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Estrategias de carrera profesional

¿Cómo superar los factores que impiden crecer dentro de una empresa?

Cuando de crecer en una empresa estamos hablando, existen factores que impiden llegar a la meta. Y muchas veces el propio enemigo es uno mismo...

Para lograr mayores responsabilidades dentro de una compañía se debe superar a estos factores para no malograr las oportunidades que se le presentan.


Por eso en esta nota destacamos los 5 factores más importantes a superar:


1.
El síndrome del impostor, o mejor dicho, el miedo a las alturas


La acrofobia (miedo a las alturas) puede ser aplicada al mundo laboral. La gente que padece esta fobia siente, en su inconsciente, que no le corresponde estar donde está, que está demasiado arriba. Se cree un impostor.


Esta gente no se siente cómoda en el lugar que está y termina actuando de una manera no adecuada al puesto.


Esta enfermedad sale a relucir en personas que generalmente en su infancia recibieron mensajes que los invitaban a mantener un perfil bajo, del tipo: no te hagas notar demasiado. Esto es tener una baja autoestima.


Son personas que se ven asustadas ante semejante responsabilidad, a pesar de tener las habilidades y capacidades para estar en ese puesto.


Para solucionarlo, lo primero que hay que hacer es identificar el problema. Este, en su esencia, es que usted está tan ensimismado sintiéndose como un impostor que no puede ver que todas las personas en definitiva tienen puntos débiles y fuertes.


Tiene que actuar como si fuera a ganar, haga las tares y el resto vendrá solo. Los demás al verlo preocupado confiarán en usted, y al sentirse más confiado se sentirá más seguro en ese puesto nuevo.


2.
El Meritócrata, o el que dice “la vida no es justa”


El meritócrata es la persona que no acepta que la vida no es siempre justa y que insiste en que todo debe ser pensado racionalmente. Y hay momentos en que el mundo funciona en formas que son irracionales.


Generalmente estas personas suelen tener buenas ideas, pero no son buenos para aplicarlas. Y esto les genera frustración, al no ver sus ideas en acción.


Pero hay una diferencia entre tener razón y ser eficaz, y esos sentimientos de malestar y bronca pueden terminar siendo un escollo en el camino. Esas emociones pueden impedir alcanzar la meta buscada.


Lo que tiene que tener en cuenta es que la vida (en general) no es justa. Si no acepta esta realidad nunca se le va a ocurrir cómo usar sus poderes de persuasión para que las cosas se inclinen a su favor.


No hay que ver las cosas “blancas o negras” solamente, también existen “grises”.

Si tiene ideas innovadoras, debe presentárselas al gerente pero diciendo “esto es lo que me gustaría hacer” y luego agregar “pero me gustaría su opinión al respecto”.


Muchas veces utilizando palabras y expresiones que demuestren que usted está viendo también los “grises” de una situación, tendrá más probabilidades de evitar un enfrentamiento.


3.
El héroe, o mejor dicho “el éxito tiene un precio”


El héroe es alguien que constantemente trata de hacer todo lo que puede y se empeña demasiado. Pero casi en un 100 % no logra buenos resultados.


En realidad fijarse objetivos ambiciosos no tiene nada de malo, el problema es que el héroe tiene una naturaleza compulsiva.


Generalmente se los ve como personas exitosas pero sus decisiones suelen acarrear costos que no siempre son visibles.


En realidad el problema para el héroe no es el éxito en sí, sino el cómo se las arregla para lograrlo. Esta persona es capaz de hacer de todo para llegar.

 

Lo que el héroe no advierte es el costo que representa ese “llegar”.

En realidad el héroe es un comandante, no un líder.

 

Esto puede dar resultado durante un tiempo nomás, pero las empresas que son dirigidas por esta clase de personas generalmente se topan con barreras.


El desafío para el héroe está en reconocer los síntomas de agotamiento cuando aparecen, por ejemplo que los subordinados rindan menos. Estos rinden menos cuando se les pide que hagan demasiadas cosas distintas a la vez y cuando se sienten desalentados porque luchan por mantenerse a flote.


4.
El pacificador, o el que se pone “a favor del conflicto”


Al revés del héroe, el pacificador se ve como un diplomático, como el pegamento que mantiene todo adherido. Esta persona no es un fanático del conflicto, prefiere no discutir ningún tema.


Cuando se genera el conflicto, si no se descontrola, para él puede ser algo realmente bueno. Quizás piensa que el conflicto impide que un producto malo salga a la venta o que cree ideas nuevas.


Sin embargo la paz no es tan buena como cree el pacificador. En realidad el pacificador le teme al conflicto, no se siente cómodo con él.


También para estas personas suele ser “blanco o negro”, o no hay conflicto o hay guerra total.

Los que evitan el conflicto no tienen demasiada experiencia manejándolo. No saben disentir en forma constructiva o cómo hacer sugerencias.


El miedo al conflicto tiene que ver con el miedo al poder y el miedo a la propia fuerza.

El miedo del pacificador es el miedo a perder el control. Aniquilar o ser aniquilado.


Por eso hay que trabajar en eso y no tenerle miedo. El conflicto no es algo con lo cual uno pueda sentirse cómodo en abstracto. Nunca se sentirá cómodo con el conflicto si no lo tiene. Hay que tratar de insensibilizarse sistemáticamente.


Una prueba puede ser tener un conflicto con alguien que, por ejemplo, le cobra de más, alguien al que no volverá a ver nunca más. Avance despacio para saber que puede manejar ese conflicto. Nadie saldrá herido y hasta puede terminar charlando con la persona que desafió.


5.
El postergador, o mejor dicho “(No) Debería darte vergüenza”


Muchas personas dilatan las cosas o frenan las tareas de trabajo. Y esto muchas veces tiene que ver con la vergüenza.


Uno posterga algo porque siente – racional o irracionalmente – que terminar la tarea le acarreará vergüenza de una u otra índole.


La vergüenza proviene, en este caso, de no ser capaz de enfrentar el desafío, de verse expuesto ante el público como un farsante, o de ver comprometido su nivel de experiencia en la empresa por no estar a la altura de las circunstancias.


Igualmente a la larga los postergadores terminan haciendo el trabajo, ya sea porque hay un plazo que debe cumplirse o porque la vergüenza de no terminar el proyecto supera la vergüenza del trabajo no sea suficientemente bueno.


Es por esto que los postergadores nunca aprenden, nunca empiezan ni nunca dan esos primeros pasos.


Al pensar que todo el tiempo fracasan les resulta menos doloroso fracasar si nunca se esfuerzan realmente.


Para superar esto, el primer paso es reconocer que la vergüenza es el demonio escondido. O sea evitar una emoción particular que en su mente inconsciente ha adquirido proporciones enormes.


¿Cómo superar estos factores en una entrevista laboral?


Muchas veces estos patrones de conducta descriptos más arriba aparecen en la entrevista de trabajo.


Por eso lo mejor es examinar a fondo las propias actitudes para conocer las fortalezas y debilidades profesionales y de personalidad de cada uno.


Debe enfocarse en las preguntas que el entrevistador puede llegar a hacerle. Si ve que una pregunta lo intimida, deténgase.


Preste atención a las imágenes que ese pregunta le genera. Tal vez le haga pensar que no quiere recordar ese momento. Así empezará a aprender algo acerca de usted mismo y de cómo manejar la pregunta en la entrevista. Muchas veces el sólo hecho de hablar de cosas que a uno le generan incomodidad puede ser un gran alivio.

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