-Pac Antiguedades, Postales, Autógrafos, estampillas, y todo lo relacionado al correo: www.web-pac.com/mall/


 

 

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