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Cómo prevenir la gingivitis felina

La gingivitis es muy común en los gatos, y no afecta solo a los de raza. Cómo detectarla y curarla

Los trastornos bucodentales en los felinos son muy frecuentes y van desde problemas congénitos hasta las enfermedades adquiridas de distinto tipo.

Existen trastornos que tienen que ver con el dolor, como por ejemplo los de las encías, que suelen tener una solución simple, siempre y cuando se acuda al veterinario para su tratamiento.

La gingivitis es una patología muy común en los gatos, que no afecta solo a gatos de raza, y es producida por un conjunto de causas funcionales que ocasionan molestos trastornos a los felinos.

Es muy común que la gingivitis se asocie, por ejemplo, a la acumulación de sarro en los dientes en la etapa de la longevidad o a la nutrición inadecuada.

Estas dos causas son las más peligrosas y las que más manifestaciones clínicas tienen. Pero también puede suceder que algunos animales jóvenes presenten una gran proliferación de secreción en la mucosa de la encía, las cuales se ven sangrantes y con una enorme inflamación en la base de la lengua y agmídalas.

El animal presenta excesiva salivación, dificultad o incapacidad para alimentarse, feo olor en la boca y el pelo muy despeinado.

Este conjunto de síntomas indican la presencia de gintiviits y alertan sobre la necesidad de concurrir al veterinario para su tratamiento.

Es importante entonces realizar una buena evaluación clínica de cada caso en particular y la gravedad que reviste.

Muchas de las gingivitis leves tienen altas posibilidades de remisión en ocasiones simplemente con una limpieza del sarro dental.

Cuando la gingivitis es de origen infeccioso, su tratamiento puede demorarse y también complicarse, ocasionando diferentes trastornos al animal que solo el veterinario podrá evaluar y tratar, por ello es tan importante la consulta con el especialista.

Según algunos médicos, la base de estas patologías es inmunológica, posiblemente un rechazo entre los propios tejidos del cuerpo, por ejemplo, una incompatibilidad entre la mucosa de la encía y los dientes.

En algunos casos de gingivitis, al extraer los dientes de la zona de la encía afectada, se logra una remisión completa de la enfermedad, con lo cual, si en algún caso se notan dientes flojos en un gato, es recomendable extraerlos para que no progrese una posible infección.

En muchos casos, y sobre todo cuando se trata de animales jóvenes con los dientes muy fijados, hay que evaluar la gravedad de la gingivitis para ver si es recomendable o no la extracción de los mismos.

La mayoría de los tratamientos veterinarios  se basan en antibióticos, quimioterápicos, antiinflamatorios y derivados de la progesterona con muy buenos resultados.

Aunque la aplicación de estos medicamentos mejora la gingivitis, no la curan por completo, pero indicados junto con la tartrectomía (remoción del sarro dental) constituyen una práctica que mejora sustancialmente la condición de la enfermedad, siempre seguido de cerca por la visión y el control de un especialista veterinario.

La gingivitis es una patología dolorosa y molesta, que el animal sufre sin saber qué hacer para aplacarla. Por ello, es importante que el dueño del gato acuda rápidamente a un veterinario y sepa que es una patología de difícil manejo, que su tratamiento es extenso en el tiempo y que con la medicación adecuada y la limpieza de sarro periódica, mejora notablemente y le permite al felino gozar de una mejor calidad de vida.

Ante un cuadro de gingivitis, el gato  puede dejar de tomar agua, presentar una brusca pérdida del apetito y denotar dolor, un dolor intenso que lo obliga a tocarse la boca con las patas o intentar rascarse la lengua.

Si se observa la boca del gato se nota un gran enrojecimiento de toda la zona, lo que causa un maullido permanente y quejoso provocado por el dolor de las  úlceras rojizas que aparecen en las paredes bucales. Se observa también una excesiva salivación, espesa y con mal olor.

Para prevenir la gingivitis es importante mantener las vacunas al día y evitar momentos de estrés que puedan bajar las defensas del animal, concurriendo al veterinario para un control por los menos dos veces al año, ya que si la gingivitis no es tratada a tiempo, cualquiera sea su causa, puede provocar la muerte del felino por hambre o deshidratación, dado el enorme dolor que siente y que lo imposibilita para comer o calmar su sed.

 

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