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Alimento para el alma

La luz de la esperanza

No dejes que huya y no permitas que se apague...

Vivían las estrellas en el cielo  gozando de la paz y la serenidad.  Pero un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

- "Señor, nos gustaría vivir en la tierra entre los hombres".

- Así será hecho, respondió el señor. "Las conservaré a todas ustedes pequeñitas para que puedan bajar hacia la tierra".

 Se cuenta que en aquella noche hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas en los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños, y la tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero con el pasar del tiempo las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver al cielo dejando la tierra oscura y triste.

 - "¿Por qué volvieron?” preguntó Dios a medida que ellas iban llegando al cielo.

- "Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra, allá existe mucha miseria y violencia, maldad e injusticia”.

Y el Señor les dijo:

“Claro, el lugar de ustedes es aquí en el cielo. La tierra es lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere. Nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece”.

 Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número, habló de nuevo:

- "Nos esta faltando una estrella, ¿se habrá perdido en el camino?”

Un ángel que estaba cerca dijo:

- "No, Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay limite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

 - "¿Y cual estrella es esa?” preguntó Dios.

“Es la esperanza, señor. La estrella verde, la única estrella de ese color”.

Y cuando miraron para la tierra la estrella no estaba sola, la tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona, porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita tener, es la esperanza.

Dios ya conoce el futuro y la esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.

 Enviado por María Eugenia. ¡¡ Muchas gracias !!

 

 

 

 

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María Eugenia

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