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Poemas y cuentos

El invasor

Un pequeño cuento de evocación, mientras observaba a mi hijo.

 

 

Me hizo saltar en la butaca cuando con un estruendo abrió la puerta y entró con los aires de quien es dueño completo de la situación.


Desde su traje de soldado hasta su mirada apuntándome –coordinada- con el arma que movía de mi rostro al pecho, helada y un tanto burlona. No me moví, porque no me atemorizaba el intruso, quise observar sus movimientos, adivinar lo que quería y no encontraba.

 Abrió golpe a golpe cada uno de los cajones del escritorio, jadeante, con el sudor del que teme no llegar a tiempo, no terminar nunca ni alcanzar. Sonrió y me di cuenta que había dado con lo quería, introduciéndolo rápidamente en el lado izquierdo de su pantalón de fatiga.



Bajó el arma y como quien quiere huir, súbito, me besó mojándome con su sucia transpiración y su ansiedad la mejilla, dejándome la angustia sin respuesta y lanzándose apresurado hacia la calle.


No lo seguí. Nada podía decir mientras, desde la ventana, observaba como se acercaba ya a los de su ralea que, impacientes, lo aguardaban situados e inmóviles cada uno en su sitio.

Individuos de toda clase: sucios ladrones, vaqueros enlodados, un par de indios, otro soldado, un policía y una especie de bombero con futbolista aun por definir.

Formados todos con respeto, cuando la música como una canción -un himno- del carro de las paletas, las sodas, los helados, se acercaba a sofocar el bochorno de un mundo que alguna vez fue también mío, de otros como ellos... y de nadie más.

 

 

 

 

 

 

Guillermo López Borges
Poeta

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