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Poemas y cuentos

El día que el diablo se llevó a don Antonio

Cierto o falso este acontecimiento, en Paracho se comenta como un suceso real...

Esto sucedió en los años 40 en Paracho, Michoacán.

En febrero del año de 1986, andaba investigando el origen de la “Guitarra de Paracho”, trabajo realizado que causó mucha polémica, ya que muchos tradicionales juran y perjuran que fue Tata Vasco (Vasco de Quiroga) el que llevó el arte de la lauderìa en ese lugar, lo que es completamente falso.

Pero esto no es el cuento.- hurgando para acá y para allá me involucro con los cuentos y leyendas de Michoacán. Doña Sarita, suegra de don Vicente (Chillón) que era el propietario del departamento que alquilaba, me comenta cierta ocasión,  que cuando ella se encontraba recién casada, su suegro que era el único carpintero del pueblo, y a este, le llegan a solicitar que haga un cajón para un difunto, y el difunto no era ni mas ni menos que don Antonio Castañeda, el brujo mayor de la meseta purépecha mejor conocido en esa región como don “Antonio Piririto” y dicen que era muy solicitado para realizar cualquier embrujo, ya que practicaba la Magia negra.

Lo cierto es que Don Francisco, que así se llamaba el Carpintero, manda a su hijo, esposo de doña Sarita para que realizara las medidas del difunto y así construir lo encomendado.

Como las cuatro de la tarde, los carpinteros llevan el ataúd al domicilio de don Antonio, que se encontraba atrás lo que hoy es el mercado municipal, que por cierto la calle se llama Vasco de Quiroga, y aquí es donde empieza lo macabro.

Cuando tratan de meter el cuerpo de don “Antonio Piririto” en su última morada, el cajón le quedaba muy pequeño, cuenta doña Tere Vidal, vecina del brujo, que le recogían una pierna al difunto para meterlo  la otra lo estiraba como tirabuzón, y así es como don Francisco reprende a su hijo por no haber tomado las medidas correctas.

Después que Don Francisco tomo las medidas nuevamente del difunto, regresan a su taller para elaborar nuevamente otro ataúd. Trabajando a marcha acelerada para lograr terminar el segundo cajón. 

Mientras los artesanos realizaban su trabajo, cuenta doña Sarita y doña Tere Vidal, Doña Tere en esos tiempos contaba con doce años de edad, y tomada de las faldas del vestido de su mamà escuchaba con mucho pánico como unos gatos se disputaban un cuero viejo y tieso arrastrándolo por todo lo largo del tapanco de la casa y maullando siniestramente.

La viuda, queriendo calmar los temores de los presente, manda a unos de sus hijos para que ahuyentara los gatos molestosos, pero el chamaco no encontró ninguno de los felinos.

Los asistentes del velorio se encontraban para esos entonces muy temerosos, ya que los animales seguían haciendo de las suyas, la viuda, nuevamente manda a otra persona para callar a los gatos, esta persona era uno de sus hermanos, con un quinqué en la mano para iluminarse le comunica a su hermana que para empezar, no hay lugar para que corran dichos gatos porque todo el tapanco se encontraba lleno de implementos de agricultura, de sillas de montar y otras cosas mas, y en segundo lugar no se encontraban los mencionados animales.

Ya estaba oscuro, Paracho en ese tiempo no contaba con la energía eléctrica, el sacerdote del pueblo con sus sermones trataba de tranquilizar a los presentes, cuando en eso aparecen los carpinteros con el ansiado ataúd, con la premura disponible meten al sarcófago de pino al difunto, y que creen, cuentan las asistentes que a don Antonio nuevamente hace de las suyas, ya que dicho estuche le quedaba como veinte centímetros mas grande, la viuda comentaba. Ay Antonio, ni muerto deja de hacer sus travesuras.

Por fin se enfilan rumbo al cementerio, la oscuridad era total, se iluminaban con ocotes prendidos usándolo como mechones, la calle Vasco de Quiroga es en la actualidad la que lleva al panteón municipal, y en esos entonces se encontraba completamente empedrada.

Empieza a desfilar la procesión, el cura no paraba  sus rituales y rezos para el descanso eterno de don Antonio, los cuatros caballeros que cargaban el ataúd, les invadía el pánico, ya que cada paso que estos daban, en el interior del ataúd se movía algo como una piedra esférica o como  decían como bola de boliche que chocaban en las paredes de las tablas en cada movimiento que estos realizaban, los cuales inmediatamente pedían su relevo y así,  se iban turnado en la cargada sin regresar jamás los que ya habían pasado.

Lo insólito empieza a una cuadra antes de llegar a la entrada del panteón, se empezó a escuchar unos lamentos que erizaban los cabellos y el cuerpo entero, las rejas de la entrada del panteón oxidadas por el tiempo y el desuso se abanicaban con furia como negándose a ceder el paso a la procesión, una fuerte ráfaga de aire logro apagar la mayoría de los mechones prendidos, los presentes se negaban a seguir con su marcha rumbo al cementerio, se repegaban uno al otro para sentirse mas protegidos, el sacerdote los animaba a proseguir,  argumentando que darle cristiana sepultura al difunto y así  descansarían las animas en penas.

Por fin, penetraron al camposanto acompañado de gritos angustiosos y lamentos,  llegaron en donde estaba la fosa abierta, cuando estaba tratando de bajar el ataúd al fondo de esta se escucharon mas fuertes los gritos como si todos los difuntos enterrados gritaran angustiosamente en unísono, los presentes salieron en pavorosa estampida y atrás de ellos el cura, abandonando el panteón y no pararon hasta encontrase seguros en el interior de sus casas.

La fosa no logro llenarse de tierra, quedando esta abierta con los dos lazos que sirvió para bajar el ataúd.

La noche paso tranquilamente porque después de este suceso, nadie de sus habitantes se atrevió a salir a la calle después durante esta noche.

Amaneció, eran las seis de la mañana casi todos abarrotaron el interior de la iglesia para la misa acostumbrada, la viuda llevo ante el cura un crucifijo de plata para que esta fuera bendecida y se le colocaran en el interior del ataúd para que lo acompañara al difunto en su eterno descanso.

Ya con la luz del día, y mas serenos por lo sucedido en la noche anterior haciendo comentarios y chascarrillos que no eran mas que risas nerviosas y así penetraron al interior del panteón hasta que rodearon la fosa donde se encontraba el cajón y los lazos tal como lo habían dejado, el sacerdote pidió a uno de los presentes que bajara y desclavara la tapa del ataúd para colocarle al difunto el crucifijo bendito, se ofrecieron dos valentones los cuales bajaron hasta el fondo de la fosa para desclavar el ataúd.

Pero… cual fue sus sorpresa, se les erizaron todos los presentes  los vellos de la piel, ya que en ese ataúd no había cuerpo alguno, se encontraba completamente vacío, el sacerdote sorprendido por este insólito pidió a los valentones que aun se encontraban abajo, que colocaran el crucifijo de plata en su interior y taparan nuevamente el cajón.
Dieron una cristiana sepultura simbólicamente y abandonaron lo mas pronto posible el camposanto.

Estos hechos por mucho tiempo se realizaron comentarios y que aun cuenta algunos de los ancianos por las tarde de plazoleta en el pueblo de Paracho. Que a don Antonio Piririto se lo llevó el diablo en cuerpo y alma.

Cierto o falso este acontecimiento, en Paracho se comenta como un suceso real.

Por Joel Talaya

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