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La catedral de Vyšehrad y el Teatro Negro de Praga

Hemos ido a la Catedral de Vyšehrad. Después de todas las Iglesias que habíamos visitado, consideré que ya no vería nada nuevo... que sería sólo una más, pero... me equivoqué, ¡y cómo!

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Ya debería de haber aprendido, a esta altura, que Praga estaba allí para sorprenderme.

En un lugar no muy frecuentado por los turistas, a poca distancia del centro de Praga, hay unos enormes jardines rodeados de una fortaleza y, dentro de ellos, la Catedral.

Ese era el lugar en el que, inicialmente, se fundó Praga. Cuenta la leyenda que el Rey, al quedar viudo, fue “solicitado” por una Princesa pero, al verse ésta desdeñada, lo combatió peleando como un guerrero.

Eso se hizo desde lo que hoy es el Castillo de Praga, donde se iniciaron las batallas que, en definitiva, la declararían perdedora, pero de allí proviene, dicen, lo que llaman “el espíritu combativo de las checas”.

Los parques tienen una vista magnífica hacia toda Praga: desde el Castillo, hasta la Catedral y el río Moldova. Están rodeados de enormes muros que, en algunos sectores, tienen aproximadamente un metro de ancho.

O sea, es ver a Praga desde otra perspectiva. Praga desde el Puente Carlos, Praga desde el Río, Praga desde cada lugar, tiene una visión diferente, pero siempre hermosa.

Todas las columnas de la Catedral de Vyšehrad, cada rincón de los techos abovedados, cada parte de cada altar, tienen pinturas originales perfectamente mantenidas.

No hay un milímetro de pared, techo, puertas o ventanas, que no esté decorado con estucados o pintado. Son de una belleza inimaginable, junto con el labrado en madera de los bancos, todos diferentes.

Los vitrales, originales –ya que se salvaron de la guerra– tienen la magnificencia de todas las obras de arte y dan una iluminación sobrenatural a todo el conjunto. Allí lamenté que no fuera un día suficientemente soleado, como para poder admirar ese colorido en su plenitud.

Teatro Negro de Praga

Para la noche, Ana había traído entradas para ir a ver el Teatro Negro de Praga.

La obra, “Anatomía del beso” fue excelente y para mí, que nunca había visto ese tipo de espectáculo –aunque sí escuchado hablar sobre él– fue una experiencia muy agradable.

El autor de esa producción, František Kratochvíl, es escultor, artista gráfico y pintor, y creador de la idea –que patentó– de llevar el dibujo a la vida.

Las líneas, los círculos, las luces y los colores, realmente cobran vida y se mueven alrededor del actor como un verdadero “partenaire”, en una danza de contrastes. Sin pronunciar palabra, se hacen entender con mímicas y movimientos, apariciones y efectos especiales.

En un ambiente cálido y alegre, la producción oscila entre la poesía, la sana picardía y el humor, en un argumento de ensueño.

Fue una manera diferente de terminar el día en Praga: teatro, y un café a la salida para intercambiar impresiones, en el mismo momento en que aún nos envolvía la magia del espectáculo.

 

Hilda Lucci
colaborador

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Hilda Lucci

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