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La historia de la Opera - Parte 2

Continuamos presentando nuestra serie de notas sobre la historia de la ópera: en esta entrega Gluck y las primeras óperas reformistas.

 

La revolución en el teatro musical, que ha sido alabada desde los tiempos de Wagner como una reforma en línea con la antigüedad griega, la realizó Christoph Willibald Ritter von Gluck, que había nacido en 1714 en el distrito bávaro de Oberpfalz, hijo de un guardabosques al servicio del príncipe bohemo Lobkowitz, y que murió rico en Viena en 1787. Hizo el obligatorio periplo de los estudiantes de música a Italia y fue discípulo de Sanmartini en Milán.

Desde el principio escribió óperas y ballets para la escena; la llamada música absoluta le era totalmente ajena. Durante casi treinta años no hubo el menor indicio de que fuera a reformar el teatro musical; compuso óperas serias y cómicas, alternando los estilos francés e italiano, si bien con una tendencia clara hacia la concisión, los efectos sorprendentes y el entusiasmo rítmico.

Entre sus obras escénicas se cuentan La clemenza di Tito, Livrogne corrigé y La recontre imprévu (conocida en alemán como Die Pilger von Mekka).

Se estableció en Viena, capital de la ópera en lengua alemana, donde trabajó lenta y concienzudamente, sacándole partido varias veces a toda inspiración melódica o rítmica, y haciendo ostensible su estatuto aristocrático, al que se había visto elevado como miembro de la Orden de la Espuela de Oro.

Como Monteverdi antes que él, insistió en largos períodos de ensayos en el teatro y bajo su despótica autoridad de director. Hizo pocos amigos entre sus colegas; las relaciones de la familia Mozart con él fueron circunspectas.

Gracias a sus viajes y a su agudeza, Gluck supo ver los signos de los tiempos y la tendencia hacia los claros perfiles del arte clásico. La reforma de la ópera exigía tres elementos: un compositor con la simplicidad como ideal, un escritor capaz de redactar textos concisos y un promotor teatral dispuesto a correr el riesgo de la novedad.

Se encontraron juntos en Viena: Gluck, que estaba impregnado de los principios de Lully y Rameau; Raniero deCalzabigi, escritor y aventurero, y el duque Durazzo, "Inspector General de Espectáculos" en el antiguo teatro municipal.

El 5 de Octubre de 1762, mientras los "conservadores" como Metastasio y J. A. Hesse rechinaban los dientes, tuvo lugar la primera representación de Orfeo ed Euridice, una "azione teatrale per musica" en tres actos, con tan sólo tres cantantes principales, coros y ballet.

El subtítulo italiano indicaba cuál había sido la intención de Gluck: hacer que la música, expurgada de arias de coloratura y da capo, estuvieran al servicio del drama y del texto.

El drama estaba construido en línea con el estilo parisino, con varios tableaux de fuerte contraste. El primer acto, en la tumba de Eurídice, se parecía a las escenas fúnebres francesas.

El segundo acto se trasladaba desde el inframundo de los demonios al Elíseo de los espíritus bienaventurados. El tercer acto se desgarraba entre un laberinto de oscura roca y el magnificente templo de Eros.

Sobrevivía una convención en el dios del amor como deus ex machina patrocinando el lieto fine, la feliz reunión y transfiguración de la pareja. El drama, concentrado con gran rigor, había prevalecido sobre las fórmulas operísticas. Los vieneses, acostumbrados a los números de bravura, quedaron un tanto confusos ante el estilo vocal sencillo y melódico, sin florituras ni bel canto amanerado.

 Entre las novedades más desconcertantes estaba la austera emotividad de Gluck, sus personajes estatuarios, los ritmos tersos y la economía y dignidad verdaderamente espartana de su lenguaje musical.

Los efectos de esta primera ópera reformista se hicieron notar hasta Berlioz, Liszt y Wagner, pero la historia de esta influencia no empieza realmente hasta 1774, cuando la nueva versión ampliada se presentó como Orphée et Euridice en la Academie Royale de París.

Gluck hizo algunas concesiones al gusto francés; Orfeo no fue cantado por un castrato contralto sino por un tenor alto; la Danza de los Espíritus Bienaventurados y la representación de los Campos Elíseos fueron interpolados, los recitativos fueron escritos de nuevo y el texto fue traducido del italiano al francés.

 

 

 

 

 

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La Redacción

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