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Coleccionismo

Las viejas fotografías, un tesoro de historias ocultas

Muchas fotografías olvidadas en nuestras casas o las de nuestros padres pueden contener historias ocultas de mucho valor aún cuando, en apariencia, sean inidentificables. En esta nota, algunas ideas para poder aprovecharlas, y guardarlas con más cuidado…

Existe un viejo refrán que señala que una foto vale más que mil palabras. Pues bien, las viejas fotografías de la familia valen más que un millón. Y de hecho, estos cartones y recuerdos descoloridos, pueden proporcionarle enormes pistas sobre los nombres, fechas, y lugares, así como ocupaciones y orígenes étnicos, de varios de sus antepasados.

Encontrar una vieja caja de fotografías familiares puede, para muchos genealogistas, ser lo mismo que descubrir un tesoro enterrado. Si ellas tienen escritos subtítulos (lo que se solía hacer comúnmente años atrás), serán sin dudas largamente provechosas, pero si no es así, también podrían ser muy útiles.

Comencemos con las fechas. Si no existe alguna forma de ver, por medio de la fotografía, cuan viejo es el retrato, esta foto podría ser comparada con otras que parezcan ser del mismo período.

Si hay muchas fotos que son misteriosas, un genealogista podría optar por “cruzar” las diferentes fotos, de modo de encontrar un personaje o patrón que se repita constantemente, para luego consultar a toda la familia extendida, con el objetivo de que alguien reconozca e identifique a esa persona/s o lugar desconocido.

Los temas que aparecen en una determinada fotografía pueden ayudar a establecer la fecha. El estilo de ropa y peinado utilizados por la gente que allí se encuentran, pueden ser comparados con fotos de libros.

Otros temas que pueden ser provechosos para determinar la fecha y el sitio incluyen los coches, los aparatos electrodomésticos, y el aspecto de construcciones que resulten familiares, como por ejemplo edificios y puentes. Todos estos lugares pueden darle pistas sobre la fecha en que la foto fue tomada.

Una lupa puede ayudarle a identificar los detalles de joyería o de confección de la vestimenta utilizada. Alguien de la familia a quien pertenecen las fotos, puede seguir manteniendo alguna ropa, anillo, aro, o collar que aparecen en las fotos. Particularmente, la joyería puede tener inscripta fechas o iniciales. Un viejo baúl en el sótano de los abuelos, puede contener alguno de los elementos vistos en la fotografía.

¿Qué objetos se encuentran en las fotos? La persona de la foto puede estar llevando en la mano una canasta que le resulta familiar, o quizás sentada en una silla o frente a una mesita determinada. Todos estos objetos son muy buenas pistas, ya que podrían entablar correspondencias sanguíneas.

Tenga en cuenta que en tiempos pasados, para el momento espacial de la toma fotográfica, la gente solía, llevar cosas que eran muy significativas e importantes para ellas. Quizás algún miembro de su familia extendida recuerde donde se encuentra o de quien obtuvo algún objeto particular.

¿Cómo posa la gente en la foto? ¿Están sentados o parados? ¿Puede verse el rostro completo o solo una parte del mismo? Mediante estas pistas, también podría deducir el tiempo en que fue tomada la foto. La fotografía fue creada en el inicio del Siglo diecinueve, pero las películas no fueron inventados sino hasta 1880.

Antes de esa década, los fotógrafos utilizaban las placas húmedas o secas hechas de metal o cristal para tomar las fotografías. Estas placas tenían que ser expuestas a la luz durante mucho tiempo, de forma tal que las imágenes se pudieran grabar en las placas.

Las exposiciones largas requerían poses difíciles de mantener por parte de los protagonistas, de modo que las personas solían aparecer menudo con sus codos apoyados sobre la parte posterior de una silla, o con una mano apoyada sobre un pasamano. La gente que aparecía en estas fotos, por lo tanto, se veía muy formal y raramente sonreía.

Cuidando y manteniendo las viejas fotos

Las fotografías no son simplemente pedazos de papel. Son composiciones químicas, cubiertas generalmente con gelatina y plata, que se pueden dañar por la luz, el aire, o el polvo. Por esa razón, necesitan ser protegidas.

Las viejas fotografías deben ser manipuladas con sumo cuidado. El aceite o la suciedad de los dedos puede llegar a arruinarlas, por lo que deben ser tomadas solo por los bordes, y con las manos limpias.

Para manejar los negativos, se deben utilizar guantes blancos finos de algodón, los cuales se venden en cualquier casa de fotos.

Asimismo, las viejas fotos deben ser conservadas en lugares que no estén expuestos a temperaturas extremas. Jamás deben ser guardadas en un sótano, salvo que el mismo no posea climas muy cálidos o húmedos, lo cual no suele suceder en estas partes de la casa.

Una vez que un genealogista identifica una fotografía, la etiqueta inmediatamente en su parte posterior. La mejor manera de etiquetar una foto, es con calcomanías blancas de goma, ya que así se pueden borrar en su frente o despegar si es necesario. Si no está muy seguro de los datos, la información se debe escribir con lápiz, hasta que sea chequeada, y en el caso de que no tenga dudas de los mismos, se debe utilizar un marcador indeleble fino que se venden en cualquier librería de oficina.

En ambos casos, las etiquetas debe ser escritas antes de ser pegadas, y en el caso de utilizar marcador, es importante esperar algunos segundos para dejar que se seque la tinta, antes de aplicar la etiqueta a la parte posterior de la foto.

Las fotos no se deben almacenar una encima de la otra. Esto es especialmente importante si se ha escrito algo en sus partes posteriores. La tinta, incluso la indeleble, puede esparcirse y arruinarlas. Si bien sí deben ser apiladas, se debe colocar entre ellas un papel sin ácido.

Además, las viejas fotografías nunca deben ser pegadas a un papel con ninguna clase de cinta adhesiva. Esto solo las secará, agrietará y dejará un eventual residuo. Estas viejas fotos tampoco deben ser pegadas con cola en los álbumes, sino unidas con clips de papel o insertadas en orificios y aberturas especiales para incluirlas.

Si un investigador planea enviar las fotografías a sus parientes para que estos las identifiquen, no sería una mala idea hacer copias de ellas para el envío, y poder conservar así las originales.

Esto se puede hacer de tres maneras: en una fotocopia común, usando el ajuste más oscuro (igualmente quedarán bastante pobres, pero es lo más económico), en una fotocopia laser-color, donde la imagen tendrá una gran similitud a la original, o usando un scanner y una computadora, para enviarla por e-mail o imprimirla y enviarla por correo (Además, podrá guardar una copia digital de la misma, lo cual será un muy buen re-aseguro por algún eventual daño que pueda sufrir la fotografía original).

En la correspondencia que envíe a sus familiares, incluya una nota  explicando claramente cual es la información que está buscando, y cuales son los datos con los que ya cuenta, especialmente la fecha y lugar donde la foto fue tomado, si es posible.

 

 

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Excelente

Por RICK701


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