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¿Cómo se relacionan los niños con los demás? 

¿Cómo son las relaciones que establece el niño con grandes y pequeños desde que nace hasta que cumple los seis años?




Aunque la familia es el núcleo central de las relaciones sociales del niño, el pequeño también muestra interés y se relaciona con otras personas situadas fueras del marco familiar y especialmente con las que son de su edad.

Estas relaciones se irán definiendo a medida que la figura de los otros vaya tomando forma y consistencia, ya que el conocimiento de los otros, de las normas de relación social, del papel social propio y del de los demás es una tarea larga y laboriosa para un niño que carece totalmente de experiencia en ese campo.

Desde el momento en el que establece su primer contacto con los iguales, se pueden distinguir dos periodos diferentes, caracterizados por distintas formas de relación con los otros niños y niñas: el primero, que abarca de los cero a los dos años y el segundo, de los tres a seis años.

Las relaciones sociales de cero a dos años

Durante los primeros meses las limitadas capacidades motrices y cognitivas que poseen los bebés no les permiten establecer una relación social propiamente dicha por lo que no suelen manifestar un interés social por otros bebés de su misma edad, aunque sí por las figuras de apego como mamá, papá, el hermanito o hermanita, abuelos o tíos.

A partir de los 6 meses comienza a haber reciprocidad entre niños de la misma edad pero ésta es muy rudimentaria, por ejemplo sonríen al notar la presencia del otro niño en el parque.

No obstante, si este niño realiza alguna acción para continuar la conversación iniciada, lo más probable es que el niño de seis a doce meses lo ignore o no emita una respuesta apropiada.

Sin embargo, a partir de los 12 meses los niños comienzan a manifestar un interés creciente por lo que hacen los otros, por ejemplo imitan la forma en que juegan los otros niños y muestran agresividad cuando otro niño agarran su juguete.

Normalmente, sus deseos de cooperación son más notorios que los de dominación y querrán buscar a los otros niños para jugar con ellos cada vez que lleguen a un sitio como el parque o la playa, donde hay más niños.

Así la conducta se va haciendo cada vez más social, ya reconocen a los otros niños como reales y no como objetos físicos y desarrollan actividades junto a éstos aunque de forma paralela.

Una acción muy habitual en esta etapa es ver a varias niñas sentadas jugando a que toman el té, sin embargo, aunque desde fuera pueda parecer que están tomando el té juntas, cada una está inmersa en su propio juego simbólico en el que las demás no están incluidas.

Las relaciones sociales de dos a seis años

A partir de los dos años, el juego en paralelo dará poco a poco paso al juego cooperativo, sobre todo en forma de juego imaginario.

Al principio de la etapa de Educación Infantil, los niños practican el juego simbólico utilizando materiales “reales” como por ejemplo, un coche de juguete, sin embargo, a medida que cumplen años, los pequeños no necesitan apoyarse en objetos parecidos a los reales para jugar de forma simbólica, porque su desarrollo cognoscitivo permite que utilicen su imaginación para dotar de propiedades específicas a cualquier objeto que deseen.

Aquí cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia porque un plátano se puede convertir en un teléfono o un guante en una peligrosa araña.

A través del juego simbólico el niño explorará roles y comportamientos propios de los “mayores” . Además utilizará su imaginación pata liberar tensiones y miedos recreando aquello que le asusta y cambiando su respuesta tantas veces como sea necesario.

Además, a través de las simulaciones los pequeños adoptan diferentes puntos de vista (el de madre, profesora, hermana, abuela, etc) y pueden entender mejor las emociones de los otros. Esto facilitará el desarrollo de su inteligencia emocional.

Se puede jugar de forma imaginaria tanto en solitario como el grupo, pero cuando el pequeño opta por esta segunda opción, algo que es normal en esta etapa del desarrollo, tendrá que aceptar las normas de sus compañeros de juego.

Estas normas suelen ser creadas y respetadas por la mayoría de los miembros del grupo y suponen la puerta hacia un tipo de juego que tendrá más importancia en los próximos años del niño: el juego de reglas.

Lo normal es que a partir de los dos o tres años, el niño busque a sus iguales para jugar, si esto no ocurre se debe consultar a un profesional de la psicopedagogía para que proporcione estrategias a padres y profesores para que ayuden al niño a integrarse en el juego con los demás niños.

Por Jenny Guerra Hernández

www.facilmente.org

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